Bendecidos o malditos

El cantante Harry Styles es uno de los anotados en el casting para decidir quién desempeñará el rol de Elvis Presley en la biopic con que el director Baz Luhrmann pretende sumarse a la tendencia fílmica del momento, cuyo éxito fue probado por “Bohemian Rhapsody” y “Rocketman”.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

En ocasión del estreno de la biopic sobre el grupo Mötley Crüe en Netflix, analizábamos esta moda de realizar películas basadas en la biografía de músicos conocidos o en la trayectoria de bandas que alcanzaron las cumbres de la fama. Después del accidentado pero victorioso camino que recorrió el film “Bohemian Rhapsody” (una mirada sobre la vida de Freddie Mercury que contó con la aprobación de los Queen sobrevivientes), se potenciaron los proyectos que atisbaban dentro de este formato. Desde esta columna, llegamos a vaticinar que este género de aventuras rockeras iba rumbo a convertirse en el western del siglo veintiuno, algo que los hechos empiezan a confirmar.
Porque, así como esos largometrajes que ponían la lupa sobre la conquista del salvaje oeste no dejaban de lado a ninguno de los personajes que animaron la epopeya (ya fuesen colonos, indígenas, bandidos o guardianes de la ley), esta nueva corriente está ampliando su foco hasta abarcar toda la paleta de figuras rockeras. Y las noticias que llegan desde Hollywood indican que el reciente estreno de “Rocketman”, sobre el ascenso de Elton John a lo más alto de la popularidad universal, es apenas la consolidación de un fenómeno que amenaza con copar la pantalla.
Porque no son muchos hoylos tanques de la taquilla que estén en condiciones de aceitar los engranajes de la fábrica de sueños. Con la saga de Marvel y con el bombardeo de títulos infantiles (muchos de los cuales son la continuación de relatos que ya fueron exitosos), la industria cinematográfica quiere creer que podrá sobrevivir a la pulsión por el streaming. Pero está claro que existe un imperativo por abrirse a nuevas vetas, antes de que se agoten las que permanecen en vigencia. Las biopics sobre estrellas de rock parecen ser la nueva gran cosa que inyecta oprtimismo a los productores.
La leyenda fundacional del rocanrol y el mito acerca del cual gira toda la iconografía de ese género, se centra en la carrera de Elvis Presley, ese jovencito estadounidense que sacó chapa de indomable, hasta que lo pusieron en caja y lo convirtieron en un crooner excedido de peso y empastillado. Su irrupción a mediados de lá década del cincuenta sacudió la estructura de lo que había sido la música hasta esa instancia y puso a andar un movimiento que, no muchos años después, dejó atrás a sus pioneros para insuflar vientos de cambio en toda la humanidad.
En 1979, dos años después de su muerte, Elvis fue objeto de una narración biográfica con toques de ficción, en un telefilme dirigido por John Carpenter y protagonizado Kurt Russel, en el papel del Rey del Rock And Roll. El shock producido por el fallecimiento del ídolo promovió en aquellos años un rescate de sus méritos artísticos, más allá de que en el periodo final de su vida había entrado en una patética decadencia, que lo alejó impiadosamente de las nuevas generaciones cultoras del rock, cuyas inquietudes parecían no tener ya nada que ver con ese astro cuarentón que actuaba en los escenarios de Las Vegas.
A cuatro décadas del estreno de aquella película producida por la cadena ABC, ya se ha puesto en marcha el casting para decidir quién desempeñará el rol de Elvis en la biopic con que el director Baz Luhrmann pretende sumarse a la tendencia fílmica del momento. Harry Styles, el ex One Direction ahora lanzado como solista, es uno de los que suena para asumir ese papel, luego de su interesante participación de 2017 en “Dunkerque”. Y si a este abordaje de Elvis le va bien, cabe esperar una avalancha hollywoodense de realizaciones por el estilo, que buceen en la genealogía rockera hasta agotar el stock de los bendecidos (o malditos) por la gloria de triunfar.