Córdoba, 1916: percepciones y fotografías (Primera Parte)

El libro del norteamericano Henry Stephens “Viajes y experiencias en Argentina, Paraguay y Chile” dedica algunas páginas a Córdoba, acompañadas de fotos de la ciudad que constituyen en sí mismas un valioso relato.

Por Víctor Ramés
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El mercado norte fotografiado en 1916 por el viajero norteamericano.

Se encuentran pocos datos sobre Henry Stephens, un viajero norteamericano que entre 1912 y 1913 escribió un libro titulado South American Travels, publicado en 1915. El autor, que se había formado en Harvard y en Viena y poseía un doctorado, estaba bien familiarizado con la historia y con la cultura de los países sudamericanos a los que visitó en diversas ocasiones. En un libro posterior titulado Journeys and Experiences in Argentina, Paraguay, and Chile, que se publicó en 1920 en Nueva York, el autor afirma que había visitado Montevideo “varias veces durante los años 1915 y 1916, con viajes ocasionales a Buenos Aires”. Su venida a la Argentina incluyó visitas a varias provincias, entre ellas Córdoba, y el libro que recoge esas experiencias incluye un buen número de fotografías que ilustran lo que vio a su paso.

De esa obra se extraen aquí textos que reflejan su mirada específicamente en esta capital, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Stephens observa a Córdoba y su paisaje con ojos de viajero que compara sus impresiones con otros mundos.

“Es el corazón de la Argentina, situada en el centro de la república. La parte oriental es la pampa, mientras que el oeste es una meseta alta y seca, atravesada de norte a sur por cadenas montañosas entre las que se destacan las de Pocho e Ischilín. Estas cadenas que tienen unos trescientos kilómetros de largo son independientes del sistema de los Andes; en su extremidad sur se las llama Sierras de Córdoba y constituyen un verdadero karst (un tipo de formación geológica) similar al Kuestendlanden de Austria, peñascos de granito gris por doquier. Las laderas orientales de este karst están cubiertas de una densa vegetación de mesquites y otros arbustos debido a la humedad de los vientos atlánticos, en tanto sus laderas occidentales carecen de verdor. El aire es seco y refrescante aquí y las sierras de Córdoba cumplen el mismo papel en la Argentina que el Colorado en los Estados Unidos, ya que representa un centro de gran consumo.”



El viajero norteamericano entró a la provincia de Córdoba viniendo desde Tucumán, en el Ferrocarril Central Córdoba, de trocha angosta, del cual dice Stephens que “los camarotes, el coche comedor y el servicio son los mejores que tuve ocasión de conocer en la Argentina”. El viaje, de once horas, siempre se realiza de noche debido a que “durante el día el calor y el resplandor del sol en las Salinas Grandes, un gran desierto de sal a mitad de amino entre las dos ciudades es insoportable”. Relata que conoció a una persona que hizo caminando el viaje de Tucumán a Córdoba, quien le dijo que en las salinas abundan las serpientes de cascabel y que “temía bajar de la ruta para descansar debido a esos reptiles, de los cuales “en un día mató a más de cincuenta”.

Una vez en Córdoba, Henry Stephens se centra en describir datos e impresiones de la ciudad. Damos una serie de estos apuntes:

“Córdoba (…) tiene, solo en los suburbios, una población de ciento sesenta mil habitantes. (…) Su universidad, que compite con la de San Marcos de Lima como la más antigua del hemisferio occidental, fue fundada el 19 de junio de 1613 por un padre jesuita, Fernando de Trejo y Sanabria. La primera imprenta argentina fue traída a esta universidad desde Lima en 1765. (…) Las iglesias, conventos, monasterios e instituciones religiosas son innumerables, y se estima que más de seis mil de sus habitantes están vinculados a las órdenes religiosas y organizaciones. Córdoba es una de las ciudades más limpias de América y es difícil encontrar un lugar donde el orgullo cívico, el sistema de parques, la limpieza exterior de las casas, edificios públicos, pavimento, hoteles, cafés, tiendas, bancos, residencias, edificios religiosos, y la provisión de agua, tomados como un todo, puedan igualarlos. Varias ciudades pueden superarla en uno o dos de las instituciones mencionadas, pero no en la mayoría. Personalmente no me molestaría vivir allí a menos que me involucrase en algún negocio, porque hay demasiados tísicos y el campo alrededor no es más que karst rocoso y seco; la diversión de la vida callejera se me volvería pronto irritante, ya que a excepción de los cafés, las películas, los teatros y una ocasional carrera de caballos, ninguna ciudad argentina posee verdaderos sitios de diversión, exceptuando aquellos que equivalen a luces vistas a través de vidrios de colores, que no son felizmente mi tipo.”

En el orden de la prosperidad de Córdoba tiene Stephens algunas observaciones que hacer, como las que siguen:

“No veo el fundamento para la existencia y el crecimiento de Córdoba. El suelo de este campo es pobre y rocoso, mientras que la lluvia es escasa. En el año 1915 pasaron siete meses sin que caiga una gota. La ciudad está ubicada en el oeste de la parte productiva de la provincia, y desde allí hasta San Juan, el campo es el más pobre de la República. Sin embargo, Córdoba ha tenido un rápido crecimiento recientemente. En el aspecto industrial hay tres cervecerías: la de Pollak y Brueck, conocida como la cervecería Córdoba; la de Ahrens, y la mayor que es la compañía de Río Segundo. Hay un gran molino harinero de propiedad de Minetti, un italiano, y varias fábricas de ladrillos.”