De jugadas y jugarretas

No me robe, amigo lector. Disculpe que lo trate así, debe ser que se me contagió la paranoia esa que le agarró a los votantes macristas de que el fraude estaba en todos lados.

Por Javier Boher
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No me robe, amigo lector. Disculpe que lo trate así, debe ser que se me contagió la paranoia esa que le agarró a los votantes macristas de que el fraude estaba en todos lados. Un poco más y dormían con las llaves del auto atadas a la muñeca para que no se las robe la pareja durante la noche.
Es muy loco eso de ser gobierno y salir a militarle a tus militantes que los que no son gobierno te van a robar la elección. Es como que yo amenace a mis hijos con que los va a venir a retar el vecino para que ellos se coman toda la comida: ¡para que eso pase primero yo le debería abrir la puerta!.
Piense por un segundo lo descabellado del planteo: “incautamos quichicientas toneladas de drogas a los narcos más peligrosos del mundo para que camines seguro, pero no podemos garantizar que la elección sea transparente”. Está mal decirlo tan crudamente, pero si sos gobierno y te roban una elección, o te faltan luces o te faltan ganas.
Tristemente, lo más probable es lo primero, porque realmente se pusieron las pilas para capacitar fiscales y armar una estructura que los ayude a controlar a lo largo de la jornada, algo para aplaudir. Hubo gente que se sumó y acompañó, pero no se puede hacer mucho si los funcionarios flaquean en sus obligaciones en lo referido al sistema electoral. Básicamente, no sólo determinar que uno gane, sino también que los otros se convenzan de que perdieron.
Acá voy a hacer un pequeño paréntesis, amigo lector, porque en una de esas usted tiene mejor información y me puede responder: ¿no era que el radicalismo todavía podía poner un fiscal en cada mesa? Porque si no es así, no entiendo el berrinchito que hicieron los que salieron a romper la elección provincial porque, según ellos, no les daban lugar. Si hubo que salir a buscar voluntarios poco preparados porque su estructura es inuficiente, deberían agradecer que los dejaron sacarse una foto, muchachos.
Así como hace dos meses la noticia fueron los boca de urna (más operados que Oriana Junco), ahora el furor de las redes pasó por los videos y fotos de los supuestos actos de fraude. Sinceramente, hubo cosas escandalosas. No se confunda, que no digo de choreo, sino de desconocimiento absoluto de la ley electoral. Si la ley de gravedad no fuese un fenómeno natural, seguramente la mayoría de los argentinos andaría flotando por ahí, ni enterados de que existe.
Resulta que hubo polémica por el uso de documentos, por la forma en que se firman los sobres, por las acreditaciones de los fiscales partidarios o por cómo acomodaban a algún militante como presidente de mesa, básicamente LO MISMO QUE PASÓ SIEMPRE. Es difícil saber si es que no hay suficiente educación cívica o vieron demasiadas novelas turcas, pero lo cierto es que saben menos de elecciones que la Emperatriz del Calafate de humildad.
“Le llevaron la urna al auto” dijo uno por twitter. Y si, amigo, es más fácil eso que cargar a un parapléjico como una bolsa de papas por dos pisos hasta la mesa. Está bien que ahora hay cuarto oscuro adaptado, pero vaya a saber usted si los habilitaron en todos lados. Además, ¿un voto medio jugado justifica tener menos alma que la defensa que le dio el ascenso a Belgrano?. No suena muy empático.

¿Y en Córdoba cómo anduvimos?
No hay que darle tantas vueltas, amigo lector. Si hay un lugar en las antípodas de La Matanza, ese lugar es Córdoba Capital. No hay con qué darle. Es lógico, también: cualquiera que haya vivido el caos de 2013 está convencido de que no quiere saber nada con que vuelvan los que abandonan más que Gago.
La elección del Capitán Beto fue considerablemente mejor que la que podría haber hecho la Silenciosa de Recoleta: ¿cuánto votos cree usted que podrá haber sacado la que bailaba mientras desde acá le mandaban mensajes por tuiter, wasap, señales de humo y palomas para que mande a la gendarmería que está apostada en Jesús María?. Hasta en ómnibus de línea podrían haber llegado al toque.
El sello del kirchnerismo te fulmina. Si no pregúntele al “no tengo puntos” Giacomino, que lo inmolaron con la boleta del Frente para la Victoria así no le revisaban el ADN K a la verdadera lista del entonces oficialismo nacional. Con los votos que juntó esa vez el soldado no ganaba ni en una reunión de consorcio.
Por eso, amigo lector, aunque muchos insisten en que el gobernador Schiaretti hizo mal en no jugarse por un candidato peronista, es muy difícil sostener eso. Qué quiere que le diga, para mí la novela con Caserio era más para consolidar el voto delasotista a Alberto (y levantarlo un par de puntos) que para romper con una estructura de poder que lleva dos décadas reinventándose.
¿Se imagina usted al gobernador poniéndose del lado del bendecido por Cristina, cuando acaba de ganar una elección por paliza, recuperando la capital (del antikirchnerismo, además) después de más de 40 años?. A algunos podrá no gustarle este Schiaretti sin bigote, pero es el mismo que va a gobernar por tercera vez la provincia, sacando más votos que el De la Sota más popular de todos los tiempos. Seguro que de esto sabe algo.
Es comprensible que en la campaña se hagan los Pimpinela y crucen un par de palabras fuertes, pero al final todo termina como con aquellos: se pelean en el escenario, pero son hermanos cuando se bajan o cuando hacen el guión del espectáculo.
La elección seguramente dejará mucho para analizar, pero ya tendremos tiempo de hacerlo más en detenimiento. Mientras tanto, disfrutemos lo que quedó de esa fiesta de la democracia. Eso sí, ¡que después nadie se queje de la resaca!.