Infantino, reelecto sin “populismo”

A pesar de que sufrió un leve revés político por no lograr la ampliación de participantes de 32 países a 48 en Qatar 2022, lo mismo fue elegido para un nuevo mandato en FIFA, sin oposición.

Por Federico Jelic

El mundo FIFA parece haber tomado un cauce natural después de la salida-expulsión del suizo Joseph Blatter como presidente de la entidad más universal del planeta, con aquellos escándalos que sacudieron el escenario político y mancharon la credibilidad de todos los dirigentes máximos del fútbol mundial. Desde entonces, allá por 2016, el actual mandatario Gianni Infantino goza de una gobernabilidad inhabitual, a pesar de que tuvo un revés en su última moción general. De todas maneras, ese paso en falso tampoco lo debilita en imagen ni en gestión, porque no necesitó demasiado para lograr su bendita reelección en el poder de FIFA.
El ítalo-suizo no tuvo demasiados inconvenientes para extender su mandato, ya que además de la ausencia de contrincantes de peso en el horizonte, logró endulzar oídos de aquellos desfavorecidos y excluidos (deportivamente) con un intento bien “populista” que parecía no tener objeciones, pero cuyo tiro salió por la culata. Lo mismo, quedó ileso. Se trata de la postura de ampliar el cupo de participantes en las copas del mundo, de 32 participantes a 48, modalidad que se aplicará recién desde el mundial tripartido entre Estados Unidos, México y Canadá. La última referencia de su parte fue que se adelantara al mundial de Qatar 2022 esta ampliación de 16 equipos más, lo que finalmente quedó trunco por razones deportivas, logísticas y hasta políticas que no dejan de ser condimentos de una zona foco de conflictos globales.
De todas maneras, a pesar de ir “por todo” (más discursivamente que en ejecución), permanecerá en el máximo cargo de FIFA hasta2023. Y sin rivales que le amenacen el trono.

“Populismo” en vano
París fue la sede del 69º Congreso de la institución mundial del fútbol, donde Infantino se garantizó su continuidad como cabeza visible hasta 2023, por amplia diferencia. Pero, en este caso, en valor literal y no como el exabrupto-acto fallido del periodista militante Navarro con el triunfo relativo de Daniel Scioli a la presidencia de la Nación Argentina. Infantino era el único candidato a un puesto que ostenta desde 2016, y que revalida después de que el Consejo aprobara en París una modificación de los estatutos de la federación para establecer que, cuando solo haya un aspirante, fuera elegido de esta manera, sin necesidad de comicios de cotillón ni actos eleccionarios innecesarios.
Hace cerca de un año, Infantino anunció que optaría por un segundo mandato para continuar con su empeño de transformación de una federación que “estaba muerta” cuando llegó, y celebró que en este tiempo, la FIFA haya dejado de ser “tóxica, casi criminal”, para erigirse en un ejemplo de transparencia.
“Gracias a todos, a los que me quieren y me odian, hoy yo quiero a todo el mundo. Amo el fútbol, trabajo duro, me comprometo con ustedes, seguiré trabajando duro, con ustedes y para ustedes”, dijo Infantino, emocionado, después de que los representantes de las federaciones de la FIFA respaldaran su proyecto con un aplauso.
De todas maneras, dentro de su agenda de medidas, tenía previsto darles con el gusto a algunas confederaciones que se sienten marginadas de la primera escena mundial, entre ellas, Sudamérica. Es que Conmebol, por intermedio de su presidente Alejandro Domínguez, le solicitó en conjunto con otros continentes (Centro América, África y Oceanía), la posibilidad concreta de que se adelante para la copa de Qatar 2022 el incremento de países clasificados a 48, y no esperar de esa manera al 2026 , como fue aprobado por Comité Ejecutivo hace dos años.
De hecho, fue la medida más “populista” de un Infantino que hoy no tiene ni oposición ni enemigos. Entonces, como para sumar alguna adhesión más, hizo un estéril intento de poder ampliar el cupo para la cita en Medio Oriente, aunque desde su entorno aducen que se trató de algo más “político-integrador-populista” que un acto de convencimiento pleno de su parte.

En Qatar, no se puede
Está claro que Infantino ya tenía aprobada esa carta para 2026, pero lo mismo se jugó un pleno para ver si le salía eso de que Qatar organice la próxima copa para 48 delegaciones. Algo impensado y casi imposible, teniendo en cuenta la escasa extensión geográfica del Sultanato, que además ,como agregado fundamental, luce enemistado políticamente por sus vecinos directos: con los Emiratos Árabes Unidos los distancia un bloqueo económico por acusaciones ideológico-religiosas de colaborar con el régimen de la República Islámica de Irán; mismo panorama con Arabia Saudita, y sin convivencia prácticamente con la isla de Bahréin ni con el resto del Golfo Pérsico. Al punto que en el Mundial de Clubes pasado, en Abu Dhabi, no se permitió, bajo estrictas normas prohibitivas, que personas de nacionalidad qatarí ingresen a los estadios.
De esa forma, en un país cuyo territorio que apenas supera a la provincia de Tucumán, era imposible que albergara a 48 equipos, más cuesta arriba aún sin la colaboración de sus limítrofes.
Pero, por las dudas, Infantino hizo el intento; en una de esas, esa modificación reglamentaria se anticipaba a la planificación inicial y de esa forma se ganaba más aliados estratégicos.
“La FIFA y Qatar han explorado todas las posibilidades para aumentar el número de equipos participantes. Tras un proceso exhaustivo de consulta e integral con la participación de todas las partes interesadas, se llegó a la conclusión de que tal propuesta no podía realizarse ahora”, informó el organismo que manda en el balompié mundial a través de un comunicado oficial.
El documento profundiza en el porqué de la determinación. “Un análisis conjunto concluyó que, debido a la etapa avanzada de los preparativos y la necesidad de una evaluación detallada del posible impacto logístico en el país anfitrión, se requeriría más tiempo y no se podría tomar una decisión antes de la fecha límite de junio. Por lo tanto, se decidió no seguir adelante con esta opción”, reza la publicación.
Asimismo, Infantino no quedó manchado en imagen ni mucho menos se debilita su poder con este revés. Su carta fuerte fue para el mundial de 2026 y le salió redondo. Es decir, el acto populista no le alcanzó para un nuevo acierto político pero al menos ya tiene sentadas las bases de apertura mundial y de generosidad para con las selecciones más débiles, que sostendrá al menos hasta el final de su segundo mandato, en 2023.