Un imperio fantasma

Tan difícil es entender ciertas maniobras financieras a escala global, que el cineasta Steven Sodebergh se tomó el trabajo de convocar a figuras como Meryl Streep, Gary Oldman y Antonio Banderas para realizar “The Laundromat”, una película sobre los Panamá Papers.

Por J.C. Maraddón
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Hace poco más de 40 años, el teórico literario canadiense Marc Shell publicaba un volumen titulado “La economía de la literatura” que, en vez de envejecer, cada día que pasa parece más actual. En ese libro, entre muchos otros aportes, Shell subraya que la acuñación de la moneda y la filosofía surgen más o menos al mismo tiempo y en idéntico lugar: siglo VII a.c. en la Antigua Grecia. Y evalúa que, por supuesto, esta coincidencia no es casual, porque en ambos casos se requiere de un procedimiento de abstracción en el que pueden llegar a encontrarse muchas similitudes.
Y es que el dinero, en última instancia, es un símbolo de todo lo que podemos comprar con él, y en determinado momento apareció como una necesidad ante los inconvenientes que suscitaba el mecanismo del trueque. Después, con el capitalismo, ese dinero representó para el productor la medida de su ganancia y para el obrero el pago correspondiente al aporte de su fuerza de trabajo. Pero el invento del crédito, que posibiltó a quien lo otorgaba realizar un negocio redituable sin involucrarse en el proceso productivo, promovió que la moneda se reprodujera por sí misma, casi como en un acto de magia.
Este mecanismo, que hoy se encuentra en estado floreciente en todo el mundo y que amenaza con poner a la humanidad al borde del caos social y político, implica un nivel de abstracción aún mayor, porque desaparece esa referencia (bienes, servicios, mano de obra) de la que el dinero ya no necesita. Es evidente que los flujos de información virtuales que circulan por todo el planeta han contribuido a que esto ocurra, en cuanto el intercambio de billetes a través del sistema bancario online permite que los trámites sean inmediatos y que no requieran de un lugar físico donde realizarse.
Estos circuitos, a los que de manera hipócrita se suele denominar “el mercado”, poseen una complejidad que está fuera de la comprensión del ciudadano común, que además tampoco podría participar del juego debido a las grandes sumas que se manejan. Mientras en su vida cotidiana, la gente se esfuerza por garantizar su supervivencia mediante la retribución de su esfuerzo laboral (si es que todavía tiene trabajo), en la dimensión especulativa se transfieren y retiran fondos millonarios, por vía de operaciones que buscan evadir las restricciones legales, muchas de las cuales no rigen en determinados territorios a los que, no sin ironía, se llama “paraísos”.
Tan difícil es entender estas maniobras financieras, que el cineasta Steven Soderbergh se tomó el trabajo de convocar a figuras como Meryl Streep, Gary Oldman y Antonio Banderas para realizar una película sobre los Panamá Papers, un escándalo de grandes proporciones que desnudó el lado oscuro de la economía global. En “The Laundromat”, que está disponible en Netflix, Soderbergh procura ofrecer una explicación entre didáctica y tragicómica sobre lo que ciertos inversores hacen y deshacen, mientras la mayoría silenciosa marca tarjeta y ruega que la empresa donde desempeña sus labores sobreviva a la reconversión.
Pero, a pesar de que Oldman y Banderas nos enseñan en tono de maestro ciruela cómo dos abogados de un bufete panameño crearon un imperio fantasma gracias a capitales de dudoso origen, tampoco los trucos que utilizan resultan fáciles de entender para quienes sólo saben administrar un sueldo cada vez más exiguo. Y, en su afán de clarificación, “The Laundromat” oscurece su valor cinematográfico, que termina reducido a una sucesión de sketches unidos por la verba de los dos parlanchines. El mensaje político, en cambio, es potente y claro, en sintonía con el espíritu que impera en este Hollywood combativo de los tiempos de Donald Trump.