El Covid-19 y el después en la economía

El derrumbe económico es brutal; en lo que hace al impacto en el PIB, las actividades que se encuentran inactivas representan en torno a 39% del valor agregado de la economía. Las perspectivas son pobreza en torno al 45% y una informalidad que crecerá cuando ya era alta. No hay señales del plan para ese momento que el Gobierno aseguró tener.

Por Gabriela Origlia

Desde el primer día en que la Argentina empezó a sentir de cerca la pandemia del Covid-19, el presidente Alberto Fernández insistió en que no había un dilema entre salud y economía. En la realidad, existe. De hecho en el mundo, Donald Trump en Estados Unidos y Boris Johnson en el Reino Unido arrancaron priorizando la actividad y terminando girando erráticamente cuando los números de muertos se dispararon y la economía se terminando parando igual. En la Argentina siempre se remarca esa diferencia.

Después de 45 días y cuando todavía queda mucho por delante, la presión de la economía empieza a crecer. La política epidemiológica y sanitaria local –según insisten los expertos- es muy exitosa en el país; claro que hay dudas por la cantidad de testeos y porque el porcentaje de muertos sobre contagiados es alto. El objetivo primordial es evitar el caos en el sistema de salud y prepararlo para el pico. Desde la Casa Rosada insisten en que si se sigue por este camino habrá éxito.

En las provincias hubo más flexibilizaciones después del desentendimiento que existió cuando el presidente Alberto Fernández anunció la flexibilización de la cuarentena para recreación y sorprendió a los gobernadores. Fue tal el desencuentro que se armó un frente entre Juan Schiaretti, Axel Kicillof, Omar Perotti y Horacio Rodríguez Larreta que rechazaron esa posibilidad.

Sin embargo, durante la última semana se registraron más habilitaciones de actividades en localidades sin contagios; no sólo los Estados necesitan recaudar sino que hay privados chicos y medianos que están en riesgo de extinción. El derrumbe económico es brutal y se siente con más crudeza ya en los distritos, como Córdoba, menos dependientes de la actividad estatal.

La Argentina arrastra dos años de recesión y pérdida de poder adquisitivo y si bien hay un paquete de asistencia para la gente y las empresas del Estado (que aunque es importante no lo es tanto en comparación a lo que se necesita y en comparación a otras naciones), cada vez es más difícil de sostener la cuarentena dura porque la necesidad empieza a presionar no sólo sobre los más vulnerables, sino sobre quienes deben conservar ingresos y empleos. Es el segmento que empieza a aparecer como el de los “nuevos pobres”, una de las herencias que dejará el coronavirus.

La percepción de bienestar económico de las familias cayó 35,7% por la abrupta pérdida de ingresos del último mes. Así, 69,4% de la gente dice ganar por debajo de su línea de pobreza y 34,6% por debajo de su línea de indigencia. Las percepciones de pobreza son similares a 2002 y un anticipo de la crisis socio-económica a remontar superada la pandemia. También la sensación de felicidad bajó 35% este mes. Los datos se desprenden de un estudio de la consultora CERX.

Ese es el día después en el que también hay que pensar para que en unos meses una vez más luzca como una “urgencia” cuando ya se proyecta lo que pasará. Fernández aseguró que tiene un plan para ese momento. Creerle es cuestión de fe porque antes del Covid-19 tampoco se había presentado ninguno con la explicación de que primero debía resolverse la negociación de la deuda.

Hoy la mitad del país está parado. Lo muestran datos del Ieral: 45% de las empresas están operativas en virtud por ser de actividades esenciales (267.000); un tercio operan con dotación mínima. En lo que respecta al empleo implicado, el 44,4% de los ocupados formales trabajan (2,85 millones de puestos) pero sólo 32,8% está plenamente operativo.

El 39,6% de los trabajadores formales se encuentra en actividades inactivas, por imposibilidad de funcionar (2,55 millones de trabajadores) y existe un 16% de empleos formales (1 millón de trabajadores) en actividades con posibilidades de realizar trabajo a distancia (no implica que efectivamente lo estén realizando).

Entre los sectores activos, se destacan principalmente (por la cantidad de puestos de trabajo afectados), industria manufacturera (de productos esenciales), el comercio (de consumos esenciales), la actividad agropecuaria y los servicios sociales y de salud. Entre los sectores inactivos, se destacan, industria (de productos no esenciales), comercio (de productos no esenciales), construcción, servicios varios y hoteles y restaurantes (solo una parte ínfima está operativa). En lo que hace al impacto en el PIB, las actividades que se encuentran inactivas representan en torno a 39% del valor agregado de la economía.