Cuarentena buena, cuarentena mala

Fernández nos cuida, Fernández es bueno. Le preocupa nuestras vidas, no la economía. Su enemigo es el coronavirus, nuestro enemigo. Estrategia pura: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Fernández es bueno.

Por Pablo Esteban Dávila

Fernández nos cuida, Fernández es bueno. Le preocupa nuestras vidas, no la economía. Su enemigo es el coronavirus, nuestro enemigo. Estrategia pura: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Fernández es bueno.

Como Fernández es pura bondad, la cuarentena es el medio para hacer el bien. Con cuarentena el virus no avanza, se detiene. Quietos en nuestras casas, lavándonos bien las manos, prevenimos los contagios. Lo sugiere Fernández; nada malo nos ocurrirá.

Fernández no es insensible. Él nos dice: “salgan y paseen un rato”. Sabe lo que es el encierro. Él mismo vivía en un departamento antes de ser presidente. Prestado, para colmo. “No se alejen más de quinientos metros”, nos aconseja. No vaya a ser cosa de pescarnos el Covid-19 por estar lejos de casa, como los Abuelos de la Nada. No hay caso, Fernández es bueno, Fernández nos cuida.

¿Qué no nos alcanza la plata? ¿Qué algunas actividades están prohibidas? No es culpa del presidente. Él nos quiere sanos, sin coronavirus. Un punto menos del PBI vale menos que una vida; lo dice Fernández. Sin embargo, entiende nuestras preocupaciones. Por eso, todas las semanas autoriza que hagamos cosas nuevas, que rebusquemos el billete. Porque la cuarentena de Fernández es buena, al igual que Fernández.

Si, a pesar de todo, no podemos pasear, ni trabajar, no es culpa de Fernández. Los gobernadores son quienes no nos autorizan. Ellos no interpretan correctamente al presidente porque no quieren. Los gobernadores dicen que, si salimos a la calle, todo habrá sido en vano. Mentira. Es porque no quieren controlar, porque no quieren hacernos felices.

Son ellos los responsables de la cuarentena mala. ¿Porqué ponen escollos a la bondad de Fernández? ¿No les ha dado, acaso, la libertad para flexibilizar lo que deseen? Si el presidente nos cuida, ellos, en cambio, nos maltratan. Se abusan. Ponen excusas. Que los picos de contagios, que los respiradores del sistema de salud, que esto o aquello. Tonterías. Lo importante es que nos prohíben los paseos, los mismos que Fernández nos legó. Así no vale.

Dicen que los gobernadores están enojados. Que no les gusta hacer de malos cuando el presidente se hace el magnánimo. Que, si quiere jugar de esta manera, que les hubiera dejado a ellos la última palabra de la cuarentena, desde el principio. Que, después de todo -eso barruntan-, así son las cosas en Brasil o en los Estados Unidos. Que ambos países son tan federales como la Argentina y que, allí, son los presidentes quienes despotrican contra los gobernadores y no al revés. ¡Cuántas patrañas! No se han enterado de que Fernández es bueno.

No hay dudas que la cuarentena mala tiene nombre y apellido. Veinticuatro apellidos, por si alguien tiene dudas. Son los mismos que se quejan de que la economía está sufriendo, pero que no flexibilizan gran cosa aunque ahora puedan hacerlo. Son unos desagradecidos con Fernández, que también los cuida a ellos.

Los gobernadores especulan, por eso se quejan. Creen que si el coronavirus se dispara en sus provincias serán objeto de escarnio. ¡Que poco conocen a Fernández! ¡Si hasta los invita al anuncio de que no pagará la deuda externa! ¿Qué no sabían de tal noticia? Detalles, simples detalles. Lo importante es que todos unidos venceremos. Al Covid-19 y a los bonistas que nos quieren de rodillas.

Parece mentira, pero también se les ofreció -en confianza, como amigos, con generosidad- que también ellos defaultearan sus propios compromisos. Que tal unanimidad habría colaborado a mostrarse como un Frente de Todos. Pero muchos no lo entendieron y se enojaron con la idea. Pequeñoburgueses al fin, todavía creen que las deudas hay que honrarlas. Allá ellos. Tendrán que aflojar el aislamiento social, preventivo y obligatorio (¡qué lindo suena!) en sus distritos para recuperar impuestos. Fernández, después de todo, ya les dejó el asunto a ellos. ¿De qué lloriquean entonces?

Por supuesto que los gobernadores no comen vidrio. Necesitan de los billetes que el presidente imprime con tanto amor y escaso respaldo. Fernández no se olvida de sus necesidades, aunque les pida que, a cambio, se hagan cargo de la cuarentena mala mientras él se ocupa de la buena. “Dar para recibir”, es el mensaje bíblico con el que los arenga desde la quinta de Olivos y por videoconferencia.

La historia dirá que, un día, el presidente nos ordenó: “¡levántense y caminen!” pero que, inmediatamente después, los gobernadores nos lo impidieron. Es un hecho que no tienen alma. Con el tiempo, nuestros hijos los señalarán como los verdaderos responsables de la debacle del PBI y de la ruina de los monotributistas de al lado, mientras estudian en el manual Kapelusz de cómo Fernández nos salvó de la pandemia. ¿El relato? Bien, gracias. Fernández también lo cuida.