Medio siglo de no creer

Se cumplen 50 años desde que Paul McCartney anunció formalmente que arrancaba su trayecto como solista y daba entender que se separaba de los Beatles, en una entrevista que conmovió a todos los que consideraban a esa banda como parte entrañable de su propia vida.

Por J.C. Maraddón
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Hacia finales del año 1970, John Lennon publicaba su primer disco solista tras la disolución de los Beatles, un álbum que también estaba firmado por la Plastic Ono Band, el grupo que él integraba junto a su esposa Yoko y otros músicos notables.
Este disco es el precedente de “Imagine”, una composición a la que el tiempo le fue limando sus aristas más contestatarias, hasta convertirla en una especie de himno a la hermandad de la raza humana, que es la manera en que ha sido usufructuada, incluso, hace pocos días como soplo de esperanza para vencer al coronavirus.
Pero en aquel disco debut hubo canciones más difíciles de domesticar, si es que vale la expresión. Por ejemplo, “Mother”, donde John descarga toda su furia contra una madre y un padre ausentes. Y “God”, esa desoladora apología del escepticismo, que define a dios como “un concepto que usamos para medir nuestro dolor” y que enumera todo aquello en lo que el autor no cree. Algo así como una especie de confesión de quien alguna vez fue crédulo y ahora grita a los cuatro vientos que ha dejado de serlo y que sólo sigue creyendo en él mismo y en Yoko Ono.
Por supuesto, una de las cosas en las que Lennon niega creer es en los Beatles, en una línea de “God” que se ubica entre las más polémicas, sobre todo en función de las reyertas a la distancia que él sostenía en ese momento con su otrora socio compositivo y amigo Paul McCartney. La relación entre ellos había concluido en no muy buenos términos y las declaraciones altisonantes de uno y otro en los meses posteriores, fueron amplificadas por la prensa amarilla, para la que las manifestaciones públicas de ese resentimiento cotizaban como si fueran oro en polvo.
Pero ese chisporroteo no significaba nada, en comparación con otra frase de la letra de “God” que iba a tener una enorme repercusión, al punto que ha sido citada en los análisis de la historia de la cultura en ese periodo. Con un tono lastimero, aunque vehemente, John canta: “The dream is over”. Y a todos, en aquella época y en esta, les ha quedado en claro que no sólo se está refiriendo a los Beatles, sino a toda esa enjundia juvenil que fue in crescendo durante la década del sesenta, al mismo tiempo que se iba desarrollando la carrera de los Fabulosos Cuatro.
Este viernes se van a cumplir 50 años desde que Paul McCartney anunció formalmente que arrancaba su trayecto como solista y daba entender que se separaba de los Beatles, en una entrevista que conmovió a todos los que consideraban a esa banda como parte entrañable de su propia vida. Pese al shock, los fanáticos conservaban alguna esperanza de que se tratase de un entredicho pasajero, hasta que varios meses después John Lennon sentenció que el sueño se había terminado y todos debieron emprender la durísima tarea de elaborar un duelo colectivo para suturar esa herida que nunca cerraría del todo.
Hace medio siglo, aquella empresa generacional que se había propuesto cambiar el mundo, veía cómo sus principales difusores se daban de baja, ante la imposibilidad de seguir remando juntos contra la corriente. Cada uno por su lado, hicieron lo posible para seguir aportando a la causa, pero no fue lo mismo. Otros acontecimientos, como el trágico festival de los Rolling Stones en Altamont y las muertes de Brian Jones, Jimi Hendrix y Janis Joplin, sumaban su cuota de drama al desencanto de advertir que, más allá del voluntarismo, alcanzar el amor y la paz universales presentaba dificultades más grandes que las esperadas.