Schiaretti futbolero: equipo que gana no se toca (mucho)

Juan Carlos Massei deja el Ministerio de Gobierno para pasar a desempeñarse como el responsable de Desarrollo Social. ¿Premio o castigo? No hay dudas de que Massei ha sido uno de los funcionarios claves en los últimos tiempos, por lo que la pregunta no se responde de buenas a primeras. Es probable que, para los tiempos que se vienen, pletóricos de tensiones y demandas sociales, el gobernador haya pensado en él como un bombero creativo.

Por Pablo Esteban Dávila

Equipo que gana no se cambia, reza un célebre aforismo futbolero que, con las pruebas a la vista, Juan Schiaretti ha hecho suyo. En efecto, el nuevo gabinete provincial anunciado ayer repite nombres de probada trayectoria junto al gobernador amén de algunas novedades interesantes, aunque módicas. Huelga decir que su diseño sigue siendo plenamente funcional al estilo de gobierno que lo caracteriza, tal como lo fueron las versiones de su primer y segundo mandato.
Debe decirse, antes que nada, que el nuevo gabinete es de su propia hechura. No hay transacciones con ningún grupo interno del justicialismo ni concesiones hacia Alberto Fernández. El hecho de que Eduardo Accastello se incorpore como ministro de ministro de Industria y Comercio es más un gesto unilateral de unidad de parte de Schiaretti que un intento de establecer un vaso comunicante con el kirchnerismo nacional. Además, era vox populi que el exintendente de Villa María ya había hecho las paces con el Centro Cívico aun antes de las PASO; para el establishment del Centro Cívico, él nunca dejó de ser un peronista cabal, amén de su pasada militancia K.
También afirma el estilo de conducción que el gobernador ha mostrado hasta ahora, firmemente asociada al control de la administración. La designación de Silvina Rivero como ministra de Coordinación es conteste con esta línea.
A diferencia de Oscar González, quién se desempeñó como jefe de gabinete en el tercer mandato de José Manuel de la Sota, Rivero no es una dirigente con vuelo propio. Sus atributos son más de índole administrativos antes que políticos, suficientemente probados en la Secretaría General de la provincia. Es una técnica minuciosa, con gran capacidad de trabajo y capaz de un control eficiente sobre las áreas que integran el Poder Ejecutivo. Schiaretti no piensa en ella como un relevo de sus propias responsabilidades, sino como una cancerbera capaz de velar por el cumplimiento de los objetivos del gobierno amén de las ambiciones del resto de los ministros.
La continuidad de Ricardo Sosa (Obras Públicas), Osvaldo Giordano (Finanzas), Sergio Busso (Agricultura y Ganadería), Omar Sereno (Trabajo) Walter Grahovac (Educación) y Jorge Córdoba (Fiscalía de Estado), pone de manifiesto el temperamento conservador al que se alude. Estos funcionarios están a cargo de áreas especialmente sensibles y deberán enfrentar desafíos inmediatos, tales como la caída en los ingresos públicos, las restricciones para nuevas inversiones o la suba en las retenciones agropecuarias. Hasta ahora han respondido a las instrucciones del gobernador; ¿para qué probar con nuevas alquimias?
Podría señalarse que la salida del hasta ahora titular de Salud, Francisco Fortuna, desmentiría esta idea. Sin embargo, es sólo una apariencia. Fortuna pasará a desempeñarse como presidente del bloque de Hacemos por Córdoba (es legislador electo) y fungirá como un contrapeso al presidente provisorio de la Legislatura, el influyente Oscar González. Es una movida táctica del gobernador, independientemente de los méritos adquiridos por el ministro a lo largo de estos años.
El reingreso al funcionariado de Oscar “pichi” Campana es una de las novedades a medias. El ex jugador de Atenas de Córdoba fue vicegobernador del propio Schiaretti en su primer mandato y es un miembro de pleno derecho entre la dirigencia peronista. El haber quedado fuera del nuevo gabinete hubiera sido la verdadera sorpresa, no su inclusión. Además, el cargo para el que ha sido apuntado -presidente de la Agencia Córdoba Deportes- lo devuelve a un ámbito en donde podrá desempeñarse con particular solvencia y desde el que intentará proyectarse hacia nuevos horizontes.
Tampoco el fichaje de Esteban Avilés puede reputarse como una primicia. Hace ya tiempo que el exintendente de Carlos Paz jugaba para el gobernador, bien lejos de su partido de origen. Era esperable que recalara en algún lugar interesante dentro del próximo gobierno, como lo es la Agencia Córdoba Turismo. Con su designación Schiaretti no sólo cumple con un compromiso que permanecía latente sino que honra, además, el recuerdo del también radical Gustavo Santos, quien tantas satisfacciones le prodigase como responsable del área hasta que fuera convocado por Mauricio Macri a finales de 2015.
A diferencia de los sectores que se comentan, la escisión de Seguridad desde el Ministerio de Gobierno sí podría ser conceptuada como una movida estratégica, atento a las demandas sociales sobre el tema. No obstante, también aquí el nombre es repetido. Continuará Alfonso Mosquera como el responsable, empoderado ahora como ministro del área. Más allá de la satisfacción por su designación, Mosquera deberá aceptar que, de todos sus colegas, será él el fusible más a mano cuando las aguas se salgan de cauce. El recuerdo de los destinos sufridos por Alejo Paredes y Alejandra Monteoliva (sus lejanos antecesores delasotistas) oficiará, en adelante, como una metáfora de lo azarosa que es su misión.
Tal vez quien más agradezca esta movida sea el próximo ministro de Gobierno, Facundo Torres. Para alguien que viene de la gestión pública y con ambiciones mayores, tener a cargo la Policía es siempre un presente griego. Torres será un colaborador eminentemente político del gobernador con obligaciones más cercanas a lo institucional (eufemismo para “la rosca” monzoísta) que a la gestión descarnada de recursos y metas fiscales. Es inevitable suponer, asimismo, que su nombre comenzará a asociarse a los relevos que se imaginan para el 2023 junto con el de Martín Llaryora, Manuel Calvo, Martín Gill o Juan Manuel Llamosas, un lote lo suficientemente numeroso como para que Schiaretti continúe digitando los destinos del justicialismo hasta su sucesor sea seleccionado in extremis de la gestión que habrá de iniciar en pocos días más.
Queda para el final del análisis el destino de Juan Carlos Massei, que deja el Ministerio de Gobierno para pasar a desempeñarse como el responsable de Desarrollo Social. ¿Premio o castigo? No hay dudas de que Massei ha sido uno de los funcionarios claves en los últimos tiempos, por lo que la pregunta no se responde de buenas a primeras. Es probable que, para los tiempos que se vienen, pletóricos de tensiones y demandas sociales, el gobernador haya pensado en él como un bombero creativo y, por que no, como un potencial Rubén Américo Martí (quien saltase a la fama desde aquella función en los tiempos de Eduardo Angeloz) o, más cercano en el calendario, como Daniel Paserini, flamante viceintendente de la ciudad. Lógico es suponer que no puede descartarse la potencialidad política de esta cartera, especialmente en épocas de señaladas estrecheces económicas.
Equipo que gana no se cambia, al menos, no demasiado. Es la estrategia que propone Schiaretti para enfrentar sus próximos cuatro años, amenazado por una crisis rampante y una Casa Rosada que no exuda ni amor ni paz.