Russo contra Fassi, capítulo mil

El presidente de Talleres continúa recibiendo dardos y provocaciones mediáticas de su homólogo de Lanús, sobre todo con la visión de las Sociedades Anónimas. El tablero político del albiazul en AFA debe reacomodarse con diplomacia.

Por Federico Jelic

La película recuperó su peligrosa normalidad. La Superliga ya quedó extinguida, merced del golpe de estado de la Asociación del Fútbol Argentino, y estará todo sujeto a la Liga Profesional. Sin doble comando, según vaticinan. Esto ya es harto sabido, solo queda conocer de qué manera seguirán planteadas las piezas dentro de este nuevo escenario político, donde Talleres parece seguir estando en desventaja, después de su exposición dialéctica en tiempos del Macrismo en la conducción de Casa Rosada.

Ahora el panorama es otro. Y, a pesar de que el presidente albiazul Andrés Fassi aceptará la silla que le ofrecieron desde la cúpula del nuevo orden, dentro de las vocalías, de todas maneras está claro que quedan resabios y algunos aires revanchistas después del cambio de mando ideológico.

En ese sentido, Fassi recibe todas las trompadas. El hecho de identificarse abiertamente con Superliga, sobre todo con su postura de no regresar al pasado, le trajo algunos malestares. En especial, porque finalmente la torta se dio vuelta, regresando el control del fútbol a las viejas e inveteradas estructuras, por lo que ahora deberá acomodarse diplomáticamente sino desea recibir represalias, dentro del contexto revanchista y de rencores eternos que siempre imperó en AFA.



A la primera piedra la tiró Nicolás Russo, presidente de Lanús. Y a la segunda también. Fassi no acusó recibo, pero es conciente de que respondiendo no será precisamente la solución o receta a este conflicto. No obstante, a esta altura parece ya sistemática y con saña la agresión discursiva recibida. Sin embargo, lo domina al hombre fuerte de Pachuca la paciencia y el “silenzio Stampa” como estrategia fundamental.

Russo, filoso

“Nunca me peleé con Fassi, simplemente él tiene una idea del fútbol que el otro 99% de los dirigentes no comparte. Cree en las sociedades anónimas y que los clubes que no tienen plata no deben jugar”, empezó diciendo Russo, ante la consulta sobre su relación con su homólogo de Talleres.

“No me gusta que nos comparen con Talleres. Somos dos cosas distintas. Fassi quiere hacer dinero, con Pachuca o Talleres, yo quiero darles alegrías a los hinchas de mi club”, prosiguió el titular de Lanús, aunque después intentó minimizar las diferencias: “Fassi es un buen dirigente, pero no comparto algunas cosas con él. No comparto que haya personas que sean presidentes de cinco clubes al mismo tiempo”.

Igual, después bajó decibeles: “¿Si Fassi es querido en AFA? Acá no se trata de un dirigente, se trata de Talleres, que es un club con mucha preponderancia en AFA y muy respetado. Pero está claro que en un contexto de pandemia como el actual, no hubiera colaborado. Con el crecimiento y expansión del coronavirus, las sociedades anónimas que quiere Fassi no se hubieran prestado las instalaciones de los clubes. Eso está claro”.

Evidentemente, el hecho de que Fassi respaldara el nuevo giro del fútbol mundial con el protagonismo de los clubes-empresa por sobre la Asociaciones civiles sin fines de lucro le generó enemigos y rencores.

Y para colmo de males, Fassi también debe saber actuar con diplomacia y altura con el nuevo titular de la Liga Profesional, Marcelo Tinelli. Una historia de rencillas los desunen, desde la deuda de San Lorenzo (entidad que preside el conductor de TV) a Pachuca por Rubén Botta y ahora también con algún saldo pendiente por Juan Ramírez. A este intrincado asunto se le debe sumar la crítica por los arbitrajes y las expulsiones en el duelo entre ambos el mes pasado, más algunos otros episodios ideológicos, con la eliminación de la Superliga y el nuevo mapa político que se trazará desde AFA. Mientras tanto, la pandemia del coronavirus hace su parte, con Fassi cumpliendo cuarentena en su búnker, pero atento a cualquier movimiento que pueda perjudicar a Talleres.