Por Guillermo Geremía

 “Yo prefiero que inviertan 1 millón de pesos en alimentos y ropa de protección para los miembros del equipo salud antes que comprar respiradores, salva mucho más”, de esta manera sintetizó el reclamo uno de los participantes de la multisectorial para la salud que se reunió en la mañana de ayer en la Municipalidad de Río. El encuentro presidido por el Intendente Llamosas puso cara a cara al comité sanitario con sectores sociales que se sumaron a trabajar en la emergencia. La asamblea sirvió para establecer cómo está preparado el sistema de salud público y privado para enfrentar lo inevitable, el aumento significativo de casos  de coronavirus y la demanda intensa de asistencia médica.

“Río Cuarto tiene una capacidad instalada bastante buena respecto a otras ciudades pero no tan buena para una pandemia”, opinó Gonzalo Luján, ex titular del PAMI hasta diciembre pasado. El hoy titular de Lephare Consultora consideró que “se necesita una coordinación completa entre el sistema público y privado de salud. Creo que los primeros casos se van a manifestar allí y por eso las ayudas debieran ir también al sistema privado”, dijo en declaraciones a La Gospel sin saber lo que se trataba en la reunión en el Palacio de Mójica.

El informe presentado sobre la base de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec y relacionado sobre el acceso al sistema público y privado de salud, determina que hay unas 125 mil  personas en Río Cuarto tienen cobertura de obra social, prepaga, seguros o planes. Estos demandan respuestas médicas en sanatorios, clínicas o policlínicos privados. Mientras que los restantes 45 mil habitantes del Imperio no tienen cobertura alguna y son los que acuden al Nuevo Hospital si tienen algún problema de salud. Solamente el 6,38% de estos últimos, unas 3.000 personas, integran el grupo etario de 60 o más años con mayor riesgo ante el contagio del coronavirus. “Río Cuarto tiene una foto inversa a otras regiones. La cantidad de población con cobertura médica es la enorme mayoría y en esa enorme mayoría se representan los grupos de riesgos de COVID 19”, según Luján.

Río Cuarto además del Hospital público, tiene 5 clínicas y sanatorios privados con una disponibilidad de 600 camas para internación. Hay 65 respiradores disponibles. Trabajan 2.500 profesionales de la salud (médicos y enfermeras) y unos 1.300 empleados. Pero no todos están en la línea de choque de la tarea diaria contra el coronavirus. Las guardias centrales, clínica médica y las terapias intensivas son los sectores que necesitan ser reforzados. “Habría que buscar un lugar donde se puedan internar a quien tenga la confirmación del virus pero que no necesiten asistencia respiratoria. Un lugar pensado para alojar a esas personas que no van a poder hacer la cuarentena en su casas por las condiciones en las que viven”, asegura el ex titular del PAMI que tras su paso por la institución se ha especializado en analizar las respuestas del sistema de salud.

Líneas de acción

En la reunión de ayer por la mañana se establecieron lineamientos que se aplicarán desde hoy. Las autoridades de salud pública provincial y municipal son las responsables de la organización estratégica de los recursos tanto públicos como privados. Habrá una mesa de coordinación para llevar adelante esas acciones. Hasta ayer los privados tenían un sistema de detección de casos en sus ingresos y de acuerdo con la gravedad los dejaban internados en sala común o en terapia. A quienes no tenían síntomas los enviaban en cuarentena a sus respectivos hogares. Esa tarea ahora será monitoreada por las autoridades sanitarias. Los efectores de salud acordaron que se está en la etapa de la transición de la pandemia en el país y que cuando sean superados los mil casos comenzará su aceleración exponencial y empezará a saturar el sistema. “Por eso es vital que la curva se acelere de a poco, para que los enfermos que se recuperan le den paso a los nuevos”, explicó uno de los médicos que estuvo en la reunión con el Intendente.

La segunda cuestión que se acordó abordar es la disponibilidad de recursos para mantener a la mayor cantidad de gente en sus hogares, sin que se vean obligados a tener que salir a buscar alimentos fuera de la casa. Para ello, diferentes instituciones intermedias y ONG se sumaran para coordinar esa asistencia diaria o hasta dos veces en la jornada para que la gente, sobre todo quienes no tienen recursos eviten salir a la calle a buscar ayuda. “Tenemos que evitar que el virus llegue a esos sectores porque si no será incontrolable”, dijo otro de los asistentes.

Por último se puso el acento en la necesitad de invertir en ropa e insumos para proteger a los equipos de salud que están constantemente expuestos al posible contagio. “No podemos darnos el lujo de perder un solo médico o enfermero, por no tener los elementos de prevención suficientes”, explico uno de los referentes empresarios. El sector privado espera que esos recursos sean aportados por el Estado dado que las clínicas y sanatorios vieron caer -como toda la economía- sus ingresos debido a que la gente dejo de ir a atenderse.

El desafío de la hora es articular sectores que repetidamente se enfrentaban de un lado y del otro del negocio de la salud. Saben que nos los une el amor sino el espanto de una pandemia que como un “pacman” amenaza comerse lo que más pueda sobre todo si no se está preparado. Los 30 días venideros serán la prueba de fuego para nuestro sistema de salud que ya no es público o privado, es el único que tenemos para enfrentar al COVID-19. Así son las cosas.