Sube el dólar: dudas por la deuda, exceso de pesos y convicción de que habrá menos divisas

El blue llegó a $120, mientras que el Bolsa rondó los $113. El riesgo país volvió a subir y superó los 4000 puntos. Un análisis privado indica que la propuesta presentada de reestructuración parece anunciar que el país “seguirá conviviendo con las tribulaciones de una estanflación que está a punto de cumplir una década”.

El dólar Bolsa se negoció a $ 113, mientras que el contado con liqui se transó al cierre en $ 115, con subas cercanas al 30 % en el mes y del 50 % en el año. El blue cotizó cerca de $ 120 y el riesgo país subió y volvió a ubicarse por arriba de los 4000 puntos básicos luego de que el Gobierno anunciara ayer que no pagaría los US$503 millones de deuda que vencieron y así se abriera el período de gracia de 30 días que podría terminar en default, en caso de no llegar a un acuerdo con los acreedores.

¿Qué empuja la cotización del blue que, además, tiene escasa demanda? La convicción de que a futuro la Argentina tendrá más escasez de dólares. Hay exceso de pesos en el mercado, lo que ya hundió las tasas de interés y empujó a quienes tienen capacidad a endeudarse en la Bolsa para dolarizarse.

El Gobierno confirmó ayer la decisión de no pagar los intereses de los bonos globales que vencían y abrió el período de gracia por 30 días hasta el 22 de mayo para seguir negociando la reestructuración de la deuda con los acreedores con papeles bajo legislación extranjera. De esta manera, se estrechó el margen que puede llevar nuevamente al país al camino del default.

Jorge Vasconcelos, economista del Ieral, analiza que una propuesta tan condicionada como la que presentó el Gobierno, en lugar de reflejar la potencialidad de un país que evitó el default y de un sector público que se reorganizó, parece estar adelantando un futuro en el que la Argentina “seguirá conviviendo con las tribulaciones de una estanflación que está a punto de cumplir una década”.

Repasa que después de la crisis de 2001/02, la Argentina atravesó varios años sin salir de la situación de default y aun así el PIB creció a muy buen ritmo e incluso la tasa de inversión se recuperó. Sin embargo, aquella experiencia no es replicable. Ninguno de los cinco principales factores que explican la salida post 2002 se encuentran disponibles: aceitada competitividad del sector privado, tras el duro “entrenamiento” que significaron los años de la convertibilidad; moderada presión tributaria, que favorecía el ciclo de ahorro a inversión del sector privado y elevada tasa de ahorro del estado, con un sector público nacional con superávit primario de entre 3 y 4 puntos del PIB por aquellos años.

Tampoco el ahorro de largo plazo originado en los aportantes a las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones e inicio del superciclo de las commodities, con la irrupción de China en la demanda mundial y la consiguiente mejora de los términos de intercambio.

De acuerdo a la oferta presentada y, asumiendo que a los organismos internacionales se seguirá pagando los intereses, se tiene que la demanda de dólares por el factor deuda quedaría constreñida a unos 2,2 mil millones/año entre 2020 y 2023. Desde el punto de vista fiscal, es una incógnita con que “caja” el estado habrá de comprarlos, pero en el plano externo, esa cifra representa sólo el 4 % de las exportaciones.

“Lo cierto es que, con fuerte déficit fiscal, una presión tributaria en un andarivel extremadamente elevado y sin crédito disponible, el sector público está muy condicionado en la coyuntura. Se necesita recurrir a la emisión monetaria en proporciones inéditas, pero justamente por eso se deben recrear mecanismos que eviten la espiralización de la inflación de cara al segundo semestre (ahorro forzoso en gastos prescindibles y/o sueldos estatales elevados, desdoblamiento cambiario, etc)”, indica el trabajo del Ieral y plantea que se requiere reconocer al mismo tiempo que, esta vez, la recuperación del nivel de actividad y de la inversión en la etapa post-pandemia dependerá centralmente de la supervivencia y de los incentivos de las empresas privadas de todos los tamaños.

Para Vasconcelos un nuevo default sería un acto de fuerte “sesgo anti-federal”. La Nación, dentro de todo, conservaría el manejo de las escasas reservas del Banco Central, es la que gestiona el fondo de la Anses y es la que puede apelar a la emisión monetaria a favor del Tesoro (aunque cambios en la Carta Orgánica del BCRA deberían pasar por el Congreso). “Para las provincias, aun las más ordenadas y precavidas en términos fiscales, hay muy pocos instrumentos disponibles”, resume.