Si baja la inflación, la ley de movilidad previsional complica las finanzas

El gasto en prestaciones sociales es clave para el sector público nacional. En el acumulado en los tres primeros trimestres de este año representó el 59,3% del global primario; sus principales componentes son las jubilaciones y pensiones y las asignaciones familiares y por hijo, que sumados representan el algo más de $4 de cada $5 de ese ítem que se ajusta con una fórmula que considera 70% por inflación y 30% evolución de salarios, ambos coeficientes rezagados un semestre.
Este gasto “ajustable” muestra una evolución menor a la de la inflación en los últimos dos años, por lo que, precisamente debido a su marcada importancia dentro del total de gasto, fue uno de los principales responsables del ajuste real del gasto primario en ese periodo, permitiendo en buena medida el logro de los objetivos fiscales.
Un trabajo del Iaraf que dirige Nadín Argañaraz analiza las posibilidades mantener la fórmula en medio de promesas del electo presidente Alberto Fernández de más aumentos a los jubilados de la base de la pirámide. El reporte indica que si se toma como referencia el valor más elevado del gasto nacional ajustable por movilidad (alcanzado en septiembre de 2017), cayó 30,3% en términos reales a noviembre. La baja será menor, lógicamente, teniendo en cuenta el aumento por movilidad del 8,74% que corresponde legalmente desde este mes.
Si se mantiene la ley de movilidad actual junto a un escenario de desaceleración gradual de la inflación (suponiendo que la inflación llegase al 38% para el final de 2020), habrá una recuperación del gasto ajustable (crecería un 12,3% al final de 2020 respecto del valor actual), con lo cual la caída de este gasto respecto de su valor máximo de septiembre de 2017 terminaría siendo del 13,9% en términos reales al finalizar el 2020.
Precisamente esta caída real del gasto ajustable por movilidad, permitió que el total del primario se reduzca tanto en 2018 como en 2019. Como referencia, de haberse mantenido el gasto ajustable constante en los valores de septiembre de 2017, el gasto primario nacional de 2019 hubiera resultado casi un 1% del PIB más elevado que el que se espera que terminará cerrando. Claramente, el resultado fiscal primario hubiera resultado más deficitario en una magnitud semejante.
Los “ahorros” por el ajuste real de la partida de gasto ajustable que permitió la ley de movilidad frente a una realidad de inflación creciente como la vivida en 2018 y 2019, tenderán a revertirse en caso que la inflación cambie de dirección. Al ajustarse la movilidad de manera rezagada un semestre, si se lograra un freno en la inflación, la particularidad en la fórmula de indexación generaría una recuperación real del gasto en jubilaciones y asignaciones ajustable, y por lo tanto un incremento relativo del gasto primario.
Por ejemplo, bajo un escenario macroeconómico de freno en la inflación gradual que la lleve al 38% al fin de 2020 y de caída en la actividad representada por una merma del PIB del 1%, la fórmula de movilidad vigente generaría un crecimiento anual del 0,3% del PIB en el gasto, que sumará presión a las necesidades de ordenamiento de las cuentas del próximo gobierno.
Para el Iaraf si el freno en la inflación es más acentuado, más pronunciado será el aumento en el gasto. Como referencia, si ante un mismo escenario de caída del PIB del 1% se lograra que la inflación baje al 25% al finalizar el año próximo, el gasto primario terminaría aumentando el equivalente a un 1,1% del PIB interanual (casi el cuádruple que con la inflación del 38%).
Toda la dinámica se vería exacerbada en caso de que una nueva política respecto al gasto ajustable disponga, por ejemplo, un “recupero” del valor real de estos rubros previsionales y de asignaciones familiares.
Tomando el ejemplo de una propuesta que trascendió durante la campaña electoral nacional, si se otorgara una recomposición del 20% sobre el gasto ajustable por movilidad, y se mantuviera la fórmula de movilidad actual, esto generaría para 2019 un aumento del gasto de $55 mil millones, equivalentes al 0,25% del PIB (la medida impacta en diciembre solamente, con el nuevo gobierno); mientras que para 2020, en un escenario como el ya planteado, con un 1% de caída del PIB y reducción gradual de la inflación hasta alcanzar un 38%, el gasto primario y también el déficit fiscal, crecerían 1,8 puntos del PIB en comparación con el que cerraría 2019.
Si se diera esta realidad, la recuperación del gasto ajustable por movilidad sería tal que el mismo resultaría en diciembre de 2020 un 3,4% real más alto que su valor máximo que, como se dijo, se verificó en septiembre de 2017.