El empleo industrial está apenas 23% arriba del 2003 y el público, 83%

Un informe privado indica que no subirán los salarios a largo plazo, ni bajará en forma sostenida la tasa de pobreza, si Argentina no genera una economía competitiva que haga crecer fuertemente sus exportaciones, evitando sus periódicas crisis por escasez de reservas.

Entre 2003 y 2008 se produjo un fuerte aumento del empleo en Argentina, pero a partir de entonces se estancó el industrial e incluso cae desde 2014. En el primer trimestre de este año se ubica 23% arriba del nivel de igual periodo de 2003.
Luego de la recesión de 2009, el empleo en el sector no transable de la economía (mayor parte de construcción, comercio y servicios) volvió a crecer, hasta 2012, y luego también se estancó, con subas y bajas que se compensan. Así, este año resulta un 47% superior al nivel de 2003. En cambio, el empleo público creció en todo el período 2003 – 2015, estancándose luego, y ubicándose en 2019 un 85% por arriba de lo observado en 2003.
Un informe de Marcelo Capello del Ieral indica que el empleo industrial muestra tendencia, a nivel mundial, a perder importancia relativa en el tiempo, a expensas de los servicios. No obstante, en Argentina se dan períodos de subas o bajas marcadas que se despegan de la proyección de largo plazo. Una de las principales causas de tal comportamiento es la volatilidad del costo laboral salarial en Argentina, medido en moneda dura, en las últimas dos décadas.
Al final de la Convertibilidad, el salario industrial formal promedio era de alrededor de 1.000 dólares, hasta que la mega-devaluación del peso, observada en 2002 lo llevó a 360 dólares. Luego siguió un período de recuperación y en 2008 regresó al nivel de 1.000 dólares. Pero el costo laboral siguió creciendo, por los acuerdos salariales alcanzados en esos años, y por la notable apreciación del peso ocurrida post 2010, de modo que en 2015 era de casi 2.000 dólares.
Con las devaluaciones de 2016 y 2018, ahora está en torno a los 1.200 dólares, un 40% por debajo de 2015, y 20% arriba del nivel de 2001. Si bien a fines de la Convertibilidad se mantuvo en torno a 1.000 dólares, cayó notablemente el empleo industrial entre 1998 y 2002. La causa no fue solamente la recesión de 1999, sino que también influyeron las fuertes devaluaciones de las monedas de la mayoría de los países contra el dólar, ocurridas entre 1995 y 1999, salvo en el peso argentino por su relación fija con el dólar, que encarecieron la mano de obra local cuando se la medía en otras monedas diferentes de la americana.
Entre 2003 y 2008 aumentó mucho el empleo industrial, cuando el salario estaba en niveles muy bajos. Cuando en 2008 el salario recuperó el nivel de 2001, en moneda dura, se estancó la creación de empleo industrial, y comenzó a caer, en promedio, desde 2012, cuando el salario argentino ya había perdido notablemente competitividad respecto a otros países.
La competitividad cambiaria y, por ende, el costo salarial, influyó en forma importante sobre la evolución del empleo, especialmente el empleo industrial. Cuando el costo salarial, medido en moneda dura, se ubicó en niveles muy bajos en 2002, permitió en años siguientes que subas salariales mejoraran el nivel de actividad en el mercado interno, sin poner inicialmente en riesgo la competitividad industrial (exportaciones y sustitutos de importaciones). Cuando el salario sobrepasó el nivel de finales de la Convertibilidad, se estancó la creación de empleo.
Cuando el salario superó notablemente esos niveles, directamente cayó porque lo que se ganaba de actividad en el mercado interno más que se compensaba por la caída en el empleo ligado a las exportaciones industriales, y a los sustitutos de importaciones. La suba de salarios en moneda dura visualizada entre 2003 y 2015 fue posible no sólo porque se partió de salarios absolutamente licuados tras la devaluación del peso de 2002, sino también porque en ese período los precios de las commodities alcanzaron niveles récord.
La experiencia de las últimas décadas en materia de competitividad cambiaria, costos salariales y empleo industrial, llevan a concluir que la política de salarios y tipo de cambio deberían calibrarse para evitar situaciones insostenibles que lleven a crisis que derivan luego en caída de salarios y mayor tasa de pobreza. “No subirán los salarios a largo plazo, ni bajará en forma sostenida la tasa de pobreza, si Argentina no genera una economía competitiva que haga crecer fuertemente sus exportaciones, evitando sus periódicas crisis por escasez de reservas”, señala el informe.
Capello indica que el año que viene habrá una nueva oportunidad para generar un modelo económico con crecimiento equilibrado entre mercado interno y externo, que no derive en sesgo antiexportador, y que dé lugar a una expansión sostenida de la economía argentina: “Para lograrlo se necesitarán reformas estructurales en materia fiscal y laboral, y asegurar una economía competitiva, tanto en lo cambiario como en lo estructural”.