Bielsismo macrista habilitó giro kirchnerista light

La paradójica reticencia al cambio terminó derivando en soluciones de un kirchnerismo económico matizado, que no pueden evitar frenar lo que ya se perfila como una futura goleada.

Por Javier Boher
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macri¿Ya está listo, amigo lector? Parece que va siendo la hora de prepararse para la subsitencia. Hacha y cuchillo bien afilados para salir a cazar palomas y hacer refugios porque, a este ritmo, llegar enteros a octubre va a ser un verdadero milagro.
Ya quedó claro que el manejo económico del oficialismo fue peor que la de los que mandaron a Talleres al Argentino dos veces. No dejaron error sin cometer. O sí, y los quieren tirar a todos juntos en lo que queda de mandato. Porque si del kirchnerismo heredó kirchnerismo, hay que kirchnerearla para dejarles kirchnerismo. Es una lógica tan confusa que es muy simple: paga el ciudadano otra vez.
Ya se anunciaron medidas para que vuelva el cepo, aunque no sea como el de 2011. A partir de hoy no se puede comprar más de 10.000 dólares, un límite bastante elevado, nada que ver con el control que había en el final del kirchenrato, que le valió un escrache en cadena nacional al “abuelito amarrete” que no podía comprar diez dólares para los nietos.
Además, si queremos comprar verdes nos salvamos de preguntarle al sitio de AFIP, que usaba criterios más difusos que los del VAR para decidir quién podía comprar y quién no. Nunca quedó bien claro, pero debe haber habido algún tipo de algoritmo perverso (aunque funcionarios que hacían negocios comprando barato y vendiendo caro quizás sea lo más probable).
El día de hoy se prevé caótico, con la paranoia lógica del que tantas veces respondió al llamado de la madre -que lo esperaba con la chinela en la mano- creyendo que esta vez no le iba a pegar, sólo para volver otra vez con la cola morada.
A la hora de señalar culpables de los pifies, en primer lugar están el gobierno y sus tecnócratas, que se reían de la play de Máximo pero no parecen haber salido de la burbuja de CABA ni de la de instagram.
Pero no todo es culpa de los Peña Boys. El viernes, en una entrevista al Wall Street Journal, el Capitán Beto le empezó a tirar nafta al golpeado cuerpo de Argentina, como el Sr. Rubio de “Perros de la calle” al policía secuestrado. “Argentina está en un default virtual y escondido”, seguro debía calmar a los mercados, que por apátridas decidieron agarrar para el otro lado.
A esta altura, ya están todos saliendo a agitar golpismo desde filas propias y ajenas, como si solo fuese caerse de la bici mientras andás por el Kempes en un día soleado.
Como dice el politólogo Luis Tonelli, 1989 o 2001 son una ilusión muy cara, porque la cosa hoy es muy distinta. No hay empresas para privatizar como en la década del Carlo, ni commodities en precios astronómicos como en la década desperdiciada. Además, en los ‘90 se vivía el fin de la Guerra Fría y el mundo navegaba feliz por las aguas del neoliberalismo y los acuerdos comerciales, algo muy distinto al lío que se está armando entre Estados Unidos y China, una dictadura de partido único enfrentada a un país conducido por un mal actor de realities.
Al final, alentar un quiebre terminaría siendo un tiro en el pie, otro shock que deje 15% más de pobres. Es como pensar que si dejás a tu esposa te vas a levantar a Pampita o a la China Suarez, pero al final tu ex mujer disfruta haberse sacado el lastre de encima mientras vos masticás antidepresivos como sugus y vas a llorarle tus penas a tus amigos.
Usted sabe bien, amigo lector, que la cosa está complicada. Lloran cepo los que se fueron con uno que empeoró año a año. Lloran hambre los que se fueron con 30% de pobres medido por privados porque el Estado no quería estigmatizarlos. También se fueron con inflación y sin reservas. Se fueron con provincias quebradas. Se fueron con eslóganes fuertes y pocos logros reales.
Qué quiere que le diga, amigo lector. Los amigos de Miauri no pudieron resolver eso y, aunque la situación es menos delicada que hace cuatro años, su única respuesta a todo esto es echarle toda la culpa a los otros, una madura estrategia propia de nenes de jardín. Se sabía que les estaba faltando política, pero a esta altura tienen menos política que las recetas que vienen en el paquete de las pascualinas.
Le digo lo mismo que me dijo un amigo con el que estuve charlando el otro día. El gobierno entró en un espiral bielsista: queriendo morir en la de ellos tiraron las medidas para los que se llevaban la peor parte sólo después de perder las PASO, como el loco entrenador que se negó a cambiar incluso cuando Suecia nos estaba eliminando del Mundial.
Está bien defender ideas, pero con inteligencia. Si no se hace se termina como Bielsa, un idealista siempre segundo, y no como Caruso Lombardi, siempre pragmático salvando a los equipos del descenso. Aunque esto no sea fútbol, parece que se viene una goleada.