UNC comienzan a pensar en segundo cuatrimestre virtual

Aunque se permitiese un mayor número de salidas en agosto, dar clases en aulas masivas podría considerarse una situación de riesgo.

Las unidades académicas de la UNC continúan semana a semana con el proceso de virtualización de la enseñanza de grado, que comenzó el pasado 13 de marzo, cuando se decidió postergar por dos semanas el inicio del cursado del ciclo lectivo 2020 para adaptarse a lo que ya se conjeturaba (y días más tarde se confirmaría) como el “aislamiento social, preventivo y obligatorio”.
En los últimos días, varias Facultades confirmaron el proceder que seguirán con respecto a los exámenes finales que usualmente se toman en mayo, conocidos como “turnos especiales” en la jerga universitaria.
Éste fue uno de los puntos qué más preocuparon a representantes docentes y estudiantiles en la última reunión de la comisión sanitaria. Mientras los primeros solicitaron que se cancelen, los segundos bregaban por evitar, cualquiera fuese la decisión que se tomase, los estudiantes perdiesen una oportunidad para rendir.
Finalmente, algunas Facultades cancelaron los exámenes y extendieron la duración de las regularidades (plazo para rendir el examen final), mientras que otras decidieron postergar la toma de los mismos hasta comienzos de julio, mientras se implementan nuevas medidas de seguridad informática que permitirán avanzar con la toma virtual de los mismos.
En paralelo, los universitarios comienzan a pensar en la segunda mitad del año y en qué condiciones podrá desarrollarse la enseñanza de grado. El abanico de posiciones se extiende desde los optimistas, que creen que el relajamiento gradual de la cuarentena habrá concluido para agosto, y los previsores, que consideran indispensable planificar un segundo semestre de clases virtuales.
El pronóstico de los optimistas podría ciertamente cumplirse y que el Gobierno nacional permita, para ese entonces, una circulación cuasi-normal incluso en ciudades populosas como Córdoba. Sin embargo, en muchas unidades académicas, la realidad de las aulas es similar a la de un evento público masivo. Es habitual que, en algunos casos, los estudiantes superen los 500 en una misma aula, sin contar con la posibilidad de distanciarse lo suficiente unos de otros.
Es por ello que algunas autoridades preferirían extender la situación de excepción que hoy existe hasta fin de año para garantizar, de esta manera, las mayores medidas de prevención posible.
Los argumentos a favor de la continuidad de la virtualidad no son sólo sanitarios, sino también académicos. Algunos docentes consideran que, si el dictado de una asignatura comienza de manera virtual, cambiar el entorno, la modalidad y las dinámicas a mediados de curso puede resultar contraproducente para el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Es por ello que en algunas Facultades se está alentando informalmente a los profesores que tienen materias a cargo en la segunda mitad del año a que comiencen a pensar cómo adaptarán el cursado a la virtualidad. Se busca de esta manera evitar la transición brusca que la emergencia obligo a dar en el mes de marzo, así como las situaciones de stress que la incertidumbre podría causar en profesores y estudiantes.

Elecciones
Comenzado el mes de mayo, resulta un hecho que los comicios planificados para el jueves 21 no se podrán llevar a cabo. Los plazos del cronograma electoral cesaron de correr en marzo, cuando el Consejo Superior decidió pausarlos hasta que hubiese certezas de que podría desarrollarse con normalidad.
Hoy, la mayoría de los actores del tablero político universitario especula con la idea de realizar los comicios postergados en algún momento del segundo semestre (siempre que las disposiciones del Gobierno nacional lo permitiesen) o unificar las elecciones que habrían de realizarse en el 2020 con aquellas que corresponden al 2021.
El complejo sistema político universitario implica que, para evitar el caos electoral, se sincronicen los planes del Consejo Superior, con jurisdicción sobre las elecciones de consejeros y consiliarios, los consejos directivos, que rigen los comicios decanales, y las fuerzas políticas estudiantiles, que deberán acordar cuándo se eligen autoridades de centros de estudiantes.
Tanto el oficialismo como las distintas vertientes opositoras compartirían la voluntad de mantener la sincronicidad que hoy existe en el calendario electoral, o incluso aprovechar la oportunidad para simplificarla aún más. Si se decidiese reunir todos los comicios en una única cita electoral el año que viene, se unificarían los mandatos de los 15 decanos de la Casa de Trejo, algo que muchos actores han valorado positivamente en discusiones anteriores.