Caer o no en default no es lo mismo

Hay expresiones de referentes del Gobierno que parecieran indicar que una nueva cesación de pagos no cambiaría las cosas para la Argentina. No es así. Todo empeoraría tanto para el Estado como para los privados. Tampoco es cierto que no hay financiamiento para nadie. Chile colocó hace unos días US$2000 millones a diez años a una tasa del 2,54% y recibió propuestas por US$11.000 millones. La distancia en números entre la propuesta oficial y los acreedores es menor a la que podría impedir un acuerdo.

Por Gabriela Origlia

Hay nueva fecha. Es el 22 de este mes. Ese día el Gobierno sabrá si los bonistas aceptan su propuesta de canje de deuda o no y todos sabrán si hubo cambios en la oferta original que es interpretada como mezquina por los bonistas y que por eso no logró la adhesión mínima requerida. Lo que está claro –más allá de los discursos de algunos funcionarios y referentes del oficialismo- es que no lo mismo caer en default que no. Hay quienes sostienen que no cambiaría nada, que ya ahora el Estado no tiene financiamiento. Una nueva cesación de pagos (sería la novena en la historia local) impacta en los privados que tampoco conseguirán fondos y en la actividad económica en general.

Tampoco la idea de que en el mundo de la pandemia del coronavirus el crédito está cortado para todos es real. El economista Jorge Vasconcelos del Ieral pone como ejemplo que Chile colocó hace unos días US$2000 millones a diez años a una tasa del 2,54% y recibió propuestas por US$11.000 millones. “En el mundo pos pandemia hay mucha liquidez por la inyección de dinero que están haciendo los bancos centrales. Los países y los proyectos serios, con planes de negocios claros, consiguen dinero”, sintetiza.

Otro ítem que pesa en esta coyuntura son los fondos anticíclicos: Chile, como todos los países del mundo, aumentó mucho las necesidades financiamiento de este año pero la mitad lo cubre con lo que tenía ahorrado. Perú y Colombia igual. Argentina lo hará con emisión pero no hay que perder de vista que emitir no es gratuito y que si el proceso no es moderado terminará con el Central recurriendo cada vez más a controles de cambio que se tornan más difíciles de cumplir.

Antes de asumir la presidencia Alberto Fernández, ya candidato, dijo: “Por enésima vez, yo fui muy crítico del cepo y sigo siéndolo. No fue una buena solución. El cepo es como poner una piedra en una puerta giratoria: nadie sale pero nadie entra. Eso fue lo que nos pasó”. Las limitaciones que viene poniendo el Central son más piedras y no sólo no llegan capitales extranjeros sino que desalientan a que los argentinos que tienenUS$200.000 millones fuera del sistema los traigan. “La emisión termina en inflación o termina subiendo el stock de letras con tasa más alta”, señala Vasconcelos y advierte que una reacción a la emisión es la que se da “con credibilidad” y otra la que existe sin ese activo.

Sobre el canje de deuda, el ministro de Economía, Martín Guzmán, sostuvo en los últimos días “estamos dispuestos a considerar cualquier combinación de reducción de intereses, reducción de capital, extensión y vencimiento del periodo de gracia que respete las limitaciones que definen lo que es sostenible. “Somos flexibles en términos de combinaciones de parámetros. La esencia es la sostenibilidad”. Hasta el momento lo que recibieron está fuera de esos límites. La deuda en juego suma unos US$ 66.500 millones.

Hay opciones para seguir negociando incluso después del 22 de mayo. Por ejemplo, mantener la situación sin cambios y establecer un nuevo plazo. La posibilidad es que el Gobierno proponga un nuevo esquema de votación a los acreedores reclamando “espacio” por nueve meses o un año para conseguir mejorar sus condiciones. El nombre técnico de la opción es “standstill” y ya hay casos en el mundo.

La oferta del Gobierno y las pretensiones de los acreedores privados no están lejos en los números, por lo que la cuestión parecería pasar por la evaluación de la posibilidad de un consenso. Ninguna de las dos partes pareciera querer moverse de su posición para no quedar mal parada sino hay arreglo. El punto es que la situación de estancamiento no puede extenderse por mucho más.

Gobernadores, intendentes y empresarios –además de economistas- avalaron la renegociación del Gobierno lo que no implica que acuerden con un default. Son temas diferentes. “En este momento excepcional de la historia mundial, la postura de Argentina también presenta una oportunidad para que la comunidad financiera internacional demuestre que es capaz de resolver una crisis de deuda soberana de manera ordenada, eficiente y sustentable. La ausencia, a nivel internacional, de un marco legal que permita reestructurar deudas soberanas no debería privar a los países endeudados de la posibilidad de proteger a sus pueblos y de reencauzar su recuperación económica durante la mayor crisis mundial de la que tenemos memoria. Creemos que un acuerdo sostenible beneficia a ambas partes: a una nación soberana de 45 millones de habitantes que enfrenta dificultades y a los propios acreedores”, dice la carta firmada por los economistas entre los que se contaron dos Nobeles.