Salir a la calle por necesidad ante la crisis

Por Gabriel Marclé

Desde el comienzo de la cuarentena, cualquiera que mire por su ventana observará que entre el existente -aunque más reducido- movimiento vehicular, destaca la circulación de bicis y motocicletas conducidas por cadetes que, a causa del encierro voluntario, se encontraron con mucho más trabajo del que habría normalmente. Eso se traduce en más ganancias, obviamente. Pero, ¿a costa de qué?

“Regalando cupones a dos manos en plena cuarentena haces que el pobre pibe que no puede dejar de laburar, se exponga a este bardo por ¼ kg de helado. No sé, posta, revisen sus prioridades”, publicaba un usuario de Facebook, advirtiendo sobre el comportamiento de la mayor empresa de delivery online durante la cuarentena obligatoria. Para explicarlo mejor, la reconocida marca repartía descuentos a sus usuarios vía app, los cuales podían ser intercambiados por productos, en forma de oferta o regalo. Aquí en Río Cuarto sucedía lo mismo, y los pedidos llegaban de a montones ante la imposibilidad de salir o la comodidad de quedarse.

Quienes se ponen al frente de esta situación son los cadetes, los conductores de esa bicicleta o moto que deben llevar el pedido garantizando la integridad del mismo y el cumplimiento de las condiciones previamente acordadas entre su empleador y el consumidor. El problema es que estos no son días como cualquier otro, y ese viaje para llevar el paquete del punto A al B se da en medio de una circunstancia sanitaria de riesgo para todos. Son un servicio que está a disposición del público, pero es necesario debatir cuan importante es contar con ellos.

Desde las empresas gastronómicas y de cadetería informaron a este medio que “la mayor cantidad de envíos es de alimentos”, y no de supermercados, sino de “rotiserías, pizzerías y sandwicherías”. Hay casos en los que se realizan envíos desde mercaditos o supermercados de barrio. El punto de es que su calidad de servicio lo pone automáticamente a disposición de gente que hoy no puede salir de sus hogares, pero ¿es realmente necesario cenar una hamburguesa doble con ración de papas con cheddar en este contexto?

Después de todo, hay que mirar a los ojos a ese cadete mientras se recibe el pedido. Mirarlo y verlo cubierto hasta los ojos para evitar contraer el virus que anda dando vuelta. Mirarlo y debatir si se le da o no propina porque, encima de todo, tengo un cupón promocional para que el envío sea gratuito.

Cuestión de necesidad

Tal como se dijo, la mayoría de repartos que se produjeron en estos días se vinculaban a la “necesidad” del cliente de satisfacer sus necesidades gastronómicas. En muy pocos casos se habla de envíos de medicación o artículos de cuidado, que bien podrían ser repartidos desde farmacias. A partir de aquí, la propuesta es analizar y comparar la llamada necesidad, cuál es la que vale más, cuál se termina imponiendo a la otra. Más aún cuando encontramos que mientras muchos hacen “home office” -trabajo desde casa-, otros deben salir a la calle a como dé lugar.

Si bien la conciencia de la cuarentena y la empatía por el otro lleva a solidarizarse con ese trabajador que sale en su bici o moto a ganarse un mango, el funcionamiento de esta maquinaria -aún en tiempos de riesgos sanitarios- encuentra sus avales en las decisiones del Estado. Como se sabe, los servicios de reparto integran la lista de actividades exentas de la cuarentena obligatoria. Hay grandes empresas de reparto y están los repartidores, deliverys, cadetes independientes que no representan a nadie más que a ellos mismos.

“En sí, la realidad es que cueste lo que cueste nosotros tenemos que trabajar igual”, relató a este medio uno de los trabajadores consultados, el cual se encuentra prestando servicios para la empresa de pedidos online. El cadete agregó: “En esta cuarentena sacamos más pedidos que en los días comunes”. Esto es lógico, más gente en casa por la imposibilidad de salir, los números cuadran. Pero es la necesidad de ese trabajador la que permite que la cadena siga ahí, intacta.

En dialogo con Fernando Torres, integrante de la agrupación Cadetes Unidos, el trabajador hace referencia a ese brete en el que se encuentran quienes, si fuera por su salud, no irían a trabajar. “Tenemos miedo, pero si no trabajamos no vivimos. Nosotros no tenemos un sueldo fijo, no accedemos a ningún beneficio estatal, trabajamos con el día a día”, indicó el cadete.

¿Y se toman los recaudos necesarios para evitar el contagio? Claro que sí, pero corre por cuenta de cada uno. “A los elementos sanitarios los compramos nosotros, las empresas no nos brindan ningún tipo de asistencia para cuidarnos y cuidar a los que reciben el pedido”, relató otro de los cadetes consultados, quien agrega que “si no tenés para morfar menos vas a tener para el jabón, el alcohol en gel, los guantes y el barbijo”.

Lo cierto es que este servicio es el único canal de supervivencia con el que cuentan los emprendimientos gastronómicos de la ciudad, quienes experimentaron una fuerte caída en sus ventas desde el comienzo de la cuarentena. Ni hablar de los más pequeños emprendimientos, productores de viandas y otras preparaciones que encuentran una oportunidad entre todo lo malo. Algunos de ellos ya comenzaron a enviar por redes sociales avisos en los cuales se lee “Buscamos cadete urgente”, adjuntando un número telefónico que seguramente recibirá muchos llamados de quienes se ofertan para hacer dicha tarea.

Escenario complejo

En vísperas de un cierre masivo de emprendimientos, los trabajadores de la cadetería se muestran más que preocupados. Con más movimiento en las calles, menos son los pedidos. Con menos venta en los locales, menos oportunidades de salir a repartir. Cabe aclarar que un alto porcentaje trabaja en la informalidad, como mucho son monotributistas. Nunca podría hablarse de un cadete en blanco, porque no existen. La lógica de trabajo para este rubro trae de por sí una seguridad laboral muy débil. Si se rompe la moto, perdés. Si te enfermas, perdés. No hay indemnización así que si no te llaman no vas más al laburo. Todo es así de simple, de un momento a otro no hay más. No hay un pago mensual, como contaban los cadetes en párrafos anteriores, ya que cada viaje es el que cuenta. Pero son gajes del oficio, la excusa perfecta.

Mientras tanto, las empresas de reparto online se han permitido crecer a costas de esa desesperación. Cualquier joven sin oportunidades y con una bicicleta o moto a disposición optará por el camino más accesible, ese que llega en forma de una caja de colores y con una marca pegada en su lomo. Son publicidad andante, además de cadetes. Y por más que digan que se gana bien -en muchos casos así lo es-, no cuentan con la representación necesaria. Para la empresa son asociados, dueños de una franquicia móvil de su marca. En eso se resguardan frente a las denuncias que los acusan de ser explotadores y de no hacerse responsables por quienes los ayudan a crecer, en muchos casos poniendo en riesgo sus propias vidas.

Hasta el momento no se conocen casos así en Río Cuarto, pero sí a lo largo del país, en ciudades donde las calles son peligrosas. El pasado 29 de abril, días después de un paro realizado por los trabajadores del sector, Franco Almada de 19 años fue atropellado mientras realizaba un envío para la empresa PedidosYa en Bernal, Buenos Aires. El conductor del vehículo que lo embistió evitó asistirlo y a los pocos minutos Franco perdió la vida. Él pago el costo más alto y la empresa, hasta el día de hoy, no se hizo cargo de nada.