Deuda: FMI y Fernández aliados para la quita a bonistas

Todos hablan de la deuda. La misión del Fondo se fue con un guiño a la Rosada; la posición no es nueva. El Presidente contó que el organismo aceptó que sea el Gobierno el que haga el plan.

Por Gabriela Origlia

Negociar con la Argentina no es fácil. Las políticas de Estado se cuentan con los dedos de la oreja. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya lo sabe, tiene una maestría en el tema. Aun así le otorgó al país el crédito más grande de su historia (US$57.000 millones, de los que efectivamente desembolsó US$44.000 millones) y esta semana terminó la primera misión en la era Alberto Fernández.
Los funcionarios se fueron con un guiño a la Rosada: la quita a los acreedores privados debe ser importante. El Presidente ayer contó: “Decidimos hacer el plan de salida nosotros y el Fondo nos dijo que sí”.
En el medio, como siempre en la Argentina, hubo ruidos. Desde La Habana la vicepresidenta Cristina Kirchner apuntó directamente contra el Fondo durante la presentación de su libro “Sinceramente”. Aseguró que el préstamo que le otorgaron al gobierno de Mauricio Macri fue “ilegal” y consideró que el organismo “por lo menos debería establecer una quita sustancial” del capital que la Argentina debe devolverle porque el préstamo se realizó “violando el propio estatuto” de la entidad. Le salió al cruce el vocero Gerry Rice: “Puedo asegurar definitivamente que no hubo ninguna violación de las reglas del Fondo, que quede claro”. Pero ella, como es habitual, redobló la apuesta en su Twitter donde publicó un fragmento del estatuto y agregó: “sin comentarios. Los argentinos y las argentinas sabemos leer”.
Fernández añadió: “Lo que dijo Cristina es absolutamente consciente. Lo que yo quisiera y lo estamos logrando es tener un diálogo sensato con el FMI”. No parece muy sensato acusar de acciones ilegítimas al organismo con el que se busca negociar pero esa es la estrategia que el Gobierno está llevando adelante con la deuda, un discurso duro que incluye advertencias a los bonistas.
“Está claro que va a haber frustración de parte de los bonistas”, afirmó Guzmán, en su exposición en el Congreso hace una semana. En otras palabras, lo mismo que planteó el Fondo, que la deuda “no es sostenible” y llamó a que los acreedores privados hagan una contribución apreciable. Por eso ayer los números de los bonos y del riesgo país fueron negativos.
Como en la Argentina las voces nunca dejan de sumarse, volvió a escena el expresidente del Banco Central, Luis Caputo, quien salió a reivindicarla actuación Cambiemos en la negociación de la deuda. Elogió el cambio de criterio que expuso la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, en el Financial Times: consideró que esta nueva dirección del organismo reconoce que obstaculizó los intentos de la administración de Mauricio Macri de amortiguarlos efectos de la crisis de 2018.
Hasta ahora el FMI viene mostrando mejor sintonía con la administración de Fernández de la que se esperaba; después del comunicado hay analistas que interpretan que las exigencias serán moderadas en esta primera etapa mientras se espera que haya un acuerdo con los bonistas. Hay que ver, por supuesto, cómo sigue esa pulseada.
“No vamos a permitir que fondos de inversión extranjera marquen la pauta de la política macroeconómica”, les advirtió ya Guzmán. También aclaró que no habrá superávit fiscal este año y que supeditará el pago de la deuda al crecimiento económico. Por lo pronto, la forma en que se viene manejando el aumento a los jubilados y el anuncio de que habrá un descongelamiento de tarifas para algunos segmentos, son guiños hacia el Fondos.
El discurso se orienta a los votantes locales, pero hay disposiciones que no concuerdan con lo dicho. Los mercados –nombre genérico siempre usado para los acreedores privados- seguramente insistirán en ver el programa que en el oficialismo aseguran tener al detalle pero prefieren no contarlo. Jugar al póker, como graficó el Presidente.
El aval del FMI a una quita a los bonistas no es nuevo; las impulsa en todas las reestructuraciones como una forma de garantizarse su propio cobro aunque a mayor plazo. Fue un tema de fricción en el caso uruguayo y, finalmente, el país logró no hacerlas. Sólo prorrogó los tiempos. En cambio, será más tirante la discusión sobre el frente fiscal.