Epec y Luz y Fuerza cambian roles

Con la conducción de Luz y Fuerza más avocada a la propia supervivencia que a la representación de sus afiliados, la empresa decretó un (módico) aumento del 10 % para sus empleados. Esta decisión, que el propio sindicato supo interpretar como una “provocación” en el pasado, es sin embargo el único aliciente que los trabajadores reciben frente a la inflación, y llega desde el directorio.

Por Felipe Osman

Epec anunció ayer que otorgará a sus empleados un aumento/reajuste salarial del 10 por ciento, que cada trabajador percibirá con su salario de septiembre. Se trata de un nuevo aumento unilateralmente decidido por el directorio de la compañía estatal, ajeno a cualquier negociación con el sindicato.
En su comunicado la empresa expresó que “el incremento salarial persigue evitar que los empleados queden atrapados y se vean afectados por la persistente negativa a la negociación por parte del Sindicato de Luz y Fuerza Córdoba”.
Esta no es la primera vez que la empresa recurre a esta metodología. De hecho, desde que se desató el conflicto entre el sindicato y Epec, en abril de 2018, todos los reajustes salariales que la planta ha recibido han sido el resultado de una decisión unilateral del directorio de la compañía, y no de una negociación con el sindicato capitalino, que –a diferencia del sindicato Regional de Luz y Fuerza y el sindicato de Luz y Fuerza de Río Cuarto- jamás accedió a negociar siquiera los puntos más extravagantes del convenio colectivo lucifuercista y, a cambio, acumula un importante retraso en la carrera que mes a mes libran inflación y salarios.
Estos aumentos decretados por el directorio siempre han sido calificados por el sindicato como provocaciones, en parte, porque el primero de ellos, otorgado en octubre de 2018, llegó mientras las negociaciones entre la empresa y el sindicato estaban abiertas y, de hecho, se dio a conocer directamente a los empleados mientras la conducción del gremio y los representantes de la compañía se encontraban reunidos ante las autoridades del Ministerio de Trabajo de la Nación.
Con este cuestionable movimiento Epec “puenteó” al sindicato, rechazándolo como interlocutor, deslegitimándolo frente a sus representados y poniendo una válvula a la presión que las bases de Luz y Fuerza acumulaban.
Sin embargo, las cosas han cambiado mucho en el último año. Y lo que entonces bien pudo ser calificado como una provocación, hoy se ha convertido en el único bálsamo que reciben los empleados de la compañía frente a una inflación acelerada y una conducción preocupada, principalmente, por defenderse de las serias acusaciones de la Justicia Federal, que los sindican como defraudadores de sus propios representados en el marco de una causa por asociación ilícita y lavado de activos.
Pero aún en este contexto, la conducción del sindicato cuenta con una ventaja que allana su camino hacia las elecciones internas de Luz y Fuerza, fechadas para diciembre: la falta de articulación de una oposición en el gremio.
En una asamblea celebrada una semana atrás, Suárez logró imponer la composición que el respaldaba para la constitución de la Junta Electoral, lo que aclara su horizonte en vistas a los comicios internos. Esto resultaría vital para lograr la continuidad de la actual conducción, que cuenta -a modo de carta de presentación- con una investigación judicial en curso.
Así las cosas, el directorio de Epec termina -paradójicamente- siendo más funcional a los propósitos de los empleados de la compañía que el propio sindicato.
Desde luego, no cabe entender esto como un embanderamiento de la compañía detrás de los fines de los trabajadores, sino más bien como medida para descomprimir tensiones y acercar, al menos en parte, la pauta salarial a la evolución de la inflación real. Pero aún así, medidas las conveniencias, Epec parece estar haciendo más por sus empleados que el propio sindicato.