El móvil del rock

Como una especie de movilero que cronicaba las novedades musicales, a mediados de los ochenta Tom Lupo hizo gala en Radio del Plata de una expresión brillante del nuevoperiodismo radial, que nos ponía en contacto con la primera plana de los músicos del rock nacional.

Por J.C. Maraddón

Durante la dictadura, la labor periodística sufrió el lógico aplastamiento de la censura omnipresente, del terror y del exilio, la detención o la desaparición de algunos profesionales que se animaron a decir más de lo que estaba permitido. Las formas en que se presentaban los materiales guardaban un estricto cumplimiento de lo que el poder de facto había establecido y, si bien estaba la posibilidad de innovar en las formas, tampoco iba demasiado lejos esa chance, porque cualquier desvío de la normalidad podía ser interpretado como subversivo, y castigado con la brutalidad que el régimen aplicaba en su represión.
En la transición de democrática, después de la Guerra de Malvinas, esos controles se fueron relajando y fue entonces que algunos se animaron a experimentar un poco más en su manera de informar acerca de la realidad noticiosa. En las escuelas y facultades de Comunicación, reaparecieron los textos sobre aquel fenómeno denominado “nuevo periodismo”, que se patentizó en las publicaciones estadounidenses en la década del sesenta, con Tom Wolfe como profeta. Y así, en los medios gráficos locales se pudo leer artículos que rompían el acartonamiento de los años de plomo y ejercitaban una escritura con ciertos giros literarios.
Con el advenimiento de la democracia, esta tendencia se consolidó, hasta alcanzar su punto culminante en 1987 con la aparición del diario Página/12, que en ese momento tuvo el acierto de reunir a las plumas que más se acercaban a este estilo. El matutino acompañaba ese gesto con un diseño innovador, inspirado en el diario francés Liberation, y se especializaba en jugar con los títulos y con las ilustraciones de tapa, que generalmente eran collages con una impronta humorística. Por esa misma época, la TV también emitía ciclos que parecían sintonizar en la misma frecuencia, como “Semanario insólito” y “La noticia rebelde”.
Aunque luego esta vertiente del periodismo acentuó demasiado sus tics y terminó en una caricatura de sí misma, llevando a su público al borde del hartazgo, durante los años ochenta su influencia se hizo notar en las redacciones y tanto los lectores como las audiencias juveniles preferían ese tipo de contenidos. En la radiofonía, la novedad se hizo fuerte en Radio Belgrano de Buenos Aires, pero también ocupó espacios en otras emisoras de AM y se expandió cuando se produjo la explosión de la FM, donde propuestas como la de Rock And Pop estaban a la cabeza de los gustos de los oyentes.
En Radio del Plata, uno de los focos de la cultura joven de aquellos años era el programa “Submarino Amarillo”, apenas audible desde Córdoba por su horario nocturno y sobre todo en días nublados, ya que la humedad facilitaba el desplazamiento de las ondas electromagnéticas. Como una especie de movilero que cronicaba las novedades del rock, Tom Lupo hizo gala allí de una expresión brillante del nuevoperiodismo radial, que a través suyo nos ponía en contacto con la primera plana de los músicos del rock nacional, un género que atravesaba su momento más glorioso.
Y como exponente auténtico de ese género, muchas veces él mismo intervenía sobre la noticia, provocándola o dándole una vuelta de tuerca que originalmente no tenía. Así, instó a Luca Prodan para que grabara junto a Andrés Calamaro aquella extraña versión de “Años”, de Pablo Milanés, y a través de un concurso le procuró una letra a una canción de Soda Stéreo tan famosa como “Persiana Americana”. Por eso, tras la muerte de Tom Lupo el lunes pasado a los 74 años, es necesario contextualizar cuándo y cómo se construyó su leyenda, más allá del desempeño extraordinario que sostuvo desde entonces como locutor y difusor cultural.