´El Loco´ Gatti le hizo ´la de Dios´ al Covid-19

Crónica de la Peste

FOTO: El Gráfico

Por Cirilo de Pinto

La pandemia no permite escapes. En realidad, y aunque parezca contradicción, escaparse o refugiarse del Covid-19 significa quedarse encerrado y, de ser posible, solo en tu casa (si la tenés). ¿El coronavirus nos iguala? En algún punto sí, pero la peste es peste para cualquiera, mucho más si no hay una vacuna que la espante.

Los ídolos de los que fuimos pibes en la década de los 70´s eran en su mayoría deportistas, más allá de la literatura infantil, el cine y la insipiente televisión que nos nutría de otros héroes que soñábamos ser.

De haber confeccionado mi heráldica en aquellos días, le hubiese dado un lugar preponderante a una figura que pateaba el tablero de la monotonía, que conseguía diferenciarse del resto con pequeños y singulares detalles: una vincha para intentar ordenar el pelo largo y despeinado, bermudas que llegaban casi a sus rodillas, piel bronceada todo el año, y una manera distinta de cumplir con su rol en un juego de equipo como es el fútbol.

Hugo Orlando Gatti, ´el Loco´, nos alegraba los domingos, aunque los que vivíamos en una localidad olvidada en el medio del campo y lejos de las principales rutas, solo lo imaginábamos mientras escuchábamos la radio, y lo veíamos, si aparecía, en alguna foto en la revista El Gráfico.

Él reivindicó la tarea del arquero y fue un precursor. Es cierto que antes hubo otros número 1 que se animaron a usar más los pies para acelerar el juego. A pegarle a la pelota con cierta perfección para que más que un rechazo hacia adelante sea un pase-gol. Animarse a una gambeta arriesgada y hasta sacar un lateral. Ojo, algunas veces fallaban, pero tomaban riesgo. Estuvieron el ´Gran Amadeo´ (Carrizo, un símbolo de River Plate que nos dejó hace algunos días en medio la confusión informativa del coronavirus) o ´el Flaco´ Néstor Errea defendiendo los colores de Atlanta.

Precisamente ese club del porteño barrio de Villa Crespo fue el primer equipo que recibió a Gatti en Buenos Aires, luego pasó a River para soportar la sombra de Amadeo. Cuando al ´Loco´ le preguntaban si parte de su audacia en el arco la había tomado de esos referentes, él decía que jugar adelantado se lo debía a su hermano ´Tata´, que al igual que él, defendieron el arco de Huracán de Carlos Tejedor, su pueblo natal.

Su irreverencia le trajo algunos problemas al ´Loco´, especialmente en tiempos de la dictadura militar. Ocurre que era un personaje de alto impacto que estimulaba la rebeldía que no permitían los militares. Un día la AFA lo suspendió por un par de partidos. ¿El motivo? Todo el equipo de Boca Juniors, donde ya brillaba Gatti, jugaba con un pantalón corto azul con rayas amarillas a los costados. Mientras que Hugo Orlando lo hacía con una bermuda azul. Tras la sanción, que si mal no recuerdo fue de dos fechas, el excéntrico arquero regresó al verde césped de la Bombonera con la misma bermuda, probablemente unos centímetros más corta y con dos rayitas amarillas de confección casera colocadas en cada lateral del short. Disciplinado, hasta por ahí nomás.

Gattí dejó Gimnasia y Esgrima de La Plata, su tercer club, para marchar a Unión de Santa Fe, allá por 1975. Lo llevó el entrenador Juan Carlos Lorenzo. Luego de un gran año futbolístico en Santa Fe, al ´Toto´ lo llamó el poderoso presidente de Boca Juniors, Alberto J. Armando, para que forme un equipo ganador que atenúe el impacto del River Plate de Ángel Labruna, que había cortado la racha de 18 años sin campeonatos. Lorenzo aceptó y lo primero que hizo fue llevarse de Santa Fe a Gatti. Comenzó para ´el Loco´ su época más exitosa. Ese equipo de oro consiguió el bicampeonato en 1976 (incluído el triunfo en la final ante River en cancha de Racing por 1-0 con gol Rubén Suñé). Al año siguiente, obtuvieron la primera Copa Libertadores de América que, por esas cosas de la vida, se la ganó a Cruzeiro de Belo Horizonte en el estadio Centenario de Montevideo, con Gatti tirándose en medio del barro hacia su izquierda y atajándole el penal decisivo al defensor Vanderley. En 1978, siguieron de victorias con la Copa Intercontinental ante el Borussia Mönchengladbach alemán.

Pero también aparece el recuerdo de una tarde de dramatismo. Jugaban Boca versus Independiente en Avellaneda, en tiempos en que el campeonato local era cosa seria. Ataque del Rojo, pelotazo de Daniel Bertoni para el pique del centrodelantero Daniel Astegiano, quedó mano a mano con Gatti que salió rápido a achicar fuera del área, hubo un choque y ´el Loco´ se fracturó su mandíbula. Mucho dramatismo. Dejamos de jugar en el campito para acercarnos a la radio y escuchar qué había pasado con esa lesión que parecía grave.

La trayectoria futbolística de Gatti fue tan extensa que se puso en marcha cuando mi madre me cambiaba los pañales y terminó cuando yo era padre primerizo. El final de esa campaña no fue el más esperado por aquellos que lo queríamos. Primera fecha de la temporada 1988. Boca recibe a Deportivo Armenio en la Bombonera. Arco que da al Riachuelo. Pelotazo para Silvano Maciel, el único atacante que había dispuesto el modesto equipo visitante, logra quedar solo con Gatti que llega antes, intenta una gambeta de más y la pierde innecesariamente. Atento Maciel convierte y con ese gol Boca arrancaba el campeonato perdiendo mal. Sería la última escena del ´Loco’ en un partido oficial. A la fecha siguiente, el entrenador José Omar Pastoriza lo sacó del equipo y puso como titular al ´Mono´ Navarro Montoya. Llegó el final de su trayectoria futbolística.

Hace unas semanas, la alarmante noticia vino desde España. Miles de muertos e infectados, pero hubo un flash informativo importante para mí pasado: «Gatti está internado en una clínica de Madrid con Coronavirus». Inmediatamente pensé en las posibilidades que tenía el exarquero de salir ileso de esa lucha, teniendo en cuenta los 75 años de edad, más allá de que nunca fumó, siempre mostró buena condición física e hizo deporte gran parte de su vida. Claro que sufrió algunos inconvenientes coronarios. Días después, uno de sus hijos informó que su padre había sido dado de alta. Ya en su departamento, con la protección del presidente de Real Madrid, Florentino Pérez, le dijo a un periodista amigo con su habitual ironía: «no es tan fácil llevarme para arriba».

Anclao en Madrid

Gatti permanece estos días encerrado en su casa madrileña, con el temor de las amenazas de rebrote que aturden a la ciudad. Pero aseguró que tiene muchas ganas de volver al país. Se siente ´Anclao en Madrid´. Debe pensar que esta vez sería más seguro estar en Argentina que en Europa o en otro país de primer mundo. O, a lo mejor, esta situación límite lo hizo escarbar profundo en su vida, y recordó su Carlos Tejedor natal, los hermanos que todavía viven allá, su madre Mercedes que ya no está, y su padre Pedro, quien se fue temprano de este mundo, pero dejó colgado con mucho orgullo en el living de la casa un cuadro de Hipólito Yrigoyen, como una especie de protector. Y para dejar en claro que ahí vivían radicales.

Ah, por las dudas Hugo, cuando puedas viajar, quizá sea mejor volver un tiempo a tu pueblo. No será como Madrid o Buenos Aires, pero al menos hasta que fue escrita esta crónica, en esa localidad bonaerense no se había registrado ningún caso de coronavirus.

Cuidate ´Loco´. En la vida no siempre la adversidad se puede frenar haciendo lo que más te gustaba en la cancha: ´la de Dios´