Una canción testamentaria

Después de ocho años sin publicar novedades en su discografía, a los 78 años Bob Dylan ha dejado que su tema “Murder Most Foul” corra sin filtro por las redes, con su mensaje certero acerca de una decadencia del imperio americano que habría comenzado con el asesinato de Kennedy.

Por J.C. Maraddón
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El año pasado, Martin Scorsese se despachó con “El irlandés”, una larguísima película que recorre la biografía del sindicalista Jimmy Hoffa, pero que al seguir los pasos del protagonista va contando la historia de los Estados Unidos desde mediados hasta fines del siglo veinte.

Más allá de lo que pueda venir después en la vida del cineasta, esta obra sonó a una especie de testamento artístico, tanto por el elenco del que se rodeó para componerla como por la temática en la que ambientó su argumento, ese submundo del hampa que fue escenario de varias de las películas que lo consagraron como uno de los mejores en lo suyo.

En la última edición de los premios Oscar, a Academia de Hollywood resolvió ignorar este gesto de un director que, a los 77 años, se puso en la tarea de elaborar un largometraje representativo de su legado, con todas las presiones que sufre alguien que no se esmera alentado por la búsqueda de un futuro glorioso, sino que debe estar a la altura de un pasado extraordinario. Y así, en vez de valorarse su aporte, se confrontó a Scorsese con su propia leyenda, en una competencia en la que tenía todo para perder. Ciertas falencias en el uso de los artilugios tecnológicos que utilizó para rejuvenecer o avejentar a los actores, una desmesurada duración del filme y el apego a una sola de las teorías que existen en torno a la muerte de Hoffa, fueron los dardos lanzados contra esta pieza cinematográfica que, para colmo de males, tenía el respaldo de Netflix, una especie de cuco de la industria hollywoodense.



Es muy probable que no sea esta la creación más lograda de este prolífico realizador, pero quizás tampoco haya sido esa su intención, sino más bien pasar en limpio cuál es su modo de encarar un proyecto fílmico tras medio siglo de experiencia acumulada. De hecho, se lo vio bastante relajado durante la ceremonia de entrega de los Oscar, como alguien que está más allá del bien y del mal, alguien que posee una trayectoria que no depende de una estatuilla más o una estatuilla menos.

Llegado a una edad venerable, este hombre clave en la evolución del cine contemporáneo quizás haya sentido el impulso de acometer un proyecto totalizador, y estaba en su derecho de llevarlo a cabo sin pensar en la aprobación de la crítica. Admirado por Martin Scorsese, quien le dedicó algunos de sus mejores logros como documentalista, a los 78 años Bob Dylan ha sorprendido a todos con una composición nueva que, por no pocos motivos, pareciera tener puntos en común con “El irlandés”. En una extensión de casi 17 minutos (excesiva para lo que es común en una canción), “Murder Most Foul” reúne los elementos distintivos de la poesía dylaniana, sobre una estructura musical que exhibe la simpleza característica del que ha sido su estilo durante los últimos sesenta años.

En la entonación y en el cinismo visceral de sus enunciados, se trasluce una vocación testamentaria evidente. Después de ocho años sin publicar novedades en su discografía, Dylan ha dejado que este tema corra sin filtro por las redes, con su mensaje certero acerca de una especie de decadencia del imperio americano que habría tenido como punto de partida el asesinato de John Fitzgerald Kennedy.

Si algo faltaba para convencer a los más reacios de que el premio Nobel de Literatura de 2016 estuvo bien otorgado, basta escuchar con atención lo que dice “Murder Most Foul” (El asesinato más repugnante) para comprender que Bob Dylan no sólo es un poeta/ narrador eximio, sino que además sabe cómo envasar sus creaciones bajo el formato de una canción.