Elecciones 2020: el voto inseguro

Llegas a tu casa y cada habitación parece Bagdad después de un bombardeo. Ahí te das cuenta que ahora te tocó a vos. Debemos hablar del delito en primera persona tras que el fin de semana entraran a nuestra vivienda familiar ubicada en Banda Norte y se llevaran todo lo que pudieron. No fui el primero, ojalá que seamos los últimos, pero como con nuestras pertenencias, no estamos seguros.

Por Guillermo Geremía
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inseguroBanda Norte, una de las zonas  residenciales de Río Cuarto está acechada por un grupo de delincuentes que hace varias semanas violenta de manera organizada a las viviendas y que han puesto, a la cada vez más habitada jurisdicción, en estado de alerta. La falta de respuestas de las autoridades de seguridad ha hecho que esa  inicial alerta haya mutado a una comprensible histeria social.

El tema de la inseguridad siempre ha estado en el podio de las demandas sociales. A veces primero, otras segundo o tercero, desplazado por la economía y la corrupción según como los medios de comunicación “batan el parche”. Los políticos lo saben y actúan en consecuencia. La agenda electoral , a 20 días de las urnas, no tenía en los planes ponerlo en debate pero se terminó imponiendo a fuerza de repetición de los hechos. Ayer el Gobernador Schiaretti volvió a Río Cuarto a anunciar con su candidato Llamosas obras de cloacas para Barrio Alberdi pero el más requerido por los medios fue el Ministro de Seguridad, Alfonso Mosquera.

“Pondremos en ese sector de la ciudad y en todo otro lugar donde el mapa de calor así lo amerite, todos los recursos disponibles de la policía de la Provincia de Córdoba y lamentamos profundamente los hechos que han ocurrido”, respondió el funcionario con el rictus de malhumor indisimulable.

Con dos décadas gobernando Córdoba, el Peronismo claramente anota en el debe de su gestión no haber podido garantizar un esquema satisfactorio de prevención del delito. Tampoco es eficaz a la hora de perseguirlo y esclarecerlo. Cuando José Manuel de la Sota asumió como Gobernador la fuerza policial provincial tenía 12.000 efectivos. Con la última incorporación de 917 agentes ahora hay 22.000 miembros activos.  “Hemos alcanzado por primera vez las recomendaciones técnicas: un policía cada 625 habitantes”, afirmó Schiaretti. Según ese parámetro, la zona de la ciudad en conflicto debiera tener 112 policías asignados. La realidad es que hay cuatro móviles para patrullar la margen norte de Río Cuarto, la que más ha crecido demográficamente según los últimos censos.

“Por supuesto que nosotros creemos que la dotación de móviles y de agentes y de oficiales es suficiente pero lo vamos a reforzar porque indudablemente allí tenemos un problema y nosotros no queremos ni taparnos los ojos ni mirar para otro lado, nosotros estamos al lado de los vecinos que están pasando un mal momento”, afirma el titular de la cartera de seguridad provincial.

El problema no parece ser de cantidad sino de calidad. Las políticas de seguridad han sido en los últimos años más efectistas que efectivas. Hace tres décadas, dos fuerzas policiales se repartían la tarea. La Policía Federal y la Policía de Córdoba. Con las recurrentes crisis se fueron creando e instalando distintas instituciones de seguridad. Ahora tenemos Gendarmería y la Policía de Seguridad Aeroportuaria. La Provincia creo la FPA (Fuerza Policial Antinarcótico)  y la policial barrial. Además, la Municipalidad, con la llegada de Llamosas a la Intendencia, sumo el EPU (Ente Preventivo Urbano) una especie de guardia ciudadana. Al Estado Municipal no le corresponde intervenir en cuestiones de seguridad dado que la constitución consagra como órbita exclusiva en la materia a la Provincia.

La política también usa la seguridad y después no sabe cómo responder con la inseguridad. El problema no es de falta de móviles, ni de recursos,  ni de hombres. Es que la fuerza policial está integrada por una mayoría de hombres y mujeres que buscan una salida laboral. Mientras las organizaciones delictivas se profesionalizan, las fuerzas de seguridad son cada vez más agencias de empleo. Los delincuentes que están actuando en los robos en Río Cuarto claramente llevan las de ganar. Los políticos saben lo que está pasando.

“Si usted se refiere al último hecho que ha cobrado notoriedad, evidentemente allí se ha destruido un sistema de alarmas que estaba instalado en ese domicilio, es probable que haya habido una inteligencia para detectarlo, no me corresponde a mí sino a los fiscales determinar el alcance de la investigación . Pero no descartamos ninguna hipótesis. Nosotros estamos a disposición de la Fiscalía para propender a la identificación y el encarcelamiento de los sujetos que han cometido estos hechos. Estas verdaderas lacras de la sociedad, que indudablemente haya en la exclusión social muchas veces la escusa de su existencia, no lo negamos. Estas lacras de la sociedad que mortifican a la gente, en el único lugar que tienen que estar es en la cárcel”, manifestó con sobreactuado énfasis el Ministro Mosquera.

Impensadamente la inseguridad se insertó como eje de campaña. Anoche, Gabriel Abrile, candidato de Juntos por el Cambio, se instaló en la televisión a aprovechar el tema. El uso electoral de un “pandemia sin vacuna”  que nos mantiene “enfermos de bronca e impotencia”, no es el mejor paso para solucionar el problema. El delito no parece estar pensando en ideologías a la hora de actuar. Las respuestas deben buscarse, más que chicanearse con hechos delictivos, en la profesionalización del accionar del Estado para contrarrestar a los delincuentes.

Una sola certeza te queda después ser la enésima víctima del delito. Las fuerzas de seguridad no están capacitadas para combatir la inseguridad. A 20 días de elegir a quien te gobierna en la ciudad, tampoco estás convencido de que alguna fuerza política pueda cambiar lo que está sucediendo. También el voto es inseguro. Así son las cosas.