El mapa que lee el albertismo y una factible junta con Schiaretti

El 17 de noviembre el peronismo festejará el día del militante en Buenos Aires. Antes de esa fecha habría una reunión entre Schiaretti y Fernández para reconducir una relación trastocada por la campaña. En tanto, el albertismo lee el mapa de los gobernadores separándolos entre fieles, aliados y opositores.

Por Felipe Osman

El peronismo se prepara para celebrar su día de la militancia el próximo 17 de noviembre, conmemorando el regreso de Perón a la Argentina tras 18 años de exilio, en 1972. Antes de que llegue ese día, y aunque seguramente el gobernador Juan Schiaretti no sea de la partida que se reunirá en Buenos Aires para festejar (tampoco lo sería Juan Manuel Urtubey), el albertismo espera haber nivelado sus relaciones con todos los gobernadores peronistas. Y esto implica, indefectiblemente, una reunión con el mandatario provincial.

Aunque aún no ha habido confirmación oficial, múltiples versiones de fuentes allegadas tanto al gobernador como al presidente electo apuntan que esta junta se dará, que sucederá durante la primera quincena de noviembre, y que tendrá lugar en Buenos Aires. Seguramente, en las oficinas de calle México (San Telmo) en las que Alberto Fernández ha fijado su base de operaciones hasta su desembarco definitivo en Balcarce 50. Y lo cierto es que un acercamiento entre Schiaretti y Fernández, pasadas las elecciones, parece lo más conveniente para ambos.

Tras un resultado contundente, pero mucho menos amplio de lo que se esperaba, el presidente electo debe pensar en cómo construirá entre los gobernadores un andamiaje que lo respalde ante la presumible interna que existirá puertas adentro del Frente de Todos. Y el gobernador, por su lado, necesita un acercamiento a Fernández para descomprimir tensiones con sectores del PJ que recriminaron su falta de apoyo al entonces presidenciable durante la campaña electoral.
Se descuenta que la junta tendrá un tono institucional, como el que el gobernador habitúa adoptar, y que desde Córdoba se buscará poner de resalto el perfil de Schiaretti como una mandatario comprometido con la gobernabilidad por encima de cualquier compromiso partidario, tal y como sucedió durante el mandato de Mauricio Macri.

Atento la construcción de una red de contención entre los mandatarios provinciales, por su parte, el albertismo estudia cómo quedará constituido el mapa de gobernadores junto a los que Fernández deberá gobernar, y distingue entre ellos a aquellos de los que espera mayor fidelidad, aquellos en los que espera encontrar un respaldo a cambio del cual el gobierno central deberá hacer algunas concesiones, aquellos gobernadores no peronistas con los que puede cultivar una relación de mutua conveniencia y, finalmente, aquellos que seguramente ejercerán un rol de lisa y llana oposición.
Entre el primer pelotón, los “fieles”, estarían el tucumano Juan Manzur (que aspira a ser Jefe de Gabinete o ministro del Interior de Fernández); Raúl Jalil, gobernador electo de Catamarca; Ricardo Quintela, gobernador electo de La Rioja; Gildo Insfrán, gobernador de Formosa; Mariano Arcioni, gobernador de Chubut; Sergio Zilotto, gobernador electo de La Pampa; Gustavo Melella, gobernador electo de Tierra del Fuego; Alicia Kirchner, gobernador de Santa Cruz; y Alberto Rodríguez Sáa, gobernador de San Luis.
Todos estos mandatarios habrían comprometido un respaldo férreo a Alberto Fernández, y muchos de ellos mantendrían con el presidente electo un vínculo incluso más estrecho que con CFK, con las probables excepciones de Alicia Kirchner y Alberto Rodríguez Sáa. En otro grupo estarían los peronistas ofrecerán su respaldo a Fernández, pero de una manera más condicionada. Entre ellos cuentan a Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén; Jorge Capitanich, gobernador electo de Chaco; Axel Kicillof, gobernador electo de Buenos Aires; Omar Perotti, gobernador electo de Santa Fe; Gustavo Bordet, gobernador de Entre Ríos, y Juan Schiaretti.

La diferencia entre estos mandatarios y los del primer grupo radica, principalmente, en la posición en que se encontrarían ante una negociación con el poder central. Gutiérrez está sostenido por el Movimiento Popular Neuquino, un exitoso partido provincial que ha ganado todas las elecciones desde 1962 a la fecha, y dirige la provincia en la que se emplazan las principales explotaciones de Vaca Muerta, el yacimiento petrolífero del que el Gobierno Nacional espera valerse como uno de los principales ingresos de divisas al país en los próximos años. Perotti, Bordet y Schiaretti son aliados naturales de Fernández, pero comandan importantes distritos electorales enclavados en zonas de gran producción agropecuaria y prestarán particular atención a la relación que el Frente de Todos entable con el campo.

En otras palabras, no se pelearán con su electorado. Kicillof gobernará el principal distrito electoral del país y lo hará desde una posición mucho más cercana a la de la ex presidenta que a la de Fernández, y es de esperarse que lo mismo suceda con Capitanich, que tuvo un gran respaldo de CFK en su interna con Domingo Peppo, actual gobernador de Chaco que aspiraba a reelegir y que contó, en un primer momento, con el apoyo de Fernández. En el tercer pelotón se cuentan los mandatarios no peronistas con los que Fernández espera cultivar una relación provechosa, y entre ellos están el santiagueño Gerardo Zamora, el misionero Oscar Herrera Ahuad, y la rionegrina Arabela Carreras. Fernández espera que Zamora reedite la pata de radicales K con la que una vez contó el Frente para la Victoria.
Carreras pertenece a un partido provincial que conduce Alberto Weretilneck, actual mandatario rionegrino que rompió con el justicialismo de Río Negro, conducido por los Soria. Ahuad está en una posición similar y responde a Carlos Rovira. Finalmente, como francos opositores, se espera que oficien Horacio Rodríguez Larreta, Jefe de Gobierno de Capital Federal y único dirigente del PRO que conservará un distrito electoral de peso; y los radicales Gerardo Morales (Jujuy), Gustavo Valdés (Corrientes) y Rodolfo Suárez (Mendoza), electo como sucesor del actual gobernador Alfredo Cornejo.

Esta es la composición de lugar que imagina el albertismo tras su desembarco en la Casa Rosada, aunque queda aún por definirse un aspecto central en la relación entre Alberto Fernández y los gobernadores: el nexo.

Habitualmente es el ministro del Interior quien asume esta función. Los gobernadores prefieren a un peronista puro para el cargo, el albertismo un hombre de máxima confianza del futuro presidente, y el kirchnerismo un leal a Cristina que vigile la construcción entre Fernández y los gobernadores. Suena para el cargo, en este último supuesto, el dirigente camporista Eduardo “Wado” de Pedro.