Un decálogo que es más estrategia electoral que base económica

En un país dividido en tercios, la decisión de Cambiemos apunta a cerrar con una de las partes y neutralizarla de cara a las elecciones. El empresariado respalda el eventual consenso.

Por Gabriela Origlia

El Gobierno nacional que, desde que llegó al poder, se negó a cualquier tipo de acuerdo político, el que terminó por lanzar un decálogo de compromisos a firmar con la oposición. En un país dividido en tercios, la decisión de Cambiemos apunta a cerrar con una de las partes y neutralizarla de cara a las elecciones. Es un planteo del tipo: “Este sector del PJ está con nosotros, del otro lado queda el kirchnerismo”.
Primero fue mostrar el decálogo, después el pedido de Mauricio Macri de “mostrar generosidad” y cerró la semana el radical Alfredo Cornejo pidiendo que la iniciativa tenga un correlato electoral y que Cambiemos se abra a otras fuerzas y a otros dirigentes “como (Roberto) Lavagna, (Miguel Angel) Pichetto, (Juan Manuel) Urtubey y (Sergio) Massa. Hay que ampliar Cambiemos para enfrentar las vicisitudes que Argentina tiene y presenta ante el mundo”.
Del otro lado de la vereda de la alianza oficialista nacional Horacio Rodríguez Larreta dejó en claro que el “compromiso” es una estrategia claramente separada de lo electoral. Las diferencias de miradas entre los socios no son novedad.
El empresariado –desde la Cámara Argentina de Comercio a la Asociación Empresaria Argentina pasando por la Sociedad Rural, el Grupo de los 6, la Bolsa de Rosario y la Confederación de la Mediana Empresa- respaldó el eventual consenso.
Fueron el ministro Rogelio Frigerio –siempre más inclinado al diálogo con gobernadores y dirigentes de la oposición- y Pichetto quienes se acercaron por el posible consenso. El compromiso alcanza aspectos sobre los que, en general, ya se viene debatiendo entre el peronismo federal y Cambiemos. El kirchnerismo, a través de referentes pero no de Cristina Fernández directamente, planteó qué haría si retornara al poder.
Lograr y mantener el equilibrio fiscal es el primer ítem; Pichetto, Juan Schiaretti, Massa y Urtubey ya dijeron varias veces que entienden que es una clave para la estabilidad. Lavagna, por su lado, sostuvo que conseguirlo a través de una fuerte recesión no es el camino.
Sostener un Banco Central independiente, que combata la inflación hasta llevarla a valores similares al de países vecinos es el segundo punto. Si algo quedó en claro en los últimos meses –desde que las metas inflacionarias fueron al depósito- es que hoy no lo es. Sobre el compromiso de honrar la deuda, ya Alternativa Federal subrayó que rechaza cualquier opción de default.
Los otros apuntan a la integración al mundo; respeto a la ley, los contratos y los derechos adquiridos con el fin de consolidar la seguridad jurídica; sistema de estadístico transparente, y consolidación de un sistema federal.
Los aspectos más controvertidos tal vez son “creación de empleo a través de una legislación laboral moderna” y “consolidación un sistema previsional sostenible y equitativo”. Ambos apuntan a las dos grandes reformas pendientes.
Es difícil no enmarcar la propuesta en una estrategia electoral. Macri le pide a una parte del peronismo que muestre su “racionalidad” y, en ese contexto, busca dejar al kirchnerismo del otro lado. Para los candidatos que hablan pero no definen, también es un empujón a ser más concretos.
A Cambiemos, fuerza que está en el Gobierno, el compromiso podría ayudarlo a tranquilizar el escenario y, además, a polarizar la elección. Para la opinión pública probablemente el decálogo tiene menos impacto que los anuncios de créditos o precios; sí le sirve como herramienta para discutir con los opositores, especialmente con Massa y Lavagna.
Abril era el mes en el que el oficialismo esperaba el inicio de la recuperación. Terminó no sólo sin que comenzara sino con un panorama oscuro. Hubo devaluación y la inflación quedó nuevamente alta, probablemente cerca del cuatro por ciento.
“En la Argentina hay problemas de credibilidad. Como en un primer momento a este Gobierno le dieron el beneficio de la duda, después de casi cuatro años ya no se lo dan más”, definió el economista Juan Carlos de Pablo. “Hoy existe la trampa de la intranquilidad, por lo que el Gobierno debería ser el triple de transparente para que le crean por lo menos la mitad”.