La “trinidad imposible”, el nuevo concepto de la economía argentina

Hace referencia a la imposibilidad de alcanzar de forma simultánea los objetivos de estabilidad cambiaria, control de la política monetaria y libre movilidad de los mercados de capitales. Lacunza descartó nuevos controles, pero los analistas tienen otra mirada.

“Trinidad imposible” eligió el economista Gustavo Reyes (Ieral) para subrayar la imposibilidad de alcanzar de forma simultánea los objetivos de estabilidad cambiaria (sin un cepo XL como el que rige actualmente), control de la política monetaria y libre movilidad de los mercados de capitales. De esta forma, cuando las autoridades priorizan dos deben resignar el control de la política monetaria, como ocurre en los países de la eurozona.
En un trabajo, Reyes sostiene que cuando el objetivo es el control de la política monetaria y la libertad en los movimientos de capitales, entonces debe sacrificarse la estabilidad cambiaria. Los países con metas de inflación y tipo de cambio flotante son los que encuadran en este casillero, caso de Chile. En cambio, el control conjunto del tipo de cambio oficial y la política monetaria solo es posible cuando se restringe el libre movimiento de capitales. Este es el modelo que da origen a los cepos, cuyo caso extremo es el de Venezuela.
Hace unos días, el ministro Hernán Lacunza también desestimó que se estuvieran analizando nuevas medidas de política cambiaria. Diez días después instaló el cepo más profundo de la historia, con acceso de sólo US$200 mensuales por personas por mes si tiene cuenta bancaria.
Reyes explica que dado que los controles de capitales reducen el financiamiento externo del país, los déficits de cuenta corriente terminan siendo financiados con reservas del Banco Central. Cuando éstas llegan a un nivel crítico, la autoridad monetaria se encuentra obligada a devaluar, perdiendo la estabilidad cambiaria.
Por otro lado, apunta, la inflación tiende a superar a la variación del tipo de cambio oficial, lo que termina aumentando la brecha cambiaria y las expectativas de devaluación. Esto afecta negativamente la demanda de dinero, lo cual erosiona el control de la política monetaria por parte del Banco Central.
“A pesar del éxito inicial, los controles cambiarios nunca terminaron con los problemas que los originaron. Solo el lanzamiento de programas económicos integrales permitieron que los problemas se volvieran manejables y que los controles de capitales pudieran ser removidos”, señala. Por estos motivos, en la medida que Argentina no resuelva el problema del déficit fiscal, de la inflación y del endeudamiento, resulta difícil que los actuales controles puedan ser revertidos y que no terminen de igual forma que en el pasado. “Los argentinos ya hemos visto muchas veces esta película; ojalá esta vez podamos cambiar el argumento y llegar a un final diferente”, agrega.
Repasa que el cepo cambiario entre fines del 2011 y 2015 no fue la única experiencia en controles cambiarios que ha tenido nuestro país. A lo largo de su historia, Argentina tuvo numerosas experiencias de restricciones a los movimientos de capitales. Advierte que en la mayoría de estos casos, la política monetaria terminó financiando el déficit fiscal mediante el impuesto inflacionario.
A efectos de no espiralizar la evolución de los precios, las autoridades atrasaron el tipo de cambio respecto de la inflación generando caídas en el tipo de cambio real y déficit en la cuenta corriente, describe.
Dado que los controles de capitales reducen el financiamiento externo del país, los déficits de cuenta corriente generalmente tienen que ser financiados con reservas del Banco Central. Cuando estas últimas llegan a un nivel crítico, la autoridad monetaria se encuentra obligada a devaluar perdiendo la ansiada estabilidad cambiaria (del tipo de cambio oficial). Por otro lado, la existencia de tasas de inflación más altas que las de variación del tipo de cambio oficial, terminan aumentando las brechas cambiarias y las expectativas de devaluación. Estas variables afectan negativamente la demanda de dinero de la economía, lo cual reduce también el control de la política monetaria del Banco Central.