Río Cuarto y la tentación populista

El coronavirus marca el ritmo político y genera largos y profundos debates. La pandemia también pondrá a prueba a nuestra democracia y nuestros valores, porque existe una tentación populista de buscar soluciones extraordinarias al margen de la ley.

Por Aristóbulo González

El coronavirus ha cambiado por completo nuestras rutinas y agendas. Se puede teletrabajar, también asistir a clases online, incluso ejercitarse, si hay suficiente voluntad. Pero hay muchas otras tareas y actividades que no se pueden hacer en casa y una de ellas es votar. El calendario electoral da positivo en coronavirus.

El coronavirus marca el ritmo y pospone el juego político, cambia prioridades y urgencias. Estos cambios en los calendarios electorales son, sin duda, decisiones complejas, con consecuencias institucionales y políticas, algunas aún desconocidas e impredecibles; y tienen detrás largos, amplios y profundos debates.

No hay recetas ni soluciones mágicas. En este escenario, las campañas —desde su organización hasta su desarrollo— exigirán el compromiso y la responsabilidad de los partidos políticos y candidatos. La pandemia también pondrá a prueba a nuestras democracias y nuestros valores.

El populismo ha sido un mal endémico de nuestro país. Los argentinos sabemos lo que significa. Es la más acabada expresión de la “voluntad del pueblo”, más allá de la ley y de las instituciones.

Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino Vox populi, Vox dei. El populismo fabrica la verdad. Desprecia el orden legal. Abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la “voluntad popular”. Hay en su cultura política un apego atávico a la “ley natural” y una desconfianza de las leyes hechas por el hombre.

“Hay que buscar una salida extraordinaria ante un hecho extraordinario”, dijo el fiscal municipal de Río Cuarto, Julián Oberti, un hombre cercano a Llamosas y que busca alcanzar consensos con la oposición.

Qué significa buscar una “salida extraordinaria”? Muchas cosas, también una solución al margen de la ley y de la Carta Orgánica Municipal, decisión más cerca de la “voluntad del pueblo”, pero lejos del marco jurídico-institucional que debe regir en una sociedad democrática.

Es lamentable que este funcionario que debe hacer cumplir la Ley como el fiscal municipal, apele a expresiones retóricas ancestrales de la ley natural alejadas de las leyes hechas por el hombre. No existen otros mecanismos que los que prevén el orden legal.

También se habla y se dice que hay que consensuar “una solución política más que de tipo jurídico-constitucional”. Esto sería una prórroga del mandato de Llamosas, mediante un acuerdo político con los opositores hasta que se pueda votar, posiblemente en septiembre.

Las preocupaciones por la realidad social no se disipan destruyendo las instituciones que avalan e identifican al gobierno municipal, sino con la preservación de lo valioso que hay en ellas y el desarrollo de modelos confiables y progresistas.

Hay que recordar que el art. 19 de la Carta Orgánica establece que “las funciones del Municipio son irrenunciables. Ninguna autoridad del mismo puede delegar sus funciones en otra persona, ni un órgano de gobierno en otro sus atribuciones, salvo en los casos previstos en la Carta Orgánica, Es insanablemente nulo lo que cualquiera de ellos obre en consecuencia”.

Ello impide y preserva la institución municipal y que se tomen decisiones al margen de la ley. Todas las soluciones que surgen de la pandemia que agita a los ciudadanos de Río Cuarto están en la propia Carta Municipal.

Los mandatos del Intendente, concejales, tribunal de Cuentas y de todos los demás funcionarios políticos caducan el día 2 de julio del 2020. No por que se nos ocurra, sino porque esta previsto en el art. 55 de la Carta Orgánica Municipal: “Los miembros del gobierno Municipal son elegidos directamente por el pueblo de la ciudad. Duran cuatro (4) años en sus funciones y cesan el mismo día en que expira ese plazo…”. Es decir, el día 2 de julio del 2020.

Entre las atribuciones específicas del intendente (art 87 inc c) se encuentra la de convocar a elecciones municipales, pero en concordancia con el art 195 de la COM, esta convocatoria eleccionaria de autoridades se debe efectuar dentro de los 120 días antes de la expiración de los mandatos.

En síntesis, Llamosas no tiene permitido convocar a elecciones para otra fecha que no sea en los 120 días anteriores al 2 de julio, es decir cuando se cumplen los cuatro años de su mandato. La convocatoria a elecciones para el 29 de marzo, al suspender las elecciones, ha caducado. Fijar hoy una fecha para el día 27 de septiembre o cualquier otro posterior al 2 de julio del 2020, es una arbitrariedad manifiesta que no puede ser convalidada ni por el Tribunal Electoral ni la justicia.

A partir del día 2 de julio del 2020 con la caducidad de los mandatos de todos los funcionarios, se produce una acefalía de carácter total y de pleno derecho y solo cabe la intervención de parte de la Provincia, para que este interventor convoque a nuevas elecciones bajo las reglas de la Carta Orgánica y la Ordenanza Electoral municipal en el plazo que considere el municipio, hasta que asuman las nuevas autoridades elegidas por el voto popular.

Esta forma de buscar alternativas al margen de la ley es una enfermedad que destruye la moral de los pueblos y se extiende en todos los estratos sociales. Se trata de un tipo de estrategia política como una forma de ejercer el poder mediante el apoyo directo del pueblo sin mediación institucional.

La oposición, no se ha pronunciado sobre la eventual estrategia del Ejecutivo de consensuar “una solución política más que de tipo jurídico-institucional”, y su silencio habla por ellos. Muchos están especulando que les conviene políticamente y no en hacer cumplir la Carta Orgánica.

La “salida extraordinaria”  que propone Oberti y que avala Llamosas, cuenta con el silencio cómplice de la oposición, desprecia el orden legal democrático vigente para sustituirlo por una salida no prevista en el orden legal del municipio.

Decía Albert Camus en su obra la “La peste”, que las peores epidemias no son biológicas, sino morales. ¿Qué es lo ético en mitad de una epidemia? Luchar con “honestidad”. En esa batalla, el fanatismo ideológico solo estorba. No permitamos que “la peste” del coronavirus acabe aniquilando los valores.

El espíritu de la democracia nos sitúa en el umbral de los interrogantes. No nos dan respuesta, solo nos invita a que pensemos y recorramos nuestro propio camino dentro de la ley, porque los ciudadanos sólo echan de menos la democracia cuando no la tienen.