La crisis pateó el tablero, ya no es tiempo para técnicos

El Palacio 6 de Julio ya enfoca todos sus recursos y energías a la contención de la crisis sanitaria. Postergados, desde luego, quedaron los objetivos centrales que la gestión había trazado antes de la irrupción del coronavirus. Y junto a ellos, quienes serían sus principales artífices: los técnicos. Las responsabilidades se inclinan hoy vertiginosamente hacia los dirigentes con territorio.

Por Felipe Osman

Pasado el cimbronazo inicial, y ya con las responsabilidades de las distintas esferas de gobierno mejor delineadas, la Municipalidad se puso manos a la obra y abordó la crisis que el Covid-19 promete desatar en Córdoba como en el resto del país.
No todas las secretarías reaccionaron al unísono. Hubo áreas de gobierno que tuvieron mejores reflejos, y otras en que la falta de ellos debió ser suplida por la voz de mando del intendente, que no tardó en hacerse oír para reclamar que todas secretarías encararan desde su lugar la lucha contra el virus o, mejor aún, las tareas necesarias para preparar la ciudad para las semanas más críticas.
Así, en las últimas semanas, Martín Llaryora se puso al frente de la crisis y activó todas las terminales del Palacio 6 de Julio para que se avocaran a atender la emergencia. El miércoles último, por caso, en una reunión del gabinete municipal que pasó (casi) desapercibida por superponerse con la última teleconferencia entre Alberto Fernández y los gobernadores, Llaryora apuntó que había secretarías “sobrecargadas” y otras que estaban trabajando por debajo de sus posibilidades.
En reuniones posteriores, individuales, con distintos integrantes de su equipo de gobierno que se dieron entre el sábado y el lunes, el intendente volvió a destacar que quiere a todos sus colaboradores “en la calle”, trabajando en el territorio. Ese es el modelo de gestión que impone la agenda.
Esta reprogramación obligada de los objetivos de gobierno demanda una plasticidad extraordinaria a los distintos integrantes del gabinete municipal para adaptarse a una situación completamente inesperada e inédita y, además, aptitudes mucho más vinculadas a la capacidad de desempeñar un rol de contención social que de abordar y resolver cuestiones técnicas puntuales.
Sobre el inicio de su gestión, Llaryora planteaba como ejes centrales para sus años al frente del Palacio 6 de Julio la digitalización, la descentralización, el desarrollo de espacios verdes y el reordenamiento de las cuentas municipales. Hoy, todos esos objetivos resultan secundarios.
Atiéndase, no se trata de una situación propia de la Municipalidad. Alberto Fernández asumió la Presidencia con el objetivo excluyente de reordenar la economía y lograr la renegociación de la deuda, asuntos que hoy aparecen completamente relegados en la agenda, y la situación del Gobierno Provincial no deja de ser similar, con el atenuante de que el gobernador fue elegido como timonel de una crisis que, aunque de otra naturaleza (económica), ya se veía venir.
La diferencia seguramente radica en que Llaryora había elegido como abanderados de la digitalización, la descentralización, el desarrollo de espacios verdes y el reordenamiento de las cuentas municipal a cuadros eminentemente técnicos, y hoy su gestión se apoya en los cuadros políticos, entendidos éstos como dirigentes con territorio y ascendencia sobre los distintos sectores de la ciudad. Y esto puede verse claramente reflejado en las últimas iniciativas de gestión desplegadas desde el Palacio 6 de Julio.
Por estos días, las mayores energías de la Municipalidad están puestas en, además de reforzar el sistema sanitario del municipio, cuatro tareas: la desinfección de la ciudad, operativos de fumigación (para contener el dengue, otra enfermedad que podría -sumada al Covid-19- precipitar el colapso del sistema sanitario), la erradicación de basurales y la contención social.
Para ejecutar este esquema la gestión se apoya en los directores de CPC, coordinados por Juan Manuel Rufeil; en el Esop, liderado por Victoria “Tori” Flores; en el secretario de Gobierno de la Municipalidad, Migue Siciliano; y la secretaría de Políticas Sociales, Inclusión y Convivencia, que comanda Raúl La Cava.
Todos ellos son referentes territoriales. Los directores de CPC, por caso, aparecen además coordinados por el sub secretario de Participación Ciudadana y no por Guillermo Marianacci, secretario del área. Esto se explicaría en la relación tensa que existe entre muchos de los directores y el líder de la cartera, que tiene un perfil técnico y, según apuntan diversas fuentes, escasa ascendencia sobre los cuadros políticos del peronismo que ocupan las direcciones de los Centros de Participación.
La crisis pateó el tablero y, al menos por ahora, no parece ser el momento de los técnicos, sino él de los políticos.