El bote de la campaña se sigue llenando de agua

La campaña del kirchnerismo sigue dando que hablar. Convencidos de la mala fe de los otros, no quieren aceptar que son ellos los que están perforando el casco del barco.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

¡Buen día, amigo lector! Ya sé que usted está tranquilo porque mira todo por la tele, pero no se confíe, porque en cualquier momento usted también la liga. No se preocupe, que seguro no está haciendo nada malo. La cosa es que en medio de una campaña descontrolada el kirchnerismo sigue tirando palos para todos lados, como en esas peleas de cancha en las que cobran hasta los compañeros.

Es increíble, pero tal vez habría que hacer algunas pecheras o algo así para saber quiénes juegan en el mismo equipo, porque esta última semana se lo vio al Capitán Beto con el balde sacando el agua del barco mientras el resto de los marineros se la pasaba perforando el casco.

Cuesta creer que hayan sido capaces de meter tantos temas en una sola semana. Son como los que van al río en el verano, que se suben 18 en el Falcon, con la mesita, las reposeras, el asado, la conservadora y hasta un metegol. Nadie sabe cómo hacen, pero siempre hay un hueco para meter algo más.

Arrancamos la semana con un pum para arriba: Alberto le tira unos números a Morales Solá, que estaba con fiaca y le costó agarrarlos más que a un profe de Lengua. Golazo de media cancha, todos celebran la victoria. Después, en el segundo tiempo, se olvidaron que se cambiaba el lado, patearon para su arco y se clavaron un par de pepas en contra.

Si querían darle letra a la gente, con mucha voluntad lograron que todos hablen de ellos: comunicados de pilotos, la guerra civil de Rizzo, Capitán Beto tirando piñas como Capitán América, la aforada de Recoleta banalizando el hambre en Venezuela, Grabois denunciando a Gatricio y Lagarde, Moyano accionando legalmente por una serie de un sindicalista mafioso, intelectuales cuestionando la solicitada proMugricio y Aníbal Fernández comparando a la Heidi de Hierro con Barreda.

Como no tenemos tiempo para todo nos vamos a quedar con lo que dijeron el hermano del candidato a presidente por el Frente de Toddy y la candidata a vicepresidenta por el mismo espacio, porque Fernández son todos.

Lo de Bigote mayor se entiende menos que lo que dice Macri cuando no ensaya: salir a comparar a la figura más querida entre los adherentes al oficialismo con un femicida múltiple no parece ser muy atinado. Cuesta entenderlo (además, ¿cómo será Aníbal para que los hijos acepten quedarse con el odontólogo?).

Es como si yo le dijera a mi señora que prefiero ir a comer empanadas con Los Doce Apóstoles antes que a lo de mi suegra: sólo de escribirlo en burla siento cómo me van preparando los bolsos para echarme de casa.

Encima las sororas se hicieron las sordas y soportaron la socarronería. Quizás por eso para “elles” el único espacio posible para las banderas del feminismo es el kirchnerismo: les vienen bien para tapar todo el machismo acumulado en una fuerza que viene a empoderar a la mujer (y a la que le duelen las que ejercen el poder en otro lado).

La única que se animó a esbozar una pequeña crítica fue Ofelia Fernández, la ex colegiala que va de candidata a legisladora porteña en la lista del Tinelli pindonga, Matías Lammens. Le pegó a Aníbal y la mataron porque los trapos sucios se lavan en casa. Después tienen una pila de mugre digna de una serie televisiva sobre acumuladores, con un senador bonaerense acusado de abuso que no renuncia.

Es un plato: con tal de no hacerle el juego a la derecha terminan todos manoseados por izquierda pero haciendo patria, porque de esto salimos todos juntos (y siempre con algunos por encima de otros).

Quizás la decisión más inteligente hasta ahora ha sido mantener escondida a Cristina, que lo mismo se las ingenia para ser ella, sinceramente. Cada vez que va a presentar su libro a algún lado, ¡zas! se manda algún bocadito que empieza a circular en las redes. Lo más interesante es que ahí siempre se muestra como es: defensora del consumo de primeras marcas, celosa del éxito de otras féminas o detractora del socialismo del siglo 21.

Realmente cuesta entender que sea capaz de decir lo que dijo, comparando el hambre en Venezuela con la situación en Argentina, no por la brecha que puede haber entre los dos países (un sueldo básico en la tierra de Maburro sólo compra cuatro litros de leche) sino porque no tiene sentido: si Argentina está como Venezuela, ¿para qué votarlos a ellos, que proponen ese sistema?. Si eso está bien, este gobierno lo está logrando. Si esto está mal, ¿por qué querríamos votarlo?.

Ya le digo, amigo lector. Esa campaña se le está desmadrando a los cráneos del kirchnerismo. No dejan colectivo sin ofender ni propuesta sin contradecir. Casi parece que a la campaña se las estuviese armando el mismísimo Gatricio. De otra forma no se entiende.