El sobreprecio de la gestión de los solidarios

La noticia de que el gobierno realizó una compra directa y con sobreprecios ya no sorprende a nadie. Lo triste es que ya sabemos quiénes son los que pagan (y quiénes cobran) esa factura.

Por Javier Boher
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Lo verdaderamente triste de la noticia debe ser que a esta altura ya no sorprende a nadie. En un país en el que el 25% de su población (casi la totalidad de la población económicamente activa, unos 13,5 millones de personas) ha solicitado el ingreso de emergencia, queda claro que acá nadie escuchó a Kennedy: no les importa qué pueden hacer por su país, sino qué les puede dar el Estado. Por eso la compra de alimentos con sobreprecios que hizo el ministerio de desarrollo social demuestra que todos quieren su pedazo de un Estado a rapiñar.

Ayer todos amanecieron con esa noticia. Mientras el Teletón de la primera dama pasó sin pena ni gloria, lo que enfureció a mucha gente que está confinada en su casa fue que el gobierno aceptó pagar alimentos de segundas marcas por encima del costo de productos de primera. Quizás en tiempos de solidaridad compulsiva el kirchnerismo ha encontrado nuevas formas de demostrar el amor por el prójimo desprendiéndose desinteresadamente del dinero de los contribuyentes.

La noticia tiene demasiadas aristas como para atacarla de manera lineal. Representa todo lo que está mal para quienes se presentan como salvadores de la patria, agitando su dedo acusador contra aquellos que les señalan sus errores (que últimamente son demasiados). Vamos por partes.



Arroyo

El ministro de desarrollo social trató de defender la compra. Su primera reacción fue indicar que estaban mal puestas las unidades; que el precio era por kilogramo o por litro y no por botella o paquete. ni siquiera con esa conversión los precios mejoraron respecto a los de los supermercados.

Su segunda reacción fue argumentar que el sobreprecio se debe a que el Estado paga a 90 o 120 días, de lo que surge un interrogante: ¿el gobierno espera una inflación de entre 30 y 50% para tres o cuatro meses, que es la diferencia de precios que se ve en los productos?. El escenario que eligió describir el ministro no parece ser muy promisorio.

Finalmente, el hecho de que haya sido compra directa le agregó un plus a la cuestión. ¿Será Arroyo el que hace las compras en su casa? Cualquier persona sabe que si se compra en cantidad el precio se negocia hacia abajo. Claro que eso es más factible si se negocia con las fábricas o las grandes cadenas de supermercados; cuando se negocia con intermediarios (que en algunos casos ni siquiera están registrados en AFIP) se entienden muy bien eso de que te salva el Estado… sobre todo cuando sos amigo de los funcionarios.

Fernández

El fin de semana se conocieron algunas declaraciones del presidente refiriéndose a los almaceneros y a la suba de precios de los productos básicos en los negocios de barrio. Fernández acusó a los almaceneros de ser ambiciosos y especular con la necesidad de sus vecinos. Después aseguró que haría controlar los precios para evitar que nadie se exceda. Linda forma de poner a los vecinos uno contra otros, llevando la desconfianza a dónde pocos dan respuestas.

El almacenero de Barrio atiende todos sus clientes, no tiene empleados que mantengan abierto el negocio. Si se enferma tiene que cerrar. ese riesgo tiene un costo, que deben pagar los clientes. Si el almacén le fía a los vecinos que viven de changas y están sin ingresos, se presenta el problema de la inflación. El almacenero fía, pero con un costo: la Argentina financiera no nace en los paraísos fiscales, las leliqs ni las lebacs, sino en el comerciante que se las ingenia para prestar plata en especias para así ganarle a la inflación.

Por último, los almaceneros han visto resentida la llegada de mercadería. Lógicamente, a menor oferta, mayor precio. Eso no depende del tipo que tiene su negocio abierto como puede, sino de los que deciden cerrar la economía o rendirle pleitesía al Jimmy Hoffa del conurbano, para que no se enoje desabastezca al país en medio de la crisis.

El sobreprecio pagado por el gobierno es un escándalo, pero no es nada que sorprenda a los que mantienen fresco el recuerdo de lo que hicieron cuando les tocó gobernar con el menemismo y con el kirchnerismo. Pueden pasar los años, cambiar las ideologías, alternarse las crisis económicas, las sociales o las sanitarias. Las que nunca cambian son las mañas, que los exponen en su voracidad por echar mano a las arcas que todos los meses llenan los contribuyentes.

Quizás en los 90 o 120 días que se tomará Arroyo para pagar el coronavirus ya sea un recuerdo. En ese momento vamos a tener que pagar la factura de la solidaridad con la que el peronismo gestiona las crisis: siempre termina pagando el pueblo y lo hace muy por encima del costo.