Se acerca la hora

Entramos en la recta final para el cambio de gobierno, en donde todas las elucubraciones van a desaparecer cuando asomen las certezas.

Por Javier Boher
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¡Buen día, amigo lector! Qué fatiga cuando llega el fin de año, que todo el mundo anda cansado, chinchudo, transpirado y deseando que se multipliquen las despedidas de un año que ha estado más duro que fernet de fin de fiesta.
Entramos en los últimos diez días de la gestión Gatricio, que salió a decirle al Profe Alberto que le dejaba una “vara alta”, que no se sabe si es por la inflación de más de 50% anual, el dólar que recibió con edad de primaria y entregó con edad jubilatoria o la pobreza que quedó en la banda alta del valor histórico.
La semana ha sido de lo más cargada, con Alperovich engrosando el registro de amantes forzados del kirchnerismo, la marcha pidiendo una “navidad sin presos políticos” o las idas y vueltas con el staff que va a suceder al mejor equipo de los últimos cincuenta años (capaz que al truco o al voley playero, porque lo que es la gestión estuvieron más flojos que el Belgrano de Osella).
La rosca de estos últimos días (con todos los rumores sobre el armado del gabinete y el resto de los puestos públicos) no nos ha dado respiro por lo que parece una ofensiva ultracristinista sobre las aspiraciones del albertismo, los gobernadores, el tigrense taimado y el resto de los que pensaron que la parca patagónica podía volver con intenciones de revivir la República en lugar de rematarla. Por lo menos la excusa para los que creen en Papá Noel y en los reyes magos es la inocencia de la infancia, estos no tienen ninguna más o menos razonable.
Si es verdad esa frase de que la venganza es un plato que se sirve mejor frío, Cristina lo dejó en la heladera por cuatro años. No se privó de pasarle factura a ninguno, haciendo gala de aquella frase de Mirtha Legrand de que no es rencorosa, sino memoriosa. Capaz Caserio sepa algo de eso, habría que preguntarle.
El copamiento que está haciendo el kirchnerismo duro de la plantilla estatal es una muestra de que se vienen momentos duros a futuro, además de un casi seguro conflicto de poderes. Mientras el Profesor parece estar más cercado que pata ‘e lana sorprendido en departamento, hay algunos indicios de que están preparando la trinchera desde la que lanzar la contraofensiva.
Seguramente un lector ávido y sagaz como usted no se pasó por alto los rumores de la nueva Superjefatura de Gabinete, a la que le quieren meter más funciones que a cortaplumas chino. Parece un dato menor, pero créame que ahí está la papa.
El que suena para suceder al Hombre-niño Peña es Santiago Cafiero, apellido de la nobleza justicialista y pintón como el abuelo. Como dato de color, será otro politólogo para el cargo, algo raro en un país en el que los abogados tienen el monopolio de la política.
A nivel de vicejefe arranca la rosca, con el Chino Navarro armando con la misma pasión con la que los nenes agarran los Lego. Hay que recordar que los muchachos del Evita fueron los primeros en abandonar del Kirchnerismo después de la derrota de 2015, depegándose más rápido que etiqueta de porrón transpirado.
En ese lugar se daría contención a los heridos de esta repartija de cargos, que parecen que van a ser varios más que lo que pensaban. Ya van duplicando las funciones estratégicas del estado para gestionar el poder, una especie de casa de acogida de dirigentes huérfanos y maltratados.
La movida es más o menos fácil, porque aunque la Aforada de Recoleta y su vástago van a controlar el poder legislativo (y por extensión el judicial) a las decisiones del presidente las acompaña con su firma el Jefe de Gabinete. Ese tándem es clave para manejar la lapicera.
Después podremos hablar de que el Senado da acuerdo para el nombramiento y puede proponer una moción de censura para removerlo (en ese intento de hacer un semipresidencialismo que mandó Alfonso el bueno con la reforma del ‘94), pero sería medio difícil que arranquen no poniéndose de acuerdo en eso. Si esa fuese la situación habría que empezar a prepararse para lo peor.
Hasta acá llegamos, amigo lector, contando los días que faltan para conocer cómo van a ser los próximos cuatro años. Esto va a ser como cuando se empieza a leer un libro, que de el primer párrafo ya se sabe más o menos cómo va a venir la mano. Estemos atento a los detalles.