Mesa de diálogo ante ausencia de liderazgo

Algunos concejales de la oposición han tomado la iniciativa de constituir una mesa de dialogo para hacer frente a las consecuencias económicas de la pandemia. Es un sucedáneo más ante la ausencia de liderazgo, como lo hay en la Provincia y, con menos nitidez, en la Nación

Por Aristóbulo González

Intendente Juan Manuel Llamosas.

La pandemia movió coordenadas y ya no sabemos dónde queda el futuro. En un país donde se viven horas dramáticas por las consecuencias de esta pandemia, la liberación de los presos efectuadas por algunos jueces, ocupa para algunos el eje del debate de la sociedad. Las eternas contradicciones de los argentinos.

¿Qué hacemos mientras tanto? Es imprescindible y urgente que la dirigencia de todos los sectores y los estamentos de los tres poderes formales, cualquiera sea su pertenencia política o ideología, puedan dimensionar la magnitud del problema, y ponerse a trabajar para hacer frente a la crisis económica que nos fatiga. Lo paradójico, o no, es que este virus explota las características de la vida que nosotros mismos nos hemos dado.

Esta crisis llega a nuestra economía, a nuestras empresas, en un contexto de estanflación severa, con destrucción del empleo privado, cierre de empresas y comercios que, aún antes del coronavirus, ya no estaban pudiendo hacer frente a la coyuntura.

El resultado será un desempleo nunca visto con la paralización del sector privado, donde el Estado ya no tendrá a su proveedor de recursos; los ingresos de la Municipalidad de Río Cuarto han descendido el 50%; la economía quedará devastada y sin capacidad de recuperación, pues las empresas y comercios que cierren no estarán para impulsar la recuperación.

El rodrigado en 1975, la hiperinflación de 1989 y la debacle del 2001-2002 han dejado cicatrices en la memoria de la sociedad con su legado de inequidad en la vida de millones de personas en nuestro país. Cada crac económico deja una herencia de recuerdos y heridas. También de aprendizaje.

La teoría insular de los 80/90 no aplica para Rio Cuarto ni para ningún rincón del país. En rigor, no aplicaba ya cuando Eduardo Angeloz la acuñó. El vendaval nos sacudirá a todos los argentinos, sin reconocimientos de jurisdicciones y límites. Pero una ciudad tan rica como Rio Cuarto y su entorno debería encontrar un diferencial que por lo menos amortigüe la crueldad de la crisis económica y sanitaria.

Ese sayo le cabe, por supuesto, al intendente Juan Manuel Llamosas, que ha mostrado vacilaciones cuando ya llegaba el primer ventarrón para postergar las elecciones previstas para el 29 de marzo y hasta tembló para imponer una medida tan sencilla como la obligatoriedad del barbijo esperando la venia del gobierno provincial. Y claro que él y sus funcionarios han tenido aciertos, sino no podría explicarse que Rio Cuarto esté hoy en condiciones de ser declarado “zona blanca”, con un mes sin que se registre un caso nuevo de contagio.

Pero la contracción de la actividad económica requiere de un liderazgo que vaya delante de la crisis. La dirigencia política argentina en general debería saber que estos lances son, lamentablemente, cada vez menos excepcionales en el país.

Es imprescindible y urgente que la dirigencia política de Río Cuarto, cualquiera sea su pertenencia política o ideología, puedan dimensionar la magnitud del problema. En este contexto en nuestra ciudad algunos concejales de la oposición han tomado la iniciativa de hacer frente a las consecuencias económicas de la pandemia.

Ante la defección apuntada y por iniciativa de un grupo de comerciantes autoconvocados que se reunieron con el legislador provincial Juan Jure, se ha plasmado la iniciativa de un proyecto de ordenanza impulsado por los concejales de Juntos por el Cambio para constituir una mesa de diálogo, para ser debatido en el Concejo en los próximos días.

Entre sus fundamentos invocan la obligación del Estado a extremar los esfuerzos no solo de la emergencia sanitaria, sino también de la problemática económica y social, porque mas allá del resguardo de la salud, es importante que puedan desarrollar su existencia sin descuidar el derecho a una vida digna.

En especial, destacan que los locatarios en el ámbito comercial no pueden –en su mayoría- hacer frente a las obligaciones en los términos estipulados en los contratos.

Consideran que el Estado municipal es un actor clave en el acercamiento de las partes involucradas, por lo que solicitan que la Municipalidad de Río Cuarto constituya e impulse una mesa de diálogo entre los locatarios y propietarios para encontrar consensos en el pago de los alquileres, de locales comerciales y/o servicios de la ciudad en todas las actividades que fueron afectadas por el aislamiento obligatorio.

El proyecto propone que esa mesa deberá estar conformada, amén del Departamento Ejecutivo, por el Centro de Corredores Inmobiliarios y la Cámara Mercantil de Córdoba); el Consejo Económico Social; representantes de comerciantes independientes; y la Cámara de Inquilinos de Río Cuarto.

Resultan imprescindibles medidas paliativas, mientras dure la emergencia, que permitan sostener el empleo y a los comercios que representan la mayoría de la actividad económica de la ciudad.

Pero además el Estado, en todos sus niveles, debería en forma inmediata implementar acciones que fomenten fuertemente el ahorro público y la reducción del gasto político de modo de poder asignar los escasos recursos a los sectores prioritarios, como salud, sanidad, bomberos, defensa civil y empleo privado.

Solo entonces sabremos que en este barco estamos todos, los que trabajan en el sector privado y los que lo hacen en el sector público. El esfuerzo debe ser compartido, de otra forma, no solo no será justo, sino que será insuficiente, y nos conducirá a un camino con final anunciado.

El objetivo de los consensos que surjan del dialogo inter-partes será encontrar el equilibrio necesario que debe partir del principio del «esfuerzo compartido», principio que por razones de equidad y de igualdad de trato, el acreedor y el deudor están obligados a compartir el esfuerzo, dividir el sacrificio y repartan la pérdida generada por la desdicha común.

La teoría del esfuerzo compartido fue el resultado de la emergencia económica del 2001-2002, cuando la Corte Suprema de Justicia impuso este montaje jurídico para paliar desajustes económicos-financieros fuertes y bruscos, que están presididos por la idea de equidad y más precisamente de equidad económica que es considerada, con razón, como un principio general del Derecho.

Ese debe ser el rumbo, y vale la pena destacar la visión previsora de un proyecto para ser debatido en el Concejo Deliberante en estos días.