Quién gana y quién pierde con la ruptura de Cambiemos

Previa salvedad de que en política las cosas siempre pueden cambiar de un momento a otro y de que aún está por verse si todos los candidatos que hoy aseguran participar en las elecciones realmente estarán en el cuarto oscuro el 12-M, estos son los ganadores y perdedores en la foto de hoy.

Por Felipe Osman

Córdoba fue alguna vez “la cuna del cambio”. Así la definió el propio Mauricio Macri poco después de ganar las elecciones que en 2015 lo sentaron en el sillón de Rivadavia. Y no le faltaban entonces razones para decirlo. Allá por 2014, Marcos Juárez fue el laboratorio donde se probó la efectividad de la alianza UCR-PRO en las urnas. Un año más tarde, la arrasadora victoria que el líder del PRO obtuvo en la provincia, cosechando el 74 por ciento de los votos, le permitió derrotar a Daniel Scioli en un final de bandera verde que lo hizo presidente, cuando el recordado balotaje. Por inexplicable que parezca, a menos de 4 años de aquel histórico resultado el sello Cambiemos desaparece en Córdoba, a manos de una interna que nunca fue entre Mario Negri, el candidato del presidente, y Ramón Mestre, el actual intendente y hombre que mueve los hilos en el radicalismo cordobés. Y la deflagración de la alianza, desde luego, trae consigo ganadores y perdedores.
Entre los principales perdidosos están, claramente, los protagonistas de la contienda: Negri y Mestre. Con el voto radical dividido las chances de cada uno de aspirar a la Gobernación resultan prácticamente nulas. Si las cosas siguen como están y ninguno de ellos se baja de la contienda, la derrota está (casi) asegurada.
Junto a ellos, también pierden sus candidatos a intendente: Luis Juez y Rodrigo De Loredo. El primero, cabe aclarar, terminó siendo un artífice principal en la ruptura, al pedir a la Justicia Electoral autorización para dejar la alianza ayer. Esto no debería llamar la atención de nadie. El ex intendente es un experimentado incumplidor de compromisos y ya había estropeado Cambiemos en 2015 al abandonar la coalición para hacer rancho aparte en un desafortunado intento por volver al Palacio 6 de julio.
De Loredo, por su parte, lanzó su candidatura junto a Mestre arrastrado por las circunstancias, después de dejar la Presidencia de Arsat por el decreto “anti nepotismo” de Macri, que lo obligó a renunciar -por ser yerno de Oscar Aguad- con la promesa de Marcos Peña de que sería el candidato a intendente de Cambiemos en Córdoba. El Jefe de Gabinete no sostuvo su palabra y ahora De Loredo compite con pocas chances y desde un lugar que no le resulta del todo propio.
Otro de los que puede contar la ruptura de Cambiemos en la columna del debe es el diputado nacional Nicolás Massot, que no sólo no logró preservar el sello, sino que tampoco logró lugares demasiado expectables para los candidatos del PRO orgánico en la lista encabezada por Mario Negri. Ahora, con las chaces del radical significativamente reducidas, también caen las de sus correligionarios.
Pero la deflagración de Cambiemos también produjo daño colaterales, afectado, por ejemplo, a Olga Riutort. La ex concejala se encuentra en medio de una tensa negociación con Martín Llaryora, que hasta ayer quería contar con Riutort en su forma para garantizar su triunfo. Ahora, con Cambiemos dividido, Juez y De Loredo cosecharan en sacos distintos, y las acciones de la máxima referente de Fuerza de la Gente seguramente caerán en las tratativas con el sanfrancisqueño.
El kirchnerismo, representado en Córdoba por el diputado nacional Pablo Carro, también puede lamentar el fin de Cambiemos en la provincia. Sin el sello del presidente en la boleta, los k se quedan sin un extremo opuesto claro con quien polarizar.
Por otro lado, si la construcción de su lista sólo representaba una moneda de cambio que CFK pudiera negociar con Schiaretti por una apertura de Alternativa Federal a participar en un frente conjunto con Unidad Ciudadana a nivel nacional, el kirchnerismo se encontrará con un Schiaretti sin necesidades de negociar para asegurar su triunfo.
Pasando a la columna de los ganadores, el primer ganador de la fallida interna Cambiemos es, sin lugar a dudas, Juan Schiaretti. El gobernador, que ya era el favorito de las encuestas en un escenario en el que Cambiemos estuviera en el cuarto oscuro sumando todos los votos de los partidos que lo integran, ahora puede pensar en ganar con comodidad.
Un triunfo categórico, por su parte, posicionaría al mandatario provincial como jefe indiscutido del peronismo no kirchnerista a nivel nacional y lo dotaría de una autoridad diferente para negociar con el próximo presidente de la nación, sea quien sea.
Martín Llaryora está, junto al gobernador, entre quienes más tienen para festejar. El diputado nacional encontrará al espacio que en teoría debía plantarle mayor resistencia partido en dos y ahora necesitará menos para garantizar su victoria.
Finalmente, si este escenario se mantiene hasta el 12 de mayo, también resultarían beneficiados los pequeños competidores radiados de Cambiemos, que ya no encontrarían en la alianza una masa capital de votos que opere como centro de gravedad aglutinando sufragios opositores al peronismo. Cuéntese entre ellos, por ejemplo, a los experimentos electorales encabezados por el binomio Alberto “Beto” Beltrán-Abelardo Losano, o por el espacio que supuestamente lideraría Laura Sesma, “Convocar”, para competir por el Palacio 6 de Julio.