Pandemia: la política trata de atajar todo lo que le tiran.

En una sociedad donde el paternalismo político es el Edipo social que nos hace cautivo, nos sentimos huérfanos sino tenemos una figura protectora que se haga cargo de nuestros inminentes males, y cuando sube la marea de los inevitables problemas también los culpamos a los políticos de sus consecuencias.

Por Guillermo Geremía

Como en cada crisis profunda y sistémica comienza a ponerse en duda la capacidad de la política para resolverla. Esta no es excepción. Tras el corto romance con las decisiones presidenciales al establecer por anticipado la cuarentena, mirando el costo en muertes de los países que no lo hicieron, bastó que los primeros cimbronazos económicos comenzaran a sentirse para reclamarle también por esas consecuencias.

Alberto Fernández en la Presidencia, Juan Schiaretti en la Gobernación y Juan Manuel Llamosas en la Municipalidad, con aciertos y errores, se pusieron al frente en la emergencia sanitaria y están tomando medidas para evitar que las consecuencias económicas no sean aún más gravosas socialmente. Sin embargo a diestra y siniestra se alzan voces reclamándole más protagonismo o mesura según la discrecionalidad en el reproche. El espasmo pendular entre el político como un Superman salvador y la sociedad de los políticos muertos. Ni una cosa ni la otra.

“Yo he sido protagonista de distintas épocas, de distintas crisis, en el 2001-2002 esta discusión se planteó con mucha violencia, hasta agresión física a dirigentes y demás. Yo siempre he sido de los que creo que en la política y en la democracia”, manifestó Carlos Gutiérrez en declaraciones radiales. El hombre fuerte de Schiaretti en el sur de Córdoba y actual Diputado Nacional ha sido protagonista central en la política vernácula en los últimos 20 años y ya está curtido en estas lides. Sabe que los mismos que hoy lo tienen de destinatario del reclamo del ajuste de la política son quienes después lo terminan votando. “Creo que los defectos y los cambios que haya que efectuar en el sistema democrático, en su funcionamiento y en sus desviaciones, se corrigen con más política y con mejor política, en todo caso explorando sistemas de selección mejores donde la ciudadanía tenga la posibilidad de conocer más qué elije y no solamente a las cabezas más importantes”, aseguró Gutiérrez.

Las medidas para evitar la pandemia, el alcance de la cuarentena, las decisiones económicas, la ayuda del Estado desde las grandes empresas a las pequeñas unidades económicas, el descontrol de los precios, los abusos de los especuladores, el desabastecimiento, el ajuste no realizado, la centralización del sistema de salud, la critica a los empresarios que despiden, el elogio de los sindicalistas, el acceso a lugares y la clausura de esos ingresos, todo, absolutamente todo es culpa de la política. Mientras tanto nosotros somos blancas palomitas ciudadanas que no tenemos responsabilidad alguna. Por algo, Ddwight Eisenhower, 34 presidente de los EEUU entre 1953 y 1961, reclamó que “la política debiera ser la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”.

Poder empresario

“Es un tema que nos preocupa pero hemos empezado a actuar con mano dura. Hay casos concretos donde deberíamos, manteniendo la cadena de abastecimiento, tomar acciones ejemplificadoras y éste es el momento de hacerlo. Ayer tomé acciones drásticas con empresas muy importantes que, en este momento, da vergüenza que actúen de esta manera. Lo de Techín, fijando precios exorbitantes, no puede volver a ocurrir, son empresas que no tienen alma”, reflexionó Eduardo Acastello, Ministro de Industria y Comercio de Córdoba. El villamariense admitió públicamente que el Estado muchas veces es poderoso con los débiles y débil con los poderosos.

Carlos Gutiérrez aprovechó para traer a la memoria la pulseada que el Gobierno de Schiaretti mantuvo con la empresa de Paolo Rocca en época de la construcción de los gasoductos troncales. “El gobernador se plantó, se generó una discusión fuerte con una empresa que nos quería vender los caños a un 30% más de lo que valía conseguirlos en el exterior. Era inobjetable lo que nosotros planteábamos y por eso terminaron haciendo un descuento y nos vendieron al precio que debiera ser”, aseguró.

Para el legislador nacional no es casualidad que el virus de las cacerolas haya reaparecido después que el poder político cuestionará la decisión de despedir trabajadores en pleno inicio de la crisis económica provocada por la pandemia. El reclamo de reducción salarial de la clase política es funcional a esos intereses y devolvió la pelota al campo de los capitales concentrados. “Si los grandes monopolios hicieran un aporte excepcional por esta crisis de un 1, sería 443 veces lo que significa el ahorro que se le reclama a la política. Y sin que echaran gente por supuesto. De lo contrario, terminamos con los gerentes de las multinacionales en las bancas del Congreso, como ya ha pasado”.

La clase política vuelve a ser llevada al banquillo de los acusados justo en medio de una crisis global sin precedentes. No puede ignorarse que hay intencionalidad aviesa en algunos sectores del poder real que operan desde las sombras. Evidentemente buscan socavar el poder político que está tomando decisiones que impactan en los intereses de esos sectores. “Cuando todo el mundo hace un esfuerzo, hay que hacer estos gestos. Si la rebaja tiene que ser del 30%, 40% o 50% o tienen que llegar al valor de la canasta básica en este contexto, se verá. Sin embargo, nadie me va a convencer de que el mayor esfuerzo debiera venir del sistema financiero o los grandes oligopolios. Solo les interesa poner a los representantes de sus intereses en las bancas”, cuestionó Gutiérrez.

El sistema político argentino está frente a un nuevo desafío ante otra crisis. Esta vez sus responsabilidades no son directas como otros descalabros de esos recurrentes que atraviesa cíclicamente la Argentina. Para Gutiérrez esto es como un conflicto bélico. “Los únicos que tienen que actuar son quienes están en la centralidad de las decisiones, estamos en un estado de guerra y eso es vital. Esos son los que tienen que estar actuando y considerando las decisiones. Ninguna experiencia de guerra fue exitosa sin respetar esta lógica implacable”.

Pero en una guerra los generales deben ser confiables y mantener a la tropa unida. La disciplina y el espíritu de cuerpo deben ser en esta hora aciaga un dogma. Pese a todo y puesto en términos de este presente como decía Max Weber, politólogo y sociólogo alemán, “el político debe tener: amor apasionado por su causa; ética de su responsabilidad; y mesura en sus actuaciones”. Así son las cosas.