Buenos Aires reclama mayor acción al ala K (pura) del FdT

Desde las oficinas de Calle México entienden que, en Córdoba como en el resto de las provincias en las que Alberto Fernández centra su campaña, el kirchnerismo “puro” no muestra la misma constricción que el albertismo a los trabajos de campaña.

Por Felipe Osman
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A tres semanas de las elecciones generales se espera que los equipos de campaña y la militancia de cada espacio trabaje a todo motor, pugnando no sólo por el triunfo de cada una de las candidaturas presidenciales sino también por ubicar en la Cámara de Diputados la mayor cantidad de representantes posibles, e incluso -como la lógica de la política indica- por lograr el mayor caudal de votos posible, votos que aún sin convertirse en escaños siempre son traducibles en poder.
Esta es la lógica que impera en las oficinas de Calle México, bunker de Alberto Fernández, y es la lógica que explica el recelo que desde allí sienten por el actuar del kirchnerismo duro en algunas provincias, en las que no identifican el proceder de las tribus K con el de una fuerza seriamente comprometida con sostener los arduos labores de una campaña electoral.
Desde allí explican que en las provincias en donde Alberto concentra sus mayores esfuerzos, como es el caso de Córdoba, los referentes del kirchnerismo duro no corresponden organizando grandes actividades o actos de mediana concurrencia, sino que se limitan a plegarse a las actividades programadas por el albertismo, asistiendo a disertaciones del presidenciable o de emisarios del Grupo Callao, y poco más que eso.
Debe tenerse en cuenta que el objetivo de máxima del albertismo es romper el techo electoral del kirchnerismo -37 puntos- logrado por CFK en las elecciones de 2011. Cabe preguntarse entonces si el kirchnerismo duro ansía lo mismo.
Si se busca en la agenda de la campaña, destacan desde el albertismo, pueden encontrarse fácilmente actividades de mediana envergadura pergeñadas por sus armadores.
El partido Parte, conducido en Córdoba por el ex legislador Enrique Asbert, viene de realizar un plenario en el Art Decó la semana pasada en el que Marcelo Pascual concentró a unos 200 militantes a los que se bajó línea sobre cómo afrontar las distintas actividades de campaña.
Paralelamente, Parte organiza charlas a las que asisten referentes del Grupo Callao, algunos de los cuales suenan con fuerza para ocupar importantes cargos en el gabinete que imagina Alberto Fernández si -como se presume- logra hacerse con el sillón de Rivadavia. Una de estas charlas tuvo lugar ayer, con Nicolás Trotta -en quien muchos ven al próximo ministro de Trabajo o de Educación de la Nación- como orador principal. A la cita asistió Hugo Yuri, rector de la UNC, varios decanos de la casa de estudios, y los cuatro primeros integrantes de la lista larga: Eduardo Fernández, Gabriela Estévez, Pablo Chacón y Mirta Iriondo. Simultáneamente Claudio Ferreño, presidente de Parte a nivel nacional, participó ayer de una charla en el local que el partido inauguró en Córdoba meses atrás.
El miércoles de la semana próxima Parte recibirá a otra integrante del Grupo Callao, la socióloga e investigadora Ana Castellani, y Asbert también proyecta realizar recorridos por el sur y el norte provincial antes de que se agote la campaña.
El grupo Montevideo, un círculo de profesionales albertistas que bajo el liderazgo de Guadalupe Zayas reúne abogados y contadores, recorre estudios jurídicos para sumar adhesiones y voluntarios para los trabajos de campaña y tiene en agenda una charla en la que disertarán Fernando “Chino” Navarro (líder del Movimiento Evita a nivel nacional y principal operador de Alberto Fernández en Córdoba) y Marcelo Capello (académico presidente del Ieral). A esta ocasión, a realizarse el próximo jueves, se agrega otro conversatorio que estará presidido por Martín Gill, intendente de Villa María, que tendría lugar el viernes 18 de octubre.
Encuentro Militante, el brazo territorial de Parte, tiene en cartera recorridos por el interior y las seccionales más populosas de la capital, y organiza un nuevo encuentro con militantes (esperan a más de 200) en el Hotel del Virrey el viernes próximo.
Desde Buenos Aires entienden que todas estas iniciativas no encuentran correlato en iniciativas propias de los candidatos K de la lista. Con Franco Saillen sumido en el ostracismo tras el escándalo judicial del Surrbac y Gabriela Estévez asistiendo a pequeñas charlas de vecinos en barrios de Córdoba y localidades del interior, cree que la campaña en Córdoba descansa casi con exclusividad en el ala albertista.
Vale aclarar que Pablo Chacón -que proviene del massismo- se encuentra avocado a una tarea crucial de la elección: la fiscalización, y Eduardo Fernández prioriza la construcción de una red de pequeños y medianos empresarios alineados con las propuestas del Frente de Todos.
Hechas estas salvedades, y teniendo en cuenta que la política suele estar regida por la lógica de las conveniencias, vale regresar al interrogante planteado arriba: ¿Cuánto convendría al kirchnerismo duro que Alberto Fernández logre en Córdoba un mejor desempeño electoral que el record histórico del Frente para la Victoria?
De suceder, esto seguramente supondría un desplazamiento del kirchnerismo duro de la escena cordobesa y una mayor centralidad otros espacios que integran el Frente de Todos en la provincia.