Ganadores y perdedores del cepo, que sigue

La anterior versión K de controles cambiarios fue endureciéndose a medida que pasaban los meses. Alberto Fernández lo mantendrá. Exportadores e importadores terminan golpeados; no hay certeza de qué pasará con el turismo ya que se habla de un impuesto para los que viajen al exterior.

Los controles cambiarios seguirán porque la escasez de divisas no se resolverá en el corto plazo; ya lo admitió el propio presidente Alberto Fernández y su ministro Martín Guzmán. En la versión 2012-2015, las limitaciones se fueron endureciendo progresivamente; en esta oportunidad ya es muy constreñido y, además, se impone el impuesto del 30% para determinadas operaciones y compra de divisas para ahorro.

En la etapa anterior de kirchnerismo los límites de acceso a la compra de divisas y giro de utilidades al exterior, se sumaron restricciones cuantitativas a las importaciones, prohibición de conversión a dólares los créditos hipotecarios, impuestos al turismo y vehículos de alta gama, entre otras medidas. En aquel momento el combo de medidas arrojó un set de sectores ganadores y perdedores.

La consultora Ecolatina hizo una radiografía sobre los ganadores y perdedores de esta medida. El principal sector afectado por el cepo fue el sector inmobiliario, debido a que sus transacciones se hacen en moneda extranjera. De hecho, en los cuatro años que duró el anterior control cambiario, las operaciones de compraventa de inmuebles en el Gran Buenos Aires (CABA + Provincia de Buenos Aires) cayeron 30%.

El golpe al sector puede ser aún mayor en el futuro, dado que en la actualidad se observa un encarecimiento de las viviendas junto a una caída del poder de compra del salario, ambos medidos en dólares. No obstante, algo a favor es que por el momento, está permitido acceder a créditos hipotecarios de hasta USD100.000, mientras que antes estaba prohibido.

Otros de los sectores perjudicados fueron los exportadores netos; aunque en el cepo actual rigen menores retenciones, la competitividad cambiaria se encuentra cercana al promedio histórico y la brecha cambiaria aún no es importante. Que los exportadores se configuren como claros perdedores del cepo dependerá de que vuelvan las condiciones vigentes en el pasado.

Por su parte, las industrias importadoras netas encontraron dificultades para llevar adelante su actividad en 2012-2015, debido a las restricciones de acceso al mercado divisas y, principalmente, a los controles cuantitativos a las importaciones que generaron faltantes de insumos.

Por último, las actividades que requieren grandes flujos de inversión para su desarrollo son otras de las afectadas por el cepo cambiario. Tal es el caso del sector energético que, ante la imposibilidad de girar dividendos al exterior, en un contexto de fuerte apreciación real del Peso, vieron recortadas sus inversiones. Vaca Muerta es un ejemplo.

Las restricciones al acceso de divisas en un contexto de alta inflación reducen las posibilidades de ahorro de familias y empresas, incentivando la sustitución de consumo futuro por presente. En este sentido, en el cepo 2012-2015 la imposibilidad de resguardar el valor de los ahorros en un activo seguro, incentivó la dolarización a través de la adquisición de bienes y servicios valuados al tipo de cambio oficial. En este contexto y sumado a un fuerte abaratamiento relativo de bienes y servicios provenientes desde el exterior, fue que la venta de vehículos importados y el turismo emisivo crecieron significativamente hasta que se impuso un impuesto.

La versión 2019 aún no presenta ni la apreciación real del peso, ni su consecuente brecha cambiaria, por lo que de mantenerse la situación actual, estos sectores no serían ganadores como en el cepo anterior. Los incentivos a redireccionar ahorros hacia los durables no son tan fuertes, debido que actualmente existen todavía herramientas que por lo menos otorgan un rendimiento a la par de la inflación, como es el caso de los plazos fijos ajustados por UVA o los bonos indexados (CER).

Por su parte, el turismo receptivo no fue un ganador en el cepo anterior, pero tampoco fue un claro perdedor. La pérdida de competitividad cambiaria desalentaba el ingreso de turistas extranjeros (Argentina estaba cara al dólar oficial), pero a la vez, la amplitud de la brecha incentivaba a los viajeros a liquidar sus dólares en el mercado informal, haciendo valer en mayor medida sus ingresos y gastando más en pesos. Esos dólares no ingresaban al circuito formal, debilitando las reservas del BCRA. La reciente devaluación posiciona de manera más favorable al turismo receptivo, por lo que, de mantenerse dicha competitividad, el sector sería uno de los ganadores.

Para la construcción privada el cepo tuvo efectos negativos sobre la actividad debido al fuerte desplome del sector inmobiliario: mientras menos unidades ya construidas se vendan, menos incentivos existen para la construcción de unidades nuevas. Pero, por el otro lado, la actividad se vio beneficiada con los controles cambiarios, perfilándose como una opción de reserva de valor dolarizada.

En el actual cepo, a esas condiciones hay que sumarle una mayor rentabilidad. En los últimos años subió el precio en dólares de las viviendas y se redujo significativamente el costo de la construcción en moneda dura a partir de la devaluación.