Costos del virus: de intendentes a vigilantes de precios

La economía se deteriora a un ritmo superior que el contagio de casos de COVID-19. Los intendentes municipales deberán ocuparse, también, de evitar los precios abusivos. La experiencia del Mercado de Abasto de Río Cuarto habla de las dificultades de meter mano en la cadena de comercialización de los productos básicos. El eterno problema de los costos en la Argentina.

Por Guillermo Geremia

“Nosotros no le robamos a nadie, somos el último eslabón en la cadena y la gente lo sabe muy bien”, aseguró en declaraciones a Radio Río Cuarto, Adrián Morales, presidente de la Cámara de Almaceneros de Río Cuarto. El DNU que le impondrá a los intendentes municipales el control de los precios máximos encontró más rechazos que adhesiones como era de esperar. “Creo acertada la decisión del Presidente porque los municipios no contaban con una herramienta para ser inflexibles ante los incumplimientos. Esto nos permitiría tener mayor campo de acción con medidas concretas a determinar la infracción y la sanción correspondiente. Había un vacío normativo y justamente nunca se había presentado una situación particular en la que los municipios deban efectuar el control de precios”, se diferenció Daniel Reiloba, Subsecretario de Agroindustria y Comercio de la Municipalidad de Río Cuarto.

La historia de los controles de precios tiene tantas experiencias frustradas en la Argentina que es difícil convencer que esta será la vencida. Aunque también cabe la pena preguntarse qué hubiera sucedido sin que mediaran esas intentonas. Dos hiperinflaciones en la historia reciente y un ahora ex presidente negando la complejidad del problema de la formación de precios parecen botones suficientes como respuesta.

En la emergencia de la pandemia y por DNU se transferirán a los jefes municipales atribuciones para que puedan ejercer la vigilancia del respeto de los precios máximos establecidos. Pero el jefe local de los almaceneros ya avisó. “Si nosotros trabajamos con la lista de precios máximos en 30 días no queda un almacén en Río Cuarto. No hay manera que se pueda cumplir”, admite Morales. A confesión de partes, relevo de pruebas.

Los comercios de cercanías en Río Cuarto no quieren o no pueden respetar las listas de precios máximos establecidas a nivel nacional. ¿Cómo hará entonces el intendente Llamosas para transformarse en un eficaz controlador? De telón de fondo están dos comportamientos históricos que distorsionan los precios relativos. La desigual puja de fuerzas en la cadena de comercialización para fijar y trasladar valores. Y el ADN argentino del “sálvese quien pueda”. La emergencia del momento impone revisar ambos procederes.

La experiencia reciente de enfrentar a “los mercaderes de la pandemia” (https://www.diarioalfil.com.ar/2020/03/25/los-mercaderes-de-la-pandemia/) ha costado ponerla en marcha. Aquí la Municipalidad oficia como juez y parte dado que es accionista mayoritario en el Mercado de Abasto. La escandalosa suba de precios en alimentos básicos como las papas y las naranjas obligó a Llamosas a intervenir y forzar a productores, puesteros y playeros a firmar una acuerdo de precios máximos sobre diez productos que se comercializan desde Río Cuarto para todo el sur de Córdoba.

“Es el precio que deben cobrar los puesteros del Mercado. Después, el verdulero va a tener una franja para moverse que varía de acuerdo con la calidad y característica de cada uno de los productos. Diría que fue a pedido de los propios verduleros que se llegó a esta determinación y también de los consumidores, por supuesto”, asegura Reiloba. En el primer día de comercialización con los nuevos valores de referencia hubo mucho escepticismo en los propios verduleros. “Cuando está la AFIP, cumplen y le muestran otra lista de precios. Cuando no, la oferta y la demanda ponen cualquier precio”, afirmó uno de ellos. Desde el organismo tributario aseguraron que se dará continuidad a las fiscalizaciones. Luis Amor, nuevo titular en la delegación, hizo saber a quien quiera oír que “si piensan ganar plata cobrando precios abusivos, van a perder más pagando multas”.

En una “economía en guerra” como la que transitamos, cualquier gesto de racionalidad en las transacciones económicas resulta hasta utópico. El “primero yo y segundo yo”  parece ser la moneda corriente. Los intendentes se sumarán a ese lodazal teniendo que cumplir una función que le es impropia. Sumarán otra obligación más a su larga lista de demandas por atender en esta situación extraordinaria. Administradores de la emergencia sanitaria, salvavidas de unidades económicas en riesgo, observadores del estricto cumplimiento del aislamiento, organizadores de cobro de jubilaciones y ahora controladores de listas de precios. Más de uno extraña aquellos “días felices” cuando se les reprochaba por los baches en las calles o por la falta de higiene urbana.

“Puede aguantar 60 o 90 días, que es lo que puede aguantar cualquier economía en el mundo”, señaló la semana pasada Eduardo Accastello. El diagnóstico del Ministro de Industria y Comercio de Córdoba parece haber quedado desactualizado. Y ahí está el meollo de la cuestión de los abusos de precios. Si la curva de casos del coronavirus todavía no es de montaña rusa, distinto pasa con la economía. El grado de deterioro que dejó el gobierno de Cambiemos del sistema productivo y el parate excepcional que está provocando el COVID-19 hacen pensar que preocuparse por si los precios son controlados o no por los Intendentes es tan inocuo como querer combatir el coronavirus tomando aspirinetas. Así son las cosas.