Instituto, el arquero y la ART: Morellato contesta

Un reclamo por una deuda a una aseguradora despertó algunas viejas rencillas políticas en Alta Córdoba, tras la lesión de Salort. El ex presidente respaldó su propia gestión y, de paso, contraatacó al oficialismo por algunas medidas.

Por Federico Jelic

Sonó como una respuesta casi revanchista y, a pesar de que no se trató de nada que remita a ninguna gravedad económica e institucional, deja en claro que en Instituto aún existen algunas heridas que no cicatrizaron. Tiene que ver claro está con los luchas políticas intestinas que desde hace tiempo no tienen concordia en Alta Córdoba. Una discusión, un pase de facturas sin propiedad despertó viejas rencillas dirigenciales que siguen sin solucionarse.

El fósforo que encendió la mecha para desatar el polvorín mediático fue la circunstancia que atañe al arquero Germán Salort, afectado de una rotura de ligamentos cruzados de una de sus rodillas en una desafortunada jugada. El dilema es que el golero eligió operarse en un nosocomio de Buenos Aires, en vez de optar por la opción en Córdoba con una clínica privada que desde hace algunos años se encarga de la sanidad del club “Glorioso”.

¿Y no hay en Córdoba otras alternativas? Claro que hay, el tema es que en Instituto hay una deuda importante que data de antaño con las ART y la aseguradora prestadora del servicio. Y entonces, la dirigencia recurrió a la génesis de ese incumplimiento para defenderse ante inminentes cuestionamientos, acusando a la “pesada herencia” de gestiones anteriores, subterfugio muy utilizado en la vida cotidiana de la política hoy, en boga tanto a nivel nacional como en las relaciones internas de los clubes.

Quien recogió el guante de esa afirmación, o mejor dicho, quien fue requerido en pos de aclarar el panorama fue Ricardo Morellato, ex presidente de Instituto desde 2014 a 2016. Y sin dejar de hacerse cargo de su parte, no perdió oportunidad para marcar diferencias con el oficialismo actual. Es decir, se destaparon algunas ollas

ART y venta de jugadores, la cuestión

“Yo le pido al presidente (Roberto) Castoldi y a la dirigencia, con todo respeto, que no es momento de escudarse en algo que viene de 2011. Y más con la gran cantidad de dinero que entró al club en este último tiempo, con los ingresos que se produjeron por ventas de jugadores. Se vendieron más de 4 millones de dólares, contando mecanismos de solidaridad y derechos de formación”, declaró Morellato, para dar pie a su descargo, aunque a su vez con algunos rencores en el ambiente tras su paso por la conducción del club. Y no fueron solamente chicanas.

“En ese momento no atendimos esa deuda porque recibimos un club incendiado. Fue tras la salida y renuncia de Juan Carlos Barrera, hubo una transición hasta que me tocó asumir en Asamblea. La deuda de ART viene del 2011 y tratamos de resolverlo, pero para cambiar de ART había que pagar todo lo que se debía”, sostuvo Morellato. “Lo más saludable para proyectar las finanzas fue pedir el Concurso Preventivo que hoy nos dio tranquilidad en ese sentido. Pero quiero aclarar que en mi mandato ningún jugador fue desatendido, a pesar de que la ART ya no cubría”, añadió.

Desde la comisión directiva habían insinuado que ese incumplimiento no les pertenece y que les restan apenas tres cuotas en función de saldar de una vez por todas con la ART de ese momento, mediante moratoria. El encargado de anunciar ese asunto fue el vice del club, Mariano Carbonari, quien no mantiene una relación armoniosa con Morellato, y no solo desde lo dialéctico. “Con Mariano Carbonari no tengo buena relación, pero la institución está por encima de todos. Hace poco llamé a una persona que está liderando Instituto y tuvimos una charla, le di mi punto de vista”, agregó el ex directivo, quien tuvo disidencias con la persona en cuestión en los prolegómenos de la Subcomisión de Fútbol el año pasado. Hubo discusión subida de tono que no pasó a mayores, aunque dejó expuesto su pensamiento sin tapujos, ubicado en las antípodas del proyecto actual de gobierno en Instituto.

“Las deudas habitualmente se cobran, las ventas son lo que salvan las papas en el club. Desconozco cómo ha sido el ingreso de ese dinero y como se manejaron en todo esto”, decoró con argumento hiriente a pesar de los eufemismos en la frase.

Asimismo, hizo una autocrítica de su gestión en materia comunicacional, aunque sacó a relucir que no pesa sobre su imagen ninguna condena social como otros dirigentes: “Soy un agradecido a toda la gente con la que trabajamos, la gente aprobando o desaprobando la gestión nuestra nunca nos ha faltado el respeto. Voy a la cancha caminando solo, sin ningún problema. Una de las principales equivocaciones era no comunicar explícitamente lo que hacíamos”.

Morellato buscó limpiar su nombre con aquella deuda que tampoco atendió en su proceso, aunque de fondo sirvió de disparador para marcar distancias ideológicas. De una deuda con una ART a los manejos financieros institucionales, sin escala, los temas tratados. Y eso que fue diplomático y empático con otros detalles dentro de lo deportivo, no hizo leña del árbol caído con la salida del DT César Zabala, como sí se ocuparon otros opositores. Pero queda claro que por Alta Córdoba la unidad política parece ser cada vez más utópica, y más aún en tiempos de crisis.