Anuario político no exhaustivo

Se termina el año y viene bien recordar todo por lo que hemos pasado, en un recorrido no exhaustivo de todas las cosas que no nos han matado (y esperemos nos fortalezcan).

Por Javier Boher
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Ya está, amigo lector. Finalmente se terminó el año. Mañana aprovechamos el asueto para no pensar en todo lo que pasó, concentrándonos en bancar la dura parada que se nos viene. A ponerse la bombacha rosa, comer las doce uvas, brindar con un anillo de oro en la copa y todas esas creencias populares para que venga un 2020 como la gente y no un 2019 como el que pasó. Si no se acuerda se lo refresco.
En enero no pasó mucho, todos disfrutando las vacaciones preparándose para el año electoral que se avecinaba. Como todo un “trend-setter”, pionero en las tendencias de la moda, Roberto Lavagna se convirtió en el Geronte de las Sandalias cuando recibió a Mano dura Pichetto para armar un proyecto que duró menos que la imagen de esas medias de algodón con sandalias deportivas.
Febrero significó un punto de inflexión para Cambiemos. En Córdoba se trataron como si fuesen enemigos para concretar la ruptura del espacio y anticipar lo que iba a venir un poco más adelante.
Pese a todo, lo único verdaderamente importante de este mes fue el trágico fallecimiento de Natacha Jaitt, reina de twitter, que un tiempo antes había puesto nerviosos a varios famosos que estaban susanos con una red de pedofilia que había explotado en el fútbol juvenil (¿se acuerda de eso? Los jueces parece que no).
En marzo cierran las listas en Córdoba y Reimon Jr. sella su acuerdo con Ojos de Sorpresa Delorean. Se sentían que podían ganarle al call-center del hombre-niño Peña, aunque al final terminaron todos señalándose y acusándose de la derrota como cuando alguien se tira un gas en un ascensor. No olvidar que fue este mes que Sergio Denis cayó en una fosa, un golpe menos duro que el que le tocó al radicalismo cordobés un tiempo después.
Abril es el mes del arte: la Aforada de Recoleta presenta su libro y sale el trap de Juan, que quería ponerle onda de juventud a un candidato de 70 años, más cercano a las sandalias de Lavagna que al ritmo de moda entre los que usan el boleto educativo gratuito.
Dentro de esas obras de arte, hay dos casi cinematográficas: la fuga del Rey de la Carne Alberto Samid a un paraíso fiscal caribeño y la del ex secretario de comercio interior William Brown hablando de respetar al que roba con códigos. No es fácil escribir después de cosas como esas.
Mayo fue bisagra en Córdoba: Schiaretti fue el gran ganador de una jornada en la que el actual intendente de la capital no se pudo votar a sí mismo por no tener domicilio acá. Un fenómeno de la representación que trajo a un tipo del oriente piamontés a gobernar estos pagos. Mención de honor al tipo que quería ser gobernador y sacó menos del 10% en el distrito que gobierna por su amor propio.
También fue el mes del bombazo que a la larga se mostró más efectivo: Cristina y su renuncia histórica para ir como vice. La escondieron como panza en foto de instagram para que no arruine los planes de victoria. No olvidar que fue en este mes que balearon a un diputado nacional a pocos metros del congreso, símbolo de que estamos todos vivos de suerte.
En junio aceleraron todo, con Dady Brieva pidiendo Conadep del periodismo, porque pedir linchamientos y ejecuciones en plena Plaza de Mayo suena demasiado fuerte. Fue ahora que el monaguillo piquetero Juan Grabois se sumó al grupo de gente tolerante con los que encuentran cosas antes de que se pierdan, al decir que antes que cartonero él hubiese salido de caño.
Se consumó la muerte de Alternativa Federal, que pretendía ser un peronismo republicano (jijiji ¡como si existiera tal cosa!) al ir Pichetto con Gatricio, el gaucho del clóset con Lavagna y el tigrense taimado con la aforada de Recoleta. Más de uno se habrá cubierto de las esquirlas que lanzó la explosión.
Julio nos hizo recuperar la fe en el campo, cuando los gauchos corrieron a los veganos a rebencazos del predio de la rural. Toda la polémica porque tipos que no conocen otra cosa que comer carne, andar a caballo y arrear vacas se sintieron violentados por unos urbanos mimados tragasoja. Prepare el rebenque que los ecoterroristas veganos van a ir por Jesús María, bastión de la civilización cordobesa.
En agosto fue el terremoto de las PASO. Las encuestas pifiaron mal y de golpe nos la dimos en la pera. Corrida cambiaria el lunes y una moneda que se devaluó 30% de un plumazo. Por suerte apareció Luciana Salazar como analista política para echar luz sobre estos fenómenos.
Septiembre fue el mes del aniversario del fallecimiento de El Hombre del segundo peinado más famoso de Córdoba, al que recordamos por ser el primero que vio que con Cristina podía ganar y cumplir su sueño de la presidencia. Se quedó en la puerta.
Además fue el mes en el que el paro docente de Chubut llegó a los medios nacionales y nos enteramos que -sorprendentemente- el gobernador peronista de una provincia peronista no cumplía su promesa electoral de suba de salarios, y poco le importaban los docentes peronistas, aunque apoyara a un candidato presidencial peronista que hace gala de ser profesor para que nos saque del pozo macrista. Coherencia pura.
En octubre casi llegamos al fin: fue el mes de dos debates de peor calidad que paraguas de la peatonal, antesala de una elecciones en las que las encuestadoras volvieron a pifiar como el Pipita en las finales. El profesor ganó por menos de lo que pensaba, en gran medida por la gira despedida que metió Miauri por sus bastiones electorales. Un poco de territorio y en el call de Marquitos se dieron con que en la política no hay mucho para inventar.
En noviembre volvió el cepo y llegaron las crisis de Chile y Bolivia, acusaron de violín al exgobernador Alperovich (un misterio de qué partido es, habría que preguntar) y la movida por una navidad sin presos políticos. La justicia hizo bastante para que la mayoría de los políticos presos pase las fiestas con la familia, disfrutando con la que nos sacaron a nosotros con el verso del costo de la democracia.
Finalmente llegó diciembre y nos enteramos que no somos solidarios y que por eso nos tenían que ajustar para sacarnos más plata. Se endureció el dólar y es más difícil conseguir un dólar que un pasaporte en Cuba. El profesor se armó un gabinete centralista y la aforada volvió a ser la que era, prepoteando a los jueces, corrigiendo al jefe de su bancada o usando las redes del senado como si fuesen cuentas personales, nada que no hayamos vivido durante la maravillosa década ganada.
Así llegamos al fin. No se amargue, amigo lector, que yo sólo traté de recordarle todo a lo que sobrevivimos este año. Para amargarse alcanza con pensar en lo que viene. Brinde con los que quiere y disfrute cada momento, porque en este país no se sabe cuándo le van a poner impuesto al brindis, a la familia, a las reuniones, a la alegría o al goce. Sea optimista: ¡Feliz año nuevo!