Iglesia y peronismo, parece que son lo mismo

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

No hay muchas dudas respecto a la situación económica. La cosa no arranca (en gran medida por los errores acumulados durante el macrismo) y la falta de expectativas no se puede camuflar pese al esfuerzo de algunos comunicadores o líderes de opinión oficialistas.
En ese contexto de vacas flacas, todo político recurriría a las mismas mañas de prestidigitador para ocultar lo evidente y desviar la atención a lo inconducente. Puede ser con gestos pequeños, que se suman poco a poco sin capacidad de cambiar realmente la agenda (las publinotas clickbaiteras sobre el look de las primeras damas son un clásico) o con grandes relatos que ayudan a dividir y concentrar bandos. Alberto va a ir por el aborto.
Mauricio Macri intentó ir por el mismo lado y no le funcionó: pese a ser el primer presidente que permitió que se debata el aborto en el Congreso (el proyecto se había presentado seis veces con Cristina Fernández, pero fue bajo el gobierno del ex Jefe de Gobierno porteño que obtuvo media sanción en Diputados) ayudó a reunir al peronismo y al progresismo en un único frente electoral.
El peronismo fue el espacio político (bajo una infinidad de denominaciones distintas) que frenó el proyecto en el Senado (aunque en el caso del ex oficialismo también aportaron muchos votos en contra).
Posteriormente, cuando se propuso incorporar la doctrina del fallo FAL al nuevo Código Penal, la presión de las provincias y de la iglesia empujó al macrismo a retirarlo, bajo el cálculo electoral de que podrían obtener de allí mayores beneficios que impulsando la despenalización en línea con la jurisprudencia.
Pese a las demostraciones de convicción abortista por parte de la pareja que elegida para el Poder Ejecutivo (sobre la que ya nos hemos referido desde este espacio en otras oportunidades) las necesidades políticas (por el fuerte apoyo de la iglesia a este gobierno, visibilizado por ejemplo en el Ministerio de Economía retwitteando una foto y una frase del Papa) han logrado morigerar la postura albertista.
Alberto ahora va por la despenalización, el mal menor. No es lo que prometió y no resuelve las inequidades que existen en la capacidad de acceso al aborto. Si alguna provincia los ofrece en los hospitales públicos, ¿viajarán las mujeres pobres desde otras provincias que defienden “la vida” a generar un costo económico en aquellas donde reciban la intervención?
Difícilmente gobernadores, iglesia y ciudadanos que votaron al Frente de Todos sean completamente ajenos a lo que pueda derivar de un proyecto que trate sobre la interrupción voluntaria del embarazo.
Ante la arremetida -discursiva- por el aborto, la iglesia convocó a una marcha para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. No es que no se pueda, ni que ese día pertenezca sólo a los “verdes” (aunque la conmemoración de hecho recuerda a las militantes anarquistas asesinadas por defender sus derechos, como hacen ahora las que apoyan el aborto legal). Es una provocación.
La iglesia demostrando su poder territorial, de movilización y de convocatoria el mismo día en el que las mujeres recuerdan a las que murieron en la lucha por un mundo más justo es una pulseada para ver cómo se decantará el gobierno, a la vez que pondrá en apuros a personajes como los curas villeros, Juan Grabois y tantos otros que suscriben al kirchnerismo y a la iglesia en simultáneo.
El peronismo y la iglesia se conocen hace mucho. Hasta el sofocamiento de los levantamientos carapintadas, integraban el ménage à trois con las Fuerzas Armadas en el que el pueblo pagaba los platos rotos cuando decidían pelearse.
Pese a las distancias, el peronismo y la iglesia se deben mucho y se necesitan en la misma proporción. Aunque la consigna con la que plantaron bandera naranja cuando desde la oposición criticaban a Macri fuese “Iglesia y Estado, asunto separado”, al final de tantas vueltas probablemente se terminará confirmando lo de siempre: “Iglesia y peronismo, parece que son lo mismo”.