Dilemas en una democracia en cuarentena

No va ser la misma democracia que conocimos. Y tampoco el rol del Estado será el mismo. Los desafíos son la reconstrucción de nuestra sociedad en el marco de una catástrofe global que llegó para quedarse y repetirse, y los gobiernos y los funcionarios serán juzgados conforme se hayan comportado frente a la crisis.

Por Aristóbulo González

Hace algún tiempo, reflexionábamos sobre tantas cosas como si fueren importantes, y hoy son banales, irrelevantes y hasta frívolas. ¿A quien le importa hoy el riesgo país? Diría Marshall Berman, todo lo solido se desvanece en el aire.

Lo que no es más sólido es nuestra manera de vivir hasta la pandemia. A nadie escapara la sensación en ingresar en el mundo de la fantasía o pesadilla con las cuarentenas obligatorias o la sensación de vulnerabilidad ante lo inevitable.

Lo cierto es que la democracia se va ver fortalecida ya que los gobiernos, con o sin cuestionamientos, serán relegitimados o no, conforme la posición y la actitud adoptada frente a esta pandemia.



Cumplir el aislamiento preventivo no solo es una obligación sino un mandato ético. Pero debemos decirlo, una cuarentena extendida en el tiempo puede, en el mejor de los casos, protegernos frente a la pandemia, pero también puede desatar miseria, hambre y desempleo a escalas desconocidas, epidemias de angustia y depresión. No imaginarlo ni tratar de prevenirlo también podría ser irresponsable.

Es sano que tendamos a unirnos ante la adversidad y nos despojemos de sectarismos oportunistas. Pero también es sano despojarnos de aquel clima “malvinero” que nos amputo el espíritu crítico. Nunca es bueno abolir la disidencia, las preguntas y las dudas frente a temas en los que nadie es dueño de una verdad absoluta.

¿Se han medido los impactos psicológicos del encierro y el aislamiento prolongado en condiciones precarias y de extrema incertidumbre? ¿Se ha calibrado cómo juega el instinto de libertad frente al mandato de la responsabilidad y la obligación? No hay nada menos natural que el encierro forzado. ¿No se le estarán dando argumento al estado paternalista y autoritario?

¿No se estarán abonando al amparo del miedo la pretensión del pensamiento único y los rebrotes nacionalistas? ¿No se estará abriendo otra puerta –como acaba de decir el pensador israelí Yuval Harari– a la vigilancia totalitaria? Tenemos muchas dudas. Nos hemos quedado sin respuestas forzados a digerir la angustia que implica lo desconocido.

Entreverado en el infierno de la peste, la única posibilidad que queda es hacer lo que corresponde. ¿Y que es hacer lo que corresponde? El medico, salvar vidas; el político, tomar decisiones justas; el ciudadano, cumplir con las disposiciones de los gobiernos; el religioso, brindar amor y no odio. En definitiva cada uno cumpliendo con su deber. Después veremos los resultados.

Nuestro país tiene una falta de apego a la ley y a las normas de convivencia alarmante. Como decía el Dr. Fayt, las leyes en nuestro país “son un cumulo de sugerencias”. Pero la cosa viene de lejos; los españoles en la colonia decían: “la ley se acata pero no se cumple”.

¿La actitud de Cristina Kirchner está dentro o fuera de la ley? En vigencia del decreto presidencial viajo a Cuba y volvió pocos días después acompañada de su hija en plena cuarentena. Como dice el Martin Fierro: “la ley es como el cuchillo, al único que no ofiende es al que lo maneja”. La emergencia no está por encima de la constitución ni la suspende. Esto es lo que diferencia a las democracias de las autocracias.

En nuestra ciudad existe muy poca actividad política relacionada con la pandemia. Luego de las medidas de emergencia antes de la suspensión de las elecciones, el Ejecutivo hizo algunas pero le faltaron otras, al menos de lo que se conoce oficialmente. La redes le achacan de ser un funcionario silente, no se lo ve ni se lo siente, situación que lo obligo a enfrentar después de dos semanas la responsabilidad de tomar medidas en resguardo de la crisis, en especial la constitución de un comité de coordinación interjurisdiccional con las comunas del interior del departamento y la creación de un protocolo común entre la Municipalidad de Rio Cuarto y los municipios de la región, la Universidad Nacional de Rio Cuarto, Ejército y Fuerza Aérea, e instituciones médicas, medidas que habían sido insinuadas por algunos líderes de la oposición.

En la emergencia es fundamental el funcionamiento de los órganos políticos, en especial aquellos que hacen al control del poder Ejecutivo, como el Concejo Deliberante. En todo este tiempo el Concejo ha brillado por su ausencia, ni las comisiones funcionan. No obstante, y a requerimiento del propio Ejecutivo municipal, se le ha remitido al Concejo para su aprobación el “Acta Acuerdo consensuado entre la Municipalidad de Rio Cuarto y el Sindicato de Trabajadores Municipales que fuere celebrado el día viernes 27 de marzo del corriente año, y que representa un aumento del 20% de los ingresos de los trabajadores.

Esta fuera de discusión el aumento de los ingresos de los trabajadores municipales. La intangibilidad de los ingresos no solo es un derecho de los jueces sino de cualquier trabajador. Pero lo que podemos discutir es la oportunidad del aumento en plena crisis.

La realidad económica nos obliga a un acto de constricción del ejercicio del poder; el intendente ha tenido una actuación al menos opinable al disponer que se apruebe un aumento en plena crisis, en especial cuando la Municipalidad tiene seriamente comprometidas sus finanzas con una deuda en dólares que no ha pagado en tiempo y que ha reperfilado para el mes de julio. Si a eso le sumamos la baja en la recaudación tributaria producto de la crisis, estamos ante una situación más que preocupante donde tal vez sea más prudente rebajarse sus ingresos que ordenar un aumento masivo.

A ello debemos agregarle que tras el aumento de los empleados municipales van enganchados los funcionarios políticos y también los concejales, aunque debemos suponer por una cuestión de sentido común que el proyecto del Ejecutivo los excluirá expresamente.

¿Cómo se mide y compara la actitud política inoportuna del gobierno municipal, con la propuesta del legislador provincial Juan Jure al solicitar mediante un proyecto de Ley la rebaja de los ingresos de los integrantes de los Poderes Legislativo y Ejecutivo para destinar más fondos a la emergencia sanitaria?

EL DNU del presidente ha fijado restricciones fundamentales que apuntan a la salud del país, pero no se han suspendido las garantías constitucionales; en definitiva, entendemos que ante tamaña crisis sanitaria como la pandemia de Covid 19, el DNU 297 no altera sustancialmente los derechos, ni se destruye los mismo, ni tampoco se afecta el contenido esencial de los derechos de los ciudadanos, siempre que sus alcances sean limitados temporalmente y proporcionalmente relacionados al fin propuesto.

Al virus lo combatimos en democracia abierta donde las decisiones se explican y se justifican, porque no vivimos del sometimiento, sino del conocimiento compartido. El autoritarismo es sencillo, efectivo y rápido. Así lo demostraron los chinos y su partido comunista, mientras que la democracia es compleja, a veces lenta y menos efectiva. En nuestro país se ha creado un marco de confianza institucional y no hay disidencias relevantes que es muy importante.

Las medidas que se adopten en una emergencia están justificadas, siempre que respeten ciertos límites del estado de derecho, y sobre todo que sean limitadas en el tiempo, como lo ha señalado la Corte Suprema de la Nación.

No va ser la misma democracia que conocimos. Y tampoco el rol del Estado será el mismo. Los desafíos son la reconstrucción de nuestra sociedad en el marco de una catástrofe global que llegó para quedarse y repetirse, y los gobiernos y los funcionarios serán juzgados conforme se hayan comportado frente a la crisis.