Revisando las cifras del coronavirus

En nuestra ciudad se ve un clima de inauguración, con los comerciantes que trajinan acomodando mercaderías, acondicionando vidrieras y limpiando, por lo que se ve que el lunes próximo, tendremos apertura, contra la terca cerrazón de las autoridades nacionales que prometen 8 hospitales, y ayuda que no llega ni llegará ya que la magnitud del desastre requeriría distribuir dinero con helicópteros, lo que sería agregar combustible al fuego inflacionario.

Por Eduardo Citto

Transcurridos casi 50 días de una cuarentena que pretendió ser hermética y se torna cada vez más permeable por imperio de la realidad, sería conveniente considerar los resultados más evidentes, sin considerar los perjuicios que pueden resultar de prolongarse en el tiempo una situación que ahoga la vida social, llevándonos a discutir la legitimidad de restringir la circulación de ancianos y legitimar la detención de quienes están en edad laboral y necesitan ganar su sustento.

Tampoco está a nuestro alcance discutir el impacto en el producto interno del país, pero si advertimos que una economía destruida, perjudicará la salud de la población como una epidemia de carencias y necesidades básicas insatisfechas, en un país que inició la celebrada cuarentena con un treinta por ciento de pobreza.

Se ha dicho que, en nuestro país se hacen las mismas cosas que en todo el mundo, solo que aquí las hacemos con más entusiasmo, y en esto de cuarentenas, Argentina no está sola ya que la pandemia cuya existencia no desconocemos ni pretendemos tampoco restarle importancia, ha impuesto cuarentenas por todo el mundo, si bien no con el entusiasmo nuestro.

Quizás por la necesidad los grandes medios de comunicación, de mantener su presencia en un clima que tiende a diluirlos en la virtualidad, hemos visto desde el mes de febrero, como el tema de la pandemia tuvo un espacio que se expandió con gran virulencia, valga el termino en boga, eclipsando toda otra información en un mundo para nada ideal, con recurrentes noticias de inestabilidad política y social al punto de perder interés por saturación. Descontando casos como Libia o Siria, hemos visto la inestabilidad social y política recorrer el mundo por Italia, Francia, Chile, Bolivia, Perú y siguen las firmas.

Frente a un mundo de países en crisis, con un orden internacional en crisis que no termina de definir un formato estable, tenemos toda una generación de líderes deslegitimados y populistas, que en algunos casos reúnen ambas condiciones y descontada su incapacidad de gestionar las crisis que los embisten, respondieron sobreactuando al clima apocalíptico creado por los medios. Este despropósito, ha dejado más racionalmente situados a personajes como Donald Trump, Andrés López Obrador, y el inefable Bolsonaro en Brasil, caso que comentaremos aparte. Boris Johnson que completaría este rocambolesco cuarteto, tuvo que renunciar al modelo de prevención sueco, llamémoslo así, bajo presión.

Véase por caso, en nuestro país que hace unos años llegó a tener unos 10.000 muertos por año en accidentes viales, y que afortunadamente en 2019 había descendido a 6.200, nadie tuvo la peregrina idea de secuestrar todo el parque automotor, si adoptar medidas de seguridad y prevención para disminuir la cifra de muertes, sin contar la cantidad de personas que quedan con discapacidades permanentes.

Mientras tanto, la persistente salmodia de los medios aterrorizándonos con la cifra de muertos por la pandemia en tiempo real, nos despertó una mañana haciéndonos saber que en Ecuador, los muertos estaban tirados en la calles. En realidad, en el momento que se daba la noticia, a un mes de iniciado el problema en el país andino, los muertos por la pandemia eran exactamente 98. ¿Cuál era el problema? El día anterior, el gobierno había decretado una cuarentena feroz y las funerarias no fueron a recoger los muertos del día anterior por diversas causas, y los familiares ante la inoperancia de las autoridades, sacaron los féretros a la vereda. Esa noticia fue complementada en nuestro país, por ejemplo, publicando en los diarios fotos de fosas comunes preparadas en los cementerios e informando que el gobierno había comprado bolsas para cadáveres.

El caso de Brasil, es verdaderamente singular, Bolsonaro es un rey desnudo que grita estoy desnudo y pareciera ser que no se soporta verlo ni oírlo ya que, contra todas las previsiones catastróficas, Brasil afortunadamente a la fecha (5/5/2020) no ha superado los 7.500 decesos por la pandemia desde febrero de este año, en un país que con más de 200 millones de habitantes y una tasa de mortalidad del 6.3 por mil, tiene naturalmente unas 3600 defunciones por día (tasa de mortalidad general de Brasil).. Esto explica en parte la furibunda arremetida contra el controvertido y controversial presidente, augurando su pronta caída o la catástrofe humanitaria que se anticipa semana a semana y afortunadamente no sucede en Brasil. Otro tanto puede decirse de México que con solo unos 2.700 decesos por causa del Covid-19 a la fecha, tiene naturalmente unos 2.000 decesos diarios (tasa de mortalidad general en México). Huelga decir que países tan castigados como Italia y España, cuentan mayoritariamente entre sus casos fatales, personas muy envejecidas con muchas complicaciones previas en su salud.

En nuestra ciudad, recorriendo la peatonal y zona comercial aledaña, se ve un clima de inauguración, con los comerciantes que trajinan acomodando mercaderías, acondicionando vidrieras y limpiando, por lo que se ve que el lunes próximo, tendremos apertura, contra la terca cerrazón de las autoridades nacionales que prometen 8 hospitales, y ayuda que no llega ni llegará ya que la magnitud del desastre requeriría distribuir dinero con helicópteros, lo que sería agregar combustible al fuego inflacionario. No habrá otra riqueza genuina para asistencia social, que la que generan el comercio y la industria pagando impuestos. La continua emisión, convertirá a los vapuleados pesos en una cuasi moneda.