Otra vez la deuda, el modelo uruguayo y los deberes por hacer

Fernández sacó lo hecho por Uruguay en 2003 como una posibilidad cierta para la Argentina; Lavagna entiende que no habrá reperfilamiento sin quita. Sin el desembolso del FMI las complicaciones crecen.

Por Gabriela Origlia

La deuda sigue en el centro de la escena. El candidato Alberto Fernández la puso como eje de su discurso frente a los empresarios de la Fundación Mediterránea en Córdoba; Roberto Lavagna ante la Bolsa de Comercio planteó que es difícil pensar en una renegociación sin quita y el Ministerio de Hacienda canceló deuda con dólares que envió el Fondo Monetario Internacional para fortalecer las reservas. Un mix que muestra el nivel de complicaciones que atraviesa la Argentina.
“Nunca hablamos de no pagar ni de hacer una quita. Lo que decimos es: ‘para poder pagar, déjennos crecer’. Sino no hay forma”, dijo Fernández y apuntó a un esquema que se viene mencionando desde el anuncio de reperfilamiento: “No va a ser tan difícil hacer lo que hizo Uruguay: ganar tiempo y no hacer quita”. Lavagna está convencido de que la mirada desde afuera es más realista que la interna y -al igual que el economista Carlos Melconian- entiende que la renegociación será con quita.
El economista Ricardo Arriazu -uno de los más respetados de la Argentina- también abordó el tema de la deuda: antes de las PASO se suponía que iba a haber un rollover de las Letes del 30% este año y 0% en 2020 por lo que las necesidades de financiamiento era de US$ 31.000 millones, eso era lo que faltaba.
Después de las primarias, sin desembolso del FMI, las necesidades eran de US$5.000 millones y US$27.000 millones en 2020. Al reperfilar US$8.000 millones del 2019 que pasan al año próximo el nivel para entonces pasa a U$S35.000 millones. “Sin financiamiento ni reprogramación será muy difícil”, apuntó.
En el 2003 Uruguay complicado por el caos de la economía argentina enfrentó serias dificultades y, ante la imposibilidad de cumplir con los servicios de deuda, les propuso a los acreedores postergar los vencimientos sin quita de capital y manteniendo la misma tasa de interés. Quería evitar un default.
Los resultados fueron positivos y, desde entonces, Uruguay no paró de crecer. Lleva 15 años consecutivos de crecimiento económico al 4,7% promedio anual le permitió reducir la tasa de pobreza del 40% en el 2003 al 8% de la población en la actualidad. “Si Argentina hubiera tenido ese desempeño económico su Producto Bruto Interno (PBI) sería hoy un 22% superior al actual y su tasa de pobreza podría ser de un dígito como en Uruguay”, recuerda un estudio de la consultora Idesa.
Entre 2003 y 2007 Uruguay tuvo superávits primarios –es decir, el resultado antes del pago de intereses de deuda– equivalentes al 2,3% del PBI promedio anual; entre el 2008 y el 2012 los superávits primarios fueron 1,3% del PBI promedio anual y entre entre el 2013 y el 2018 tuvo equilibrio primario o, dicho de otra manera, déficit 0.
Es decir, hizo lo que desde hace décadas se plantea en la Argentina sin demasiados avances, una política fiscal responsable. En los primeros años, con altos niveles de superávit primario que luego se fueron relajando pero siempre respetando una situación fiscal equilibrada.
Ya la calificadora de riesgo Moody’s se sumó al debate por la deuda; ratificó que volverá a bajarle la nota a la deuda soberana luego del reperfilamiento. Su vicepresidente regional, Gabriel Torres, aseguró que “el default ya está” para las letras de corto plazo y dijo que la firma ya descuenta una reestructuración de mediano y largo plazo.
El estallido de la corrida en agosto y la debilidad política del Gobierno para encarar soluciones, determinó lo que ya se veía venir, que el FMI suspendiera el envío de los US$5.400 millones pendientes.
En ese contexto, Mauricio Macri sigue adelante con sus caravanas por diferentes ciudades del país -serán 30 en 30 días- y reparte promesas de diferentes ámbitos, incluida la economía. En Córdoba el paquete apuntó a las Pymes y los monotributistas y tomarán forma en dos proyectos de ley que irán al Congreso. Más allá de que lo planteado es necesario y útil, es impensable que saldrá en las próximas semanas; los legisladores también están en campaña.