Infierno en la casa funeraria

La bella Casona -hoy Municipal- de Av. Gral Paz y La Rioja, estuvo a riesgo de incendiarse debido al fuego que consumió parte de una cochería cuyo terreno la rodeaba, en julio de 1899.

Por Víctor Ramés
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A mediados del último año del siglo XIX, existía en la cuadra actual del 300 de avenida General Paz -contigua a la casona de esquina (Gral. Paz y Rioja) de Ismael Galíndez- una fábrica de carruajes, cochería y empresa de pompas fúnebres cuyo propietario era el comerciante belga Carlos Bracke. El establecimiento, que llevabaentonces el N° 95-97, prácticamente rodeaba al chalet de Galíndez ya que tenía una salida por calle La Rioja. Ese comercio fue un antecedente de la actual firma Despontin, la funeraria cuyos propietarios también son de origen belga y que todavía ocupa parcialmente el antiguo terreno. El lunes 10 de julio de 1899, un gran incendio destruyó buena parte del establecimiento de la cochería Bracke, poniendo incluso a riesgo la integridad del chalet de Galíndez. El siniestro, según opinión difundida entonces por el dueño de la cochería, Carlos Bracke, habría comenzado con la intervención intencional de alguna persona, aunque éste no señaló a ningún sospechoso, y debió permanecer preso e incomunicado hasta tanto la justicia determinase con claridad los hechos. La honra de Bracke salió ilesa, incluso años más tarde fue vicecónsul de Bélgica en Córdoba.  Entretanto, las pérdidas fueron cuantiosas y en la crónica de la que aquí se comparten párrafos, publicada por el diario Los Principios el 11 de julio de 1899, se señala incluso la destrucción del coche fúnebre de gala que había sido comprado por la provincia.

Los Principios daba comienzo ubicando el lugar del siniestro:

“La cochería y fábrica de carruajes situada en la calle General Paz 97 de propiedad del señor Carlos Bracke ha sido devorada por las llamas en la madrugada de ayer.”

El centro del incendio fue un extenso galpón de dos pisos al fondo de la cochería. La reacción frente al siniestro tuvo dos partes, por un lado, el aviso que dio un agente de policía:

“Serían las 2 de la mañana cuando el agente de la sección 1° Claudio León, de facción en la calle General Paz y Puente Juárez Celman dio el toque de incendio, pues había visto que de los fondos de la cochería del señor Bracke salía una densa columna de humo.

Inmediatamente concurrieron el comisario de la 1° señor R. Moor, comisario Córdoba de servicio de calle, y los inspectores Pizarro, Sosa, Marchand y agentes de servicio del departamento y de las comisarías 1°, 2° y 3°.”

Por su parte, el primero en ser alertado por el fuego desde adentro de la cochería, fue un empleado que habitaba en un galpón próximo:

“Manuel Arias, que fue el primero en notar el fuego, vive en un cuarto ubicado en un galpón que tiene comunicación en el terreno donde está la cochería y cuya salida es por la calle Rioja.

Dice Arias que él despertó por el ruido de los caballos que disparaban a la proximidad seguramente del fuego, y notó que ardía la cochería. Entonces corrió por la calle Rioja y golpeó fuertemente el portón de la cochería, encontrándose con Martínez.”

En efecto, en la instalación de la cochería dormían, sin estar enterados del incendio, dos personas:

“El propietario señor Bracke que dormía profundamente; así como un peón de la casa Francisco Martínez (quienes) fueron despertados por los repetidos golpes a la puerta.Bracke dio aviso por teléfono de lo que sucedía a la policía, concurriendo pocos momentos después el cuerpo de bomberos, mandado por su capitán el señor Rodríguez.”

Los bomberos debieron cumplir su difícil tarea en condiciones muy precarias, y al no poder controlar el fuego en el galpón, se concentraron en evitar que el incendio se propagase a la bella casona que todavía señorea la esquina mencionada, entonces perteneciente al notario Ismael Galíndez. Dice la crónica:

“Tanto la Policía y los bomberos secundados por algunos particulares trabajaron activamente para dominar el fuego que amenazaba asumir grandes proporciones, con grave peligro del hermoso Chalet del señor Ismael Galíndez contiguo a la cochería incendiada.

Como no era posible apagar el fuego que ardía intensamente en el galpón, la acción del cuerpo de bomberos se limitó desde los primeros momentos a aislar el terrible elemento para evitar se propagara hasta la casa del señor Galíndez.

Ha valido que en el momento del siniestro no soplaba viento, pues de lo contrario hubiera sido difícil medir las grandes proyecciones que hubiera alcanzado el incendio.”

Un acercamiento a las condiciones para luchar contra las llamas daba la dimensión de las limitaciones que existían para responder a ese tipo de tragedias:

“El incendio se concluyó recién a las 5 de la mañana de ayer, cuando no había ya en el galpón nada que arder. Los bomberos como la policía han tenido que luchar con la falta absoluta de agua, teniéndola que acarrear en baldes, pes en ese punto no existen bocas de incendio.”

La nota de Los Principios también recoge datos sobre los elementos que se perdieron en el fuego, y algunos de los bienes que pudieron ser salvados:

“En el galpón incendiado se guardaba alfalfa seca, maderas de pino, una fábrica de talabartería y carpintería, todo lo que ha sido consumido por el fuego. (…) Las pérdidas se calculan en 35.000 pesos, estando asegurada la cochería en 60.000 pesos en la compañía La Royal.

El galpón de dos pisos ha quedado completamente destruido; se han quemado catorce coches entre los cuales se cuenta el coche de gala que costó buenos cientos de pesos a la provincia.

A más han sido reducidos a cenizas 20 cajones fúnebres.

Se logro salvar del fuego 12 carruajes y 51 caballos que se sacaron de las pesebreras y los que han sido depositados en lo del señor Dermidio Córdoba, y también una pieza que sirve de depósito para coronas y un carro fúnebre.”

Como colofón, decía el diario respecto a lo que quedaba por investigar, que “el origen del fuego ha sido intencional, según lo declara el propietario señor Bracke, aunque ignora quien pueda ser el autor o autores del hecho”. E informaba que “Tanto el señor Bracke como el peón Martínez, fueron reducidos a prisión e incomunicados, debiendo pasar los antecedentes al señor Juez de 1ª Instancia en los Civil, doctor Z. Ortiz Molina.”