Llaryora, abocado a sostener un delicado equilibrio con el Suoem

La estrategia adoptada por el Palacio 6 de Julio para tratar con el sindicato municipal no satisface a los delegados peronistas que cohabitan el Suoem junto a una mayoría radical-juecista. Ellos preferirían que el Ejecutivo les facilite una avanzada rápida dentro de las estructuras orgánicas, mientras éste parece decantarse por cierto gradualismo a la hora de administrar tensiones.

Por Felipe Osman
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El peronismo llegó hace algo más de un mes al Palacio 6 de Julio y tardó muy poco en romper la inercia propia de todo comienzo de ciclo. Modificó el presupuesto propuesto por la gestión mestrista, introdujo reformas al código tributario y la ordenanza tarifaria, firmó diversos convenios con la Provincia y logró la aprobación de decenas de iniciativas entre las cuales destaca la Emergencia Municipal, que amplió considerablemente los poderes del indentente.

Estas facultades extraordinarias fueron decidas para conjurar la situación de crisis, pero también para posibilitar a la nueva gestión llevar adelante sus principales propuestas de gobierno. Una de ellas, la profundización de la descentralización iniciada por Rubén Martí con la creación de los Centros de Participación Comunal, tiene la particularidad de ser considerada primordial para la nueva gestión y, a la vez, ampliamente resistida por el sindicato municipal, que intuye que esta medida estará fatalmente acompañada de una reducción de su capacidad de cohesión y protesta.

Sin embargo no todo el Suoem se opone a la descentralización -que en una primera etapa estaría dada por la desconcentración operativa-. Un grupo minoritario de delegados peronistas está a favor de ella, y se ofrece además como un vehículo para conseguirla. Entienden que la desconcentración operativa puede resultar ventajosa y, además, que es inevitable. Y piensa que el Ejecutivo necesitará de su respaldo para implementarla, y espera  contar -a la vez- con el respaldo del Ejecutivo para llevarla adelante.



Este respaldo se daría facilitando su llegada a los puestos de mando medio dentro de los CPC para que, desde allí, ellos pudieran trabajar en la implementación de la desconcentración. Desde luego, esto supondría una avanzada sobre un sector mayoritario del Suoem, que dada la composición de la planta municipal está compuesto principalmente por radicales y juecistas, administraciones que condujeron los destinos del Palacio 6 de Julio durante los últimos 16 años.

El interrogante que esto plantea a la gestión liderada por Martín Llaryora es complejo. Facilitar la llegada de estos grupos a los mandos medios en los CPC podría ser valioso para avanzar en pos de la descentralización, pero hacerlo implica generar una nueva hipótesis de conflicto con el Suoem, y darle un nuevo “casus beli” detrás del cual cohesionarse.

Esta situación ya se ha planteado, y de momento el Palacio 6 de Julio parece inclinarse por evitar abrir un nuevo frente con el sindicato municipal. La estrategia sería avanzar gradualmente sobre el Suoem, buscando limitar paulatinamente los recursos que el municipio destina a los salarios. En esa dirección va la implementación de un nuevo régimen de pasividad anticipada que la declaración de emergencia hace posible, el receso decretado para enero y la reducción de contratos, junto a otras medidas y facultades otorgadas por la referida ordenanza.

Pero si la descentralización es realmente prioritaria, el conflicto con el sindicato podrá postergarse, mas no evitarse. Y la decisión de avanzar sobre las estructuras de mando medio que resistan la desconcentración en los CPC deberá llegar tarde o temprano. Habrá que estarse atento entonces al “timming” del Palacio 6 de Julio para administrar un conflicto con el gremio que parece inevitable.