Que no se chupe papá Estado

Ahí andan todos pidiendo más estado, cuando la historia de este país demuestra que lo único en lo que éste ha sido eficiente a lo largo del tiempo fue entrometerse en la vida de su gente.

Por Javier Boher
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¿Escucha, amigo lector? Las voces; esas voces. ¿Nada? A esta altura de la cuarentena ya es difícil saber si son los chicos con que están aburridos, si es la pareja quejándose del olor a pata, el subconsciente que nos persigue o el coro de aduladores de San Alberto, protector de los argentinos pandémicos. ¡Qué intensidad, por Dior!.

Usted sabrá disculparme, pero después de vivir estos días de confinamiento forzado puedo entender los motines en las cárceles. ¡Qué cosa linda la libertad (que no es Lamarque)!. No sé si a usted le pasará igual, pero a esta altura de no poder salir ya me dan ganas de empezar a repartir facazos para defender el derecho de hacer lo que se me dé la regalada gana.

No tengo dudas de que usted entiende que no estoy diciendo que hay que salir a estornudar picaportes ni a organizar una orgía con cambio de dentadura en un geriátrico. Yo pienso en -y me preocupo por- lo que va a venir después de esto. Con el largo prontuario de estos tipos, les preocupa menos la salud o la libertad del pueblo que dos puntitos más de imagen positiva en las encuestas.



Voy con un ejemplo, para ver si nos entendemos. Seguro que se enteró de todo lo que pasó con el surfer: vio cada control, cada cambio de ropa, qué paró a almorzar o el programa especial de C5N de los surfers y la dictadura. Todos desde la comodidad de sus casas pidiendo el linchamiento para un opa que no hace al chetazgo, así como una golondrina no hace verano. Más botones que camisa de víbora.

Esa necesidad de salir en masa a vigilantear, señalando a la gente de ciertas características como para salir a repartir estrellas amarillas o triángulos rosas, no tiene nada que ver con la salud pública. El placer delatorio de los que quieren sentirse parte de la “unidad nacional” que elevó al Zabeca de Banfield a un orgasmo justicialista los llevó incluso a viralizar el teléfono del subnormal deportista por televisión nacional y redes sociales. ¿Alguien se tomó el trabajo de dar a conocer el celular del ministro de salud o a los poderosos los respetan y les temen tanto como para cuidarlos?.

Por esas cosas de la vida, los compañeros del campo progresista se vieron envueltos en un particular pedido para que se decrete el estado de sitio y que acá no se mueva nadie sin DNI encima. Se sabe que las botas son malas, pero parece que a ellos sólo les preocupan cuando se las ponen los otros, casi como pasa con los cuernos. En definitiva, si sos detenido a disposición del poder ejecutivo por suspensión del hábeas Corpus, mejor que sea El Profe (que toca la guitarra y prometió cuidarnos, como le dijo a Sandra Pitta en campaña) antes que el neoliberal, genocida, meritócrata de Gatricio Macri, que quería pedir documentos en el colectivo, ¡qué descaro!.

Esa pulsión por avanzar sobre los derechos de la gente se puede ver en la decisión de decomisar los autos de los que circulan violando la cuarentena. Todos escuchamos los audios de los municipales avisando a sus amigos de los lugares en los que iba a haber controles.

Ese cuento termina en que el municipal, los amigos y los funcionarios pueden andar tranquilos por la ciudad vacía, mientras que embocan al jardinero que carga la rural R12 para salir a hacer una changa, porque de todo lo que anunciaron sólo lo alcanzó la obligación de quedarse en casa por la cuarentena.

En esas reminiscencias de períodos en los que parchaban con épica los huecos de la política y la economía, ahora resulta que con la evitización de la primera dama van a salir a recaudar plata con UN TELETÓN para los que son como el jardinero, aunque todos sepamos que en realidad va a terminar siendo para paliar las consecuencias de las masivas violaciones de la cuarentena en la capital nacional del peronismo, La Matanza, y todos los satélites justicialistas soviéticos del conurbano bonaerense.

Mientras nos llenan de orgullo futbolero con spots grabados por estudiantes de la escuelita de Ciencias de la Información en plan “tarea por educación a distancia”, tuvimos que ver a gente pidiendo nacionalizar empresas o incautar mercadería, con un espíritu bolivariano y solidario que obtendría la más alta distinción en la Universidad José Martí de La Habana. Después esconden muertos y manipulan datos, pero vale la pena para contrarrestar la decadencia del capitalismo y sus libertades (gracias Jorge Fernández Díaz por tu artículo de ayer).

Usted sabrá entender mi escepticismo, pero esta extensión de la cuarentena va a cortar mucho más que la circulación del coronabicho. Parafraseando a un amigo, el peronismo es como la esposa, que tiene una sola marcha, que es una primera muy corta: cediste un centímetro, te gana un centímetro.

“Amor, hoy no jugamos”. “Ay, qué bueno, justo que había preparado estás milanesas que tanto te gustan”. Al partido siguiente, cuando te pregunten si jugás, vas a tener que decir que no, por la cara que te hizo tu señora cuando te dijo que -como no le avisaste antes- ya te había contado para comer, aunque lleves diez años jugando al fútbol todos los miércoles.

Me voy yendo, amigo lector, pero por las dudas lo aclaro antes de despedirme. No digo que lo los cuidemos entre todos, sino todo lo contrario: lo hagamos nosotros sin buchonearle a papá Estado. Si algo nos ha enseñado la historia de este país es que, cuando la plata no alcanza y se embriaga de poder, ese padre que se muestra cariñoso en público vuelve a casa y faja a los hijos. Tengamos cuidado y nos cuidemos entre todos: no lo dejemos que se chupe.