Implosión de cuadros en el juecismo

Es poco probable que se mueva mucho el “orden de mérito” para el Congreso que arrojó el resultado de las primarias del 11 de agosto, pero si una banca está en vilo es la quinta de Cambiemos, en la que está Luis Juez.

Por Gabriel Osman
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El partido de Luis Juez viene drenando cuadros y votos prácticamente desde que apareció electoralmente, en 2003. Antes Partido nuevo, ahora Frente Cívico, el juecismo comenzó reclutando dirigentes con la misma lógica y requerimientos que empleados para la planta municipal. Su irrupción aluvional no fue distinta a los de partidos populares. Por más que el estigma se le endilgue con exclusividad al primer peronismo, al partido radical tuvo la misma inorganicidad, aunque más lenta (25 años en la trinchera hasta su aparición triunfal tras la ley Sáenz Peña).
La gran diferencia es que el PJ y la UCR tuvieron (a escala nacional, obvio) un momento de organización. El Partido Nuevo o el Frente Cívico siempre fue Luis Juez. Unos aprovecharon su paso por el poder para estructurarse usando, como Juez, como plataforma la administración del Estado, municipal en el caso del cordobés. Esto sea, tal vez, la trayectoria errática y en zigzag del ex embajador en Ecuador. A tal punto que comenzó, aun considerando su opacidad ideológica inicial, un frente progresista de centro izquierda, para terminar doce años más tarde en la oferta más de derecha que propusieron los comicios de 2015, y también la alianza aquel año en una fórmula para la Intendencia capitalina con su acérrima enemiga Olga Riutort. En definitiva, caprichos personales no amortiguados o promediados con estructura dirigencial alguna.
Después de su estruendosa irrupción de 2003, ya en 2007, perdió a su compañero de fórmula de 2003, Daniel Giacomino, luego de hacerlo diputado nacional y luego intendente. En el mismo acto perdió a un referente del deporte como Héctor “Pichi” Campana, que fue a integrar, como vicegobernador, la fórmula del primer ciclo de Juan Schiaretti en la Provincia. En 1985, había sumado al ya desaparecido Francisco Delich en el tercer lugar en la lista de diputados nacionales, pero cuando chocó contra Giacomino, el dos veces rector de la UNC pidió licencia en la Cámara Baja y se sumó al gabinete del intendente y ex delfín suyo, como secretario de Educación.
Le siguieron en fila José Las Heras (ministro de Economía en el primer gobierno de José Manuel de la Sota) y Marcelo Cáceres, que desconoció a Juez y se fue como secretario de Gobierno de Giacomino. Lo demás es historia reciente. Le quedaron dos dirigentes de fuste de su momento inicial, Ernesto Martínez (en el Senado de la Nación desde 2015) y Juan Pablo Quinteros, que partió raudamente este año, desencantado por Juez y convencido por el vecinalista García Elorrio, desde donde ganó una banca en el Concejo Deliberante, que asumirá el próximo 30 de noviembre (los concejales asumen 10 días antes del recambio de intendente para realizar la sesión preparatoria y elegir a sus autoridades).
Las más recientes fugas son menos relevantes o, en todo caso, amigos ocasionales que llegaron en 2003 arrimados por la marea aluvional, pero que básicamente dan el perfil promedio de criterio para sus incorporaciones: periodistas, movileros y personajes surgidos a la consideración social por destacarse en alguna actividad de visibilidad pública.
Muchos de ellos llegaron a la política como se fueron, en silencio. Otros no están más por acogerse al retiro voluntario que hace más de dos años impulsó la vicepresidente Gabriela Michetti, aunque beneficiándose con una jubilación que más de un pasivo promedio de la actividad privada envidiaría: José Segura, Armando Fernández, Miguel Cabrera, María Miranda y Gustavo Valladores, entre otros. Ingresos asegurados y fin de militancia.
Quedan, sí, y en cargos importantes Juan Testa y Marcelo Sat, socios de su estudio jurídico, que están en Planta Permanente del Senado con la máxima categoría (1). Otra integrante del buffet es Fernanda Leiva (hoy vocal del Ersep). Los tres fueron candidatos a tribunos de cuentas, aunque solo el primero y el tercero fueron electos y asumirán el 10 de diciembre en el Tribunal de Cuentas Municipal.
En el nuevo ciclo institucional que se avecina le quedarán, por todo concepto, un senador nacional con dos años más en el cargo, dos bancas en el Concejo Deliberante y, por primera vez, ningún escaño en la Legislatura: en su alianza electoral con Mario Negri sólo “ligó” el noveno lugar (Walter Nostrala) y el undécimo (Daniel Juez, su hermano), pero esta entente colocó ocho diputados.
Es poco probable que se mueva mucho el “orden de mérito” para el Congreso que arrojó el resultado de las primarias del 11 de agosto, pero si una banca está en vilo es la quinta de Cambiemos, en la que está Luis Juez en persona. El futuro de la lánguida estructura que le queda depende, en gran medida, que el actual director del Instituto Nacional de Capacitación Política llegue otra vez a la “hamaca paraguaya”.