Mitre y Rosas felicitarían a Fernández por su gabinete

El gabinete anunciado por Alberto Fernandez ha dejado en claro que el balance de poder de la Cámara de Diputados no es accidental: acá también mandan los hombres de Buenos Aires.

Por Javier Boher
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Finalmente llegó el día en el que “el mejor equipo de los últimos 50 años” debe dejarle su lugar a otro equipo, que llega sin ningún título tan pomposo y con muchas menos pretensiones. Hasta ahora, todo parece indicar que sólo quieren hacer bien su trabajo para resolver los problemas que deja el macrismo, especialmente los económicos.

Sin embargo, algunos de los nombres anunciados por Alberto Fernández no parecen ser grandes incorporaciones que superen a sus antecesores, sino más bien dirigentes que han recibido algún tipo de recompensa por su pertenencia y apoyo. Aunque en algunos casos esto no aplica, probablemente sea el caso de la mayoría de los futuros ministros.

Para empezar a entender de qué se trata esto del nuevo gabinete, un mapeo rápido por las características básicas y fundamentales, edad, sexo, origen y formación. Si pensamos en la totalidad de ministerios, secretarías, empresas públicas y demás altos cargos políticos, hay 32 personas, de las cuales el 62% son hombres. Si tomamos estrictamente los ministerios y la Jefatura de Gabinete, sólo 4 de 21 son mujeres, el 19%. Qué lindo es cuando se predica con el ejemplo y se busca la paridad.

En lo que hace a la edad, el promedio está en 53 años, el promedio histórico desde el regreso a la democracia. Aunque hay jóvenes como el ministro de economía Martín Guzmán (37 años) en la otra punta está el ministro de salud Ginés González García, de 74. No hubo el tan esperado shock de juventud del que tanto se habló, ni tampoco un mix con dirigentes experimentados: si está en el promedio, tampoco es tan novedoso.

Donde sí hay grandes cambios es en la formación de base de cada uno: 23 de 32 altos funcionarios tienen una formación en derecho o ciencias sociales, que incluye economía, ciencia política, educación y antropología. Ese dato muestra mucho más de lo que parece, porque las ciencias sociales tienen una forma muy particular de ver el mundo.

El dato más interesante, sin embargo, es el que marca el origen territorial de los dirigentes. Sobre los 32 altos cargos, 22 son porteños o del conurbano: más de dos tercios de los miembros son de distritos que están a menos de 40km de Casa Rosada. Para que no parezca demasiado, hay seis bonaerenses, es decir, seguimos sin salir del distrito más poblado.

Finalmente, cuatro del interior para completar la nómina, un magro 13%. De esos, dos son rosarinos y uno cordobés. Considerando que Zannini (el crédito cordobés del alto funcionariado) es de Villa María, 31 de 32 están en un radio menor a 550km de Casa Rosada. Por suerte es un gobierno para todos, porque si no, casi que con estos números sería para decir que es exclusivamente de la región metropolitana.

Con estos datos, la estadística diría que el ministro promedio es hombre, de unos 53 años, abogado y de Buenos Aires, casi la imagen del futuro presidente. Mitre y Rosas lo felicitan desde la otra vida.

Si repasamos los números de la nota del viernes (que marca la concentración de las presidencias de bloque, interbloques y cámara como mayoritariamente bonaerenses) se puede ver un claro patrón para interpretar hacia dónde podría ir la acción del gobierno. Casi no hay representantes de los gobernadores, pero sí hay muchas redes con el conurbano.

Gabriel Katopodis, por ejemplo, es uno de esos nexos fundamentales. Como ex intendente de San Martín, desde el Ministerio de Obras Públicas será el encargado de “aceitar” la relación con los intendentes del conurbano a través del financiamiento de obras para sus territorios. Ese vínculo será clave para resistir las consecuencias de un deterioro de la situación económica.

El gabinete de Alberto sigue una lógica de coalición, en la que se trató de dar lugar a distintos socios en la formación de gobierno. Aunque todos abrevan en el peronismo, las distancia entre facciones es demasiado grande como para considerar que hay allí un único partido que se quiere hacer cargo de la gestión.

En la medida en la que empiece a surgir una nueva hegemonía dentro del justicialismo (o que se consolide y expanda la de Cristina Fernández) el gabinete irá adoptando un nuevo cariz. En los próximos meses se verá finalmente si La Cámpora (que hoy tiene ocho ministerios) crece para dominarlo todo, o cede espacio a otras facciones. Seguramente la clave esté en el éxito (o no) de la gestión de la economía, acaso la única variable realmente dura en un país demasiado acostumbrado a la inestabilidad.