“Jojo Rabbit”: el precio de la libertad

Detrás de un gesto aparentemente provocador del neozelandés Taika Waititi, en el filme candidateado al Oscar se esconde un artilugio al que el cine ha apelado en demasiadas ocasiones, que es la inclusión de un personaje infantil dentro de un escenario trágico.

rabbitCon una cartelera cinematográfica poblada por películas que recibieron nominaciones al Oscar, quienes deben afrontar los rigores veraniegos y disponen del dinero para abonar la entrada, cuentan con un menú de filmes por demás suculento. Y dentro de los manjares ofrecidos por las salas, resalta el largometraje “Jojo Rabbit”, que ha logrado repercusión mediática por el atrevimiento con que ha sido concebida la historia que narra. Que un niño alemán de apenas 10 años, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, tenga como amigo imaginario a Adolf Hitler, puede provocar escozor aún en las mentes de mayor amplitud ideológica.

Sin embargo, detrás de este gesto aparentemente provocador del cineasta neozelandés Taika Waititi, se esconde un artilugio al que la cinematografía ha apelado en demasiadas ocasiones, que es la inclusión de un personaje infantil dentro de un escenario trágico. De ese contraste entre la ingenuidad de la niñez y la perversión del mundo adulto, se han valido reiteradamente directores y guionistas para extraer historias que han hecho explotar la taquilla. Tal vez “La vida es bella” sea la obra paradigmática dentro de este rubro, y no en vano se ha comparado a “Jojo Rabbit” con aquella pieza de 1997 de Roberto Benigni.

La película de Waititi, que realiza guiños a la comedia negra pero también tiende lazos con el absurdo y lo naíf, logra conmover al espectador gracias a la astucia con que se han compuesto los personajes y sus circunstancias. Pero no pocas de esas situaciones derivan en golpes bajos que, más allá de conseguir un efecto inmediato, dejan un escaso incentivo para la reflexión una vez que se ha acabado el pochoclo. Que Hollywood busque por estos días recetas desopilantes para variar el sabor de sus productos, no significa que no encontremos en ellos los condimentos que ya hemos degustado tantas veces antes.

De hecho, la mirada del filme sobre los horrores del nazismo se desbalancea al proclamar que los personajes encontrarán la liberación de todos sus males al final de la contienda bélica, cuando en realidad Alemania debió padecer luego las calamidades de la Guerra Fría, con su territorio controlado por ejércitos de ocupación de las principales potencias. Si bien nada se compara al dolor del Holocausto, la división del país, la construcción de muros y las restricciones que sufrió la población germana después de 1945, difícilmente puedan entrar dentro del concepto de la “libertad” que ansía el pequeño Jojo Rabbit.